Esta tarde me vi obligado a visitar una farmacia y un pequeño supermercado. En ambos negocios las filas eran largas y las cajeras apenas se daban abasto para cobrar medicinas y alimentos.
▌Al salir pasé por la iglesia del Espíritu Santo, donde comenzaba la misa de siete. Afuera, los feligreses habían convertido las banquetas en estacionamiento improvisado de autos y camionetas de último modelo. En las taquerías y torterías de enfrente, grupos de comensales esperaban turno, atrapados por los olores.
▌Sin embargo, los números dicen otra cosa. Banxico reportó una caída en las remesas; el Inegi ubicó a Tabasco entre los estados con mayor retroceso económico; y los registros del IMSS hablan de pérdida de empleo tras el cierre del ciclo de grandes obras.
▌Mientras pensaba en esas cifras, dos señores mayores descargaban su carrito del súper con una calma que hacía avanzar la fila a paso de tortuga. Lo hacían con una sonrisa. Alguien comentó detrás de mí: «es que ya les pagaron lo del Bienestar».
▌No soy economista. Tal vez los números tengan razón. Pero si con la economía «en rojo» la ciudad está llena de filas, autos y mesas ocupadas, cuesta imaginar la locura que será Tabasco el día que todas esas cifras se pongan en verde.
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