DALLAS.— Hay futbolistas que juegan contra un rival. Y hay otros que juegan contra el calendario. Lionel Messi pertenece a la segunda categoría. En Arlington, Texas, a dos días de cumplir 39 años, el capitán argentino volvió a hacer algo que parecía reservado para los archivos. Marcó dos goles ante Austria, llevó a Argentina a los dieciseisavos de final y se convirtió en el máximo goleador histórico de los Mundiales con 18 anotaciones, dos más que el alemán Miroslav Klose.
No fue una noche perfecta. Y acaso por eso tuvo más valor. A los ocho minutos, Messi falló un penal. La pelota salió desviada. El estadio quedó en silencio durante un segundo. Después llegaron los aplausos. La gente entendió algo que el fútbol suele olvidar: los grandes también tropiezan.
La escena tuvo algo de película repetida. Durante años, Argentina observó a Messi cargar con reproches que otros ídolos nunca soportaron. Se le exigió ganar, liderar, emocionar y hasta parecer invencible. Sin embargo, el tiempo terminó acomodando las cosas. Hoy ya no juega para convencer a nadie. Juega para seguir escribiendo capítulos. Austria lo entendió demasiado tarde.
RÉCORD MUNDIAL
Messi superó a Klose y escribió otra página histórica mundialista.
| Concepto | Cifra |
|---|---|
| Goles en Mundiales | 18 |
| Récord anterior | 16 |
| Dueño anterior | Miroslav Klose |
| Copas disputadas | 6 |
| Edad actual | 39 años |
El récord permanecía intacto desde Brasil 2014.
Fuente: FIFA / Elaboración propia
Del error al récord
El equipo europeo planteó un partido físico. Presionó alto. Buscó incomodar. Durante varios minutos pareció lograrlo. Argentina circulaba la pelota sin profundidad y Austria encontraba espacios para discutir la posesión.
Pero Messi tiene una relación especial con el gol. No necesita dominar un partido entero. Le basta un instante.
Al minuto 37, Cristian Romero envió un pase rasante desde la izquierda. Thiago Almada dejó correr el balón. Messi apareció en el borde del área y definió junto al poste derecho. Fue un disparo seco, preciso, casi inevitable. La celebración tuvo algo más que alegría. Fue alivio. Fue reivindicación. Fue historia.
Porque ese gol no significó solamente el 1-0. También representó el tanto número 17 de Messi en Mundiales. En ese instante dejó atrás una marca que parecía eterna.

El peso de una fecha argentina
Los países también construyen sus memorias alrededor de ciertos días. Para Argentina, el 22 de junio ocupa un lugar especial.
Hace cuarenta años, en el Mundial de México 1986, Diego Maradona marcó contra Inglaterra el gol de la llamada Mano de Dios y luego convirtió el considerado mejor gol de la historia de las Copas del Mundo. Cuatro décadas después, otro argentino volvió a dejar una huella en la misma fecha.
Las comparaciones entre Maradona y Messi han consumido años enteros de debates. Una parte del país eligió a Diego. Otra parte eligió a Leo. El tiempo, sin embargo, parece haber encontrado una salida más simple: ambos pertenecen al mismo relato.
Maradona representó la rebeldía de una Argentina herida. Messi simboliza la persistencia de un futbolista que soportó críticas, derrotas y frustraciones hasta conquistar todo.
NOCHE ARGENTINA
Un penal fallado terminó convertido en doblete y clasificación.
| Momento | Acción |
|---|---|
| Minuto 8 | Penal fallado |
| Minuto 37 | Gol para el 1-0 |
| Minuto 94 | Gol para el 2-0 |
| Resultado final | Argentina 2-0 Austria |
| Consecuencia | Clasificación |
Argentina aseguró su pase con una fecha por disputar.
Fuente: Elaboración propia
El capitán que cambió el clima
El penal errado había despertado viejos fantasmas. No sólo por el resultado. También porque los días previos fueron complejos para Messi. Debió desmentir rumores falsos sobre la muerte de su padre, Jorge Messi, quien enfrenta problemas de salud.
Por eso el primer gol pareció modificar algo más que el marcador. Su lenguaje corporal cambió. Volvió la sonrisa. Volvió el liderazgo silencioso. Volvió la sensación de que Argentina controlaba el partido.
Austria insistió durante el segundo tiempo. Movió piezas. Adelantó líneas. Buscó el empate con valentía. Pero se encontró con una selección madura, equilibrada y acostumbrada a gestionar momentos difíciles.
Cuando los récords ya no alcanzan
Los grandes deportistas suelen perseguir marcas. Messi ya parece convivir con ellas. Ante Austria alcanzó también otro registro histórico: 18 victorias mundialistas, una cifra nunca antes lograda por ningún futbolista. Sin embargo, el dato más llamativo no aparece en las estadísticas.
Lo sorprendente es observar la naturalidad con la que sigue compitiendo. Mientras muchos jugadores de su generación ya observan los torneos desde la televisión, Messi continúa siendo decisivo. Corre menos que hace diez años. Pero piensa más rápido que casi todos. Y eso también marca diferencias.
Al minuto 94, cuando Austria empujaba con desesperación, apareció nuevamente. Un contragolpe, una serie de rebotes y un zurdazo para el 2-0 definitivo. El estadio celebró el gol. El Mundial celebró otra noche de Messi.
Argentina mira más allá
El triunfo clasificó a Argentina a la siguiente fase y confirmó algo que Lionel Scaloni repite desde hace tiempo: este equipo aprendió a competir sin depender exclusivamente de su estrella.
Messi sigue siendo el centro emocional del proyecto. Pero alrededor suyo hay una estructura sólida. Romero, Almada, Lautaro Martínez, Enzo Fernández, Alexis Mac Allister y Emiliano Martínez forman parte de una generación que ya sabe ganar. Por eso Argentina vuelve a aparecer entre los candidatos. No porque tenga al máximo goleador histórico de los Mundiales.
Sino porque ese goleador juega dentro de un equipo que entiende perfectamente quién es, qué busca y cómo quiere llegar al final del camino. Y porque, a los 39 años, Messi sigue demostrando que algunas historias todavía se resisten a terminar.
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