WASHINGTON.— La primera semana de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán está produciendo una señal política inesperada. Los bombardeos iniciados el 28 de febrero han destruido infraestructura militar iraní, pero no han logrado quebrar la capacidad de respuesta de Teherán. La advertencia de Donald Trump de que Irán “recibirá hoy un golpe muy fuerte” refleja ese momento.
El mensaje publicado por Trump en Truth Social contiene una frase reveladora: Estados Unidos considera atacar “zonas y grupos de personas que no habían sido considerados objetivos”. En lenguaje estratégico, esa formulación sugiere que Washington evalúa ampliar la lista de blancos en territorio iraní tras varios días de operaciones militares.

Durante la primera fase de la ofensiva, los ataques se concentraron en infraestructura militar: lanzadores de misiles balísticos, depósitos de drones y centros logísticos del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica. Las Fuerzas de Defensa de Israel reportaron haber golpeado más de 400 objetivos en ciudades como Teherán, Shiraz, Isfahán y Kermanshah.
Sin embargo, Irán continúa respondiendo con misiles y drones, alcanzando posiciones israelíes y bases militares estadounidenses en la región. El Cuerpo de Guardianes de la Revolución anunció además la vigesimatercera ola de la operación “Promesa Verdadera 4”, afirmando que sus fuerzas están preparadas para sostener una guerra prolongada.
GUERRA DÍA POR DÍA
Cronología visual de las principales acciones militares y políticas de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, del 28 de febrero al 7 de marzo de 2026.
La frase que revela el problema
Las guerras suelen mostrar sus dificultades en el lenguaje de los líderes antes que en los comunicados militares. Cuando Donald Trump afirma que está considerando atacar objetivos que antes no estaban en la lista, está reconociendo indirectamente que la campaña inicial no ha logrado el efecto político buscado.
La estrategia original parecía orientada a degradar la capacidad ofensiva de Irán mediante ataques contra infraestructura militar estratégica. Pero después de una semana de bombardeos, Teherán sigue lanzando misiles, mantiene su estructura militar operativa y conserva capacidad para golpear posiciones israelíes y estadounidenses.
El propio Trump intentó presentar la situación como una señal de debilitamiento iraní. En su publicación afirmó que Irán se ha disculpado con sus vecinos del Golfo y prometió que ya no les disparará. La frase intenta proyectar una imagen de retroceso iraní, aunque los ataques de represalia continúan.
El presidente iraní Masud Pezeshkian confirmó que Teherán no busca atacar a los países del Golfo, salvo que desde esos territorios se lancen operaciones militares contra Irán. Esa postura intenta evitar que la guerra se convierta en una coalición regional más amplia contra la república islámica.
El conflicto se expande en la región
Mientras Estados Unidos e Israel continúan sus bombardeos sobre territorio iraní, el conflicto ya ha comenzado a extenderse a otros escenarios regionales. En Líbano, el movimiento Hezbollah reivindicó ataques contra el puerto israelí de Haifa, uno de los principales centros industriales del país.
Israel respondió con bombardeos contra suburbios del sur de Beirut, provocando más de 200 muertos y el desplazamiento de cientos de miles de personas, según cifras del ministerio de Salud libanés y reportes de organizaciones humanitarias internacionales.
En paralelo, Irán lanzó drones contra posiciones militares estadounidenses en Irak y contra instalaciones vinculadas a Israel en la región. El Comando Central de Estados Unidos ha solicitado al Pentágono reforzar sus equipos de inteligencia para sostener operaciones durante al menos cien días.
Ese dato indica que la campaña militar podría extenderse mucho más allá de las primeras semanas de bombardeos.

La dimensión militar y económica
La administración estadounidense aprobó además una venta de emergencia de armamento a Israel por 151.8 millones de dólares. El paquete incluye 12 mil carcasas de bombas y apoyo técnico militar. El secretario de Estado Marco Rubio utilizó una dispensa especial que evita la aprobación formal del Congreso.
Cuando Washington recurre a autorizaciones de emergencia para transferencias militares, suele significar que el conflicto está consumiendo armamento a gran velocidad. Según Donald Trump, las principales empresas de defensa estadounidenses ya acordaron cuadruplicar la producción de armas avanzadas.
La guerra también revela una fuerte asimetría económica en el terreno militar. Analistas citados en Washington estiman que Irán puede producir hasta 100 misiles balísticos por mes, mientras la fabricación de interceptores Patriot estadounidenses ronda apenas seis o siete unidades mensuales.
Cada misil iraní puede costar entre 20 mil y 50 mil dólares, mientras cada interceptor Patriot puede superar los tres millones de dólares. Esa diferencia convierte el intercambio de misiles en una guerra económicamente desigual.
Una guerra que no termina rápido
Después de una semana de ataques intensivos, la estructura política y militar de Irán sigue intacta. Las instalaciones estratégicas han sido golpeadas, pero el Estado iraní no ha colapsado ni ha mostrado señales de rendición.
Ese contexto ayuda a entender el tono del mensaje de Donald Trump. Cuando un líder anuncia que está considerando ampliar los objetivos de ataque, suele estar señalando que la estrategia inicial no ha producido el resultado esperado.
La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán entra así en una etapa más incierta. La cuestión ya no es sólo cuánto daño pueden causar los bombardeos.
La verdadera incógnita es si ese daño puede traducirse en un resultado político claro, algo que en los conflictos de Medio Oriente rara vez ocurre con rapidez.
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