En la ribera del Grijalva, donde el acceso es por lancha y no por carretera, el agua ya no es garantía. Es incertidumbre. Por eso, cuando la maquinaria llegó flotando sobre el río, no fue un acto menor. Fue, en palabras de los propios habitantes, la primera vez que el gobierno realmente entró.
La presidenta municipal de Centro, Yolanda Osuna Huerta, puso en marcha el programa de Mantenimiento y Construcción de Jagüeyes, con una intervención inicial de 79 cuerpos de captación en la zona de Aztlán. El objetivo es claro: enfrentar una sequía que ya no es eventual, sino estructural.
“Hoy el agua ya no llega igual, hay temporadas de sequía más duras y cada vez la necesitamos más”, advirtió la alcaldesa. No es un diagnóstico político; es una constatación que el campo ya venía sintiendo desde hace años.
En este sentido, el dato operativo cambia la lectura: la maquinaria no llegó por tierra, sino trasladada por el río Grijalva con apoyo de Pemex. Esto, que parece logístico, en realidad revela el fondo del problema: hay zonas donde el Estado simplemente no había logrado entrar.
Sumario: Intervención directa busca garantizar agua en comunidades con acceso limitado histórico.
Datos:
Concepto | Cifra
Jagüeyes nuevos | 79
Comunidades beneficiadas | 18
Inversión estimada | 1.5 millones pesos
Zona de intervención | Aztlán y alrededores
Nota: La estrategia prioriza zonas donde el acceso físico limitaba la acción pública.
Operación en campo
El programa no arranca de cero. Se suma a los más de 500 jagüeyes construidos previamente en el municipio, lo que configura una política sostenida, pero también evidencia una deuda territorial: había regiones completas fuera del radar operativo.
“Se trata de un hecho sin precedentes que permite atender, por primera vez, a una zona donde la complejidad geográfica había impedido llevar este tipo de acciones”, sostuvo Osuna. La frase no es menor: admite que el problema no era solo falta de agua, sino de capacidad institucional para llegar.
Además, el impacto no es solo hídrico. Es económico. En Centro existen 9 mil 338 unidades de producción que abarcan más de 94 mil hectáreas. En ese universo, el agua define si hay cosecha… o pérdida.
Sumario: Producción rural depende del acceso al agua en miles de hectáreas.
Datos:
Indicador | Cantidad
Unidades de producción | 9,338
Superficie agrícola | 94,000 hectáreas
Jagüeyes acumulados | 500+
Nota: La infraestructura hídrica condiciona la estabilidad alimentaria y económica local.




Dimensión productiva
“Estamos invirtiendo para que no falte alimento en nuestras mesas”, dijo la alcaldesa. La frase conecta el campo con la ciudad. Porque lo que ocurre en Aztlán no se queda en Aztlán: impacta en precios, abasto y estabilidad regional.
Sin embargo, el movimiento tiene otra lectura. No es solo infraestructura. Es política territorial. En regiones donde el Estado llegaba tarde o no llegaba, cada intervención redefine relaciones de poder y expectativas ciudadanas.
Por ello, cuando Osuna afirma que “nadie se queda atrás y nadie se queda afuera”, no solo cita un principio. Está midiendo una frontera: la que separa el discurso de la capacidad real de ejecución.
Además, el contexto aprieta. El cambio climático no es una narrativa abstracta en Tabasco. Es sequía más larga, lluvias más intensas y ciclos cada vez menos previsibles. En ese escenario, los jagüeyes dejan de ser obra menor y se convierten en infraestructura estratégica.
Las beneficiarias lo resumieron sin tecnicismos. “Cumplió su palabra”, dijeron. Pero detrás de esa frase hay algo más profundo: el gobierno logró entrar donde antes no podía.
Y en política local, eso no es solo gestión. Es territorio recuperado.
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