Villahermosa amaneció el 15 de septiembre con peluca tricolor, se acostó con pirotecnia y despertó el 16 marchando. En apenas 36 horas, la capital tabasqueña concentró los cuatro actos que México repite cada año desde hace más de un siglo: la ceremonia cívica, el Grito, el desfile y la fiesta de calle. Ninguno se entiende sin los otros tres.
No obstante lo espontáneo que luce cada 15 de septiembre, la secuencia que vivió Tabasco es guion heredado. Porfirio Díaz oficializó en 1896 el traslado de la campana de Dolores al Palacio Nacional y con ello fijó que el país festejara la noche anterior al aniversario real del alzamiento de Miguel Hidalgo, ocurrido de madrugada el 16 de septiembre de 1810. Desde entonces, cada gobernador replica en su entidad —con balcón, campana y arengas propias— el mismo libreto que el presidente ejecuta en el Zócalo.
En este sentido, lo que el gobernador Javier May Rodríguez hizo en Plaza de Armas no fue una ocurrencia local, sino la versión tabasqueña de una tradición que cumple más de un siglo sin cambiar su estructura, aunque sí su contenido.
Las 27 Arengas
El discurso de May amplió su catálogo de vivas hacia nuevos grupos sociales
| Total de arengas | 27 |
| Años consecutivos dando el Grito | 2 |
| Grupos nuevos mencionados | Afromexicanos, migrantes |
| Heroínas nombradas | Ortiz, Vicario, Bocanegra, Medina |
| Tradición oficializada | 1896 (Porfirio Díaz) |
La ampliación de grupos mencionados suele anticipar los ejes de la agenda social del año siguiente.
La ceremonia que antecedió al Grito
Horas antes de las campanadas, en el parque Hidalgo se realizó la ceremonia cívica conmemorativa, donde la secretaria de Ordenamiento Territorial, Victoria Arévalo Zenteno, adelantó ya el tono del discurso oficial: “La libertad se fortalece mediante la ampliación de derechos y la creación de condiciones para que todas y todos puedan vivir con dignidad”.
Además, vinculó explícitamente la agenda estatal con el proyecto de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo: “Lo hacemos también de la mano del proyecto nacional (…) con la convicción de que la transformación debe continuar”.
Por ello, cuando May Rodríguez salió esa misma noche al balcón de Palacio de Gobierno, el terreno discursivo ya estaba sembrado. Ambos actos —la ceremonia de la mañana y el Grito de la noche— funcionaron como una sola pieza de comunicación política, no como eventos aislados.
Las 27 arengas y su lectura de poder
Con el lábaro patrio en mano, el gobernador repicó la campana histórica y lanzó 27 arengas, entre ellas una dedicada explícitamente a los pueblos afromexicanos y a las mujeres migrantes, un énfasis que no había tenido en ediciones previas. “Vivan las heroínas y los héroes que nos dieron patria”, proclamó, mencionando a Josefa Ortiz, Leona Vicario, Gertrudis Bocanegra y Manuela Medina.
Doña Beatriz Jiménez López, vecina de Centro, lo notó: “Este 2026 de fiestas patrias fue muy patriótico y maravilloso, el Gobernador mencionó en sus vivas a los pueblos afromexicanos y también a los migrantes”. Sin embargo, la ampliación del catálogo de vivas no es solo gesto simbólico: en un segundo año de gestión, cada grupo mencionado es también un electorado que el gobierno necesita mantener cerca.



El desfile: legitimidad en formación militar
A la mañana siguiente, el Malecón Carlos A. Madrazo Becerra recibió el Desfile Escolar Cívico Militar. El comandante Fernando García Sánchez detalló que marcharon 3 mil 210 elementos entre fuerzas armadas, estudiantes de todos los niveles y la Asociación de Charros de Tabasco, además de 76 vehículos y 74 banderas.
El Desfile en Números
Toca cada barra para ver el dato completo
El volumen de fuerzas exhibidas confirma el peso simbólico que el Ejecutivo estatal otorga a la coordinación castrense.
Por ello, el desfile cumple una función que el Grito no cubre: reunir físicamente, en el mismo templete, al Ejército, la Marina, la Guardia Nacional y los tres poderes del Estado. Es la puesta en escena de una cohesión institucional que el discurso por sí solo no puede demostrar.
La calle no pidió permiso
Mientras el protocolo avanzaba en los templetes, la Plaza de Armas y sus escalinatas se llenaron de una fiesta que no necesitó guion oficial. Don Antonio Ramírez, esperando a su familia entre esquites, resumió el sentir de fondo: “Celebramos la Independencia de México, muchas libertades y no estar bajo el yugo de otro país, de poder expresarnos”. Doña María Isabel Villareal, que mandó a confeccionar un vestido tricolor para la ocasión, fue más allá: “A mí lo que más me gusta de estas fechas es la gente, que es muy humana”. Su esposo, don Martín de la Cruz, cerró la idea: “En ningún otro lado vamos a ser así, como somos, más que aquí”.
Esa distancia entre el discurso institucional y la fiesta popular —unos hablando de soberanía y bienestar, otros de esquites y algodones de azúcar— es, año con año, la verdadera radiografía del 15 de septiembre en Tabasco.
El cielo se iluminó con el show pirotécnico y la noche cerró con el concierto de Banda Machos, que se extendió hasta la madrugada del 16. Al final, Tabasco cumplió con las cuatro capas del ritual patrio: discurso, memoria, formación militar y fiesta.
La pregunta que queda para los próximos meses es si las 27 arengas de May —especialmente las dirigidas a migrantes y afromexicanos— se traducen en política pública o se quedan, como cada año, en el balcón.
¡Mantente informado en WhatsApp!
Recibe las noticias más importantes de Tabasco y México directamente en tu celular.









