Héctor I. Tapia
Un niño nacido cuando comenzó a construirse el Hospital General de Cárdenas ya alcanzó la mayoría de edad. Durante esos mismos 18 años, miles de pacientes de la Chontalpa siguieron viajando a Villahermosa para encontrar especialistas, realizarse estudios o recibir atención hospitalaria. El edificio permaneció allí, como recordatorio de una promesa que sobrevivió a cuatro administraciones sin cumplirse.
El gobernador Javier May Rodríguez anunció este 9 de octubre que el hospital será inaugurado a finales de mes. Previamente había señalado el 31 de octubre como fecha para la ceremonia, que, según sus declaraciones, encabezará la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. La construcción civil está concluida y continúa la instalación de equipos médicos, algunos importados.
“Ya cumplimos dos años en el gobierno. Dos años de que el pueblo nos dio la oportunidad, nos dio la confianza para dirigir los destinos de nuestro estado. Y hemos avanzado, todavía falta, vamos a un ritmo que estamos transformando la realidad. Estamos atendiendo a todas y a todos. Hemos alcanzado derechos que antes no teníamos”, expresó durante una gira por Cárdenas.
El mandatario agregó: “Avanzando en el tema de salud, les informo a ustedes que a finales de este mes ya va a estar el Hospital de Tercer Nivel de Cárdenas”.
La noticia importa por lo que ocurrirá a partir de noviembre, pero también por lo que ocurrió desde 2008. El hospital no es simplemente una construcción retrasada: su historia permite observar cómo una necesidad pública puede quedar atrapada entre cambios de gobierno, decisiones presupuestales, disputas contractuales y prioridades administrativas, mientras la población continúa pagando las consecuencias.

Del proyecto de Granier al abandono
La construcción comenzó durante la administración de Andrés Granier Melo, cuando Cárdenas necesitaba ampliar su infraestructura hospitalaria para atender a una región cuya demanda superaba los servicios existentes. El proyecto pretendía acercar consultas especializadas, cirugías y estudios diagnósticos a habitantes de Cárdenas y municipios vecinos.
La inversión anunciada entonces superaba los 500 millones de pesos. Una investigación publicada por La Jornada en marzo de 2020 documentó que la primera etapa alcanzó alrededor del 80% de avance físico hacia 2011. Sin embargo, la construcción nunca se tradujo en un hospital funcionando.
Hay una diferencia relevante entre aquel anuncio y la contabilidad del proyecto. Un análisis oficial de la Secretaría de Salud estableció que entre 2008 y 2012 se habían ejercido 330 millones 260 mil pesos, clasificados como costos hundidos. Ambas cifras corresponden a conceptos y registros diferentes; no deben confundirse como si representaran el mismo gasto comprobado.

El presupuesto, además, dependía de asignaciones sucesivas. Cuando dejaron de fluir los recursos, la continuidad de la obra se rompió. En 2012 quedó suspendida.
Con Arturo Núñez Jiménez, a partir de 2013, hubo ofrecimientos de reactivación, pero la estructura permaneció sin concluir. Las dificultades financieras y la ausencia de una solución administrativa permitieron que la obra se deteriorara. El tiempo comenzó a destruir parte de lo que ya se había pagado.
El abandono tuvo consecuencias materiales. Se reportaron robos de cableado, tuberías y componentes de las instalaciones. La exposición prolongada al clima también hizo necesario revisar las condiciones del inmueble antes de retomar los trabajos. El gasto inicial dejaba de garantizar siquiera la conservación de lo construido.
Aquí aparece una de las contradicciones más costosas de la infraestructura pública: no terminar una obra también cuesta dinero. Los recursos invertidos pierden utilidad, las instalaciones envejecen sin prestar servicio y, cuando finalmente se decide recuperarlas, hay que gastar nuevamente para corregir el deterioro.
DIECIOCHO AÑOS EN ESPERA
De la primera piedra a la nueva fecha de inauguración: cinco gobiernos atravesados por un mismo proyecto.
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Una inversión que quedó inconclusa
Durante el gobierno de Andrés Granier comenzó el proyecto hospitalario. Se anunciaron más de 500 millones de pesos, pero la construcción quedó suspendida sin prestar servicios.
Línea de tiempo de 2008 a 2026: inicio, suspensión, abandono, anuncios de rescate, reconstrucción y nueva fecha de apertura. Distinguir los gobiernos involucrados y las etapas efectivamente ejecutadas.
Las promesas también cambiaron de gobierno
La llegada de Morena al gobierno estatal tampoco produjo una solución inmediata. En julio de 2020, Adán Augusto López Hernández anunció que el proyecto había sido presentado a la Federación, con una inversión prevista cercana a mil millones de pesos.
Entonces sostuvo: “Hoy precisamente se llevó el proyecto a la Ciudad de México del Hospital de Cárdenas, que como ustedes saben no le construyeron ni la mitad, lo abandonaron, fue saqueado, pero ya hay un proyecto para iniciar este año la construcción y terminarlo el próximo año”.
La promesa tenía una fecha: 2021. El hospital tampoco abrió entonces.
Durante la administración de Carlos Manuel Merino Campos, el proyecto entró en una fase de recuperación más concreta. En julio de 2024, el gobierno estatal informó que se reconstruía con una inversión superior a mil 700 millones de pesos. El propio Merino supervisó trabajos junto a funcionarios federales de Salud e IMSS-Bienestar.
Por tanto, atribuir toda la recuperación a un solo gobierno sería tan impreciso como repartir indistintamente las responsabilidades del abandono. La reactivación comenzó antes de la administración actual; la conclusión física y la preparación para operar se desarrollaron posteriormente.
El cambio de gobierno, sin embargo, no explica por sí mismo una espera semejante. El problema fue la incapacidad de garantizar continuidad institucional a una inversión sanitaria. Cada administración heredó una obra pendiente, pero también tuvo la responsabilidad de decidir qué hacer con ella. Durante años, esa decisión no produjo el resultado esencial: abrir el hospital.
Lo que costó dejarlo inconcluso
El costo del hospital merece una lectura más cuidadosa que la simple acumulación de cifras. Los más de 500 millones de pesos anunciados originalmente, los 330.26 millones registrados como inversión ejercida hasta 2012 y los más de mil 700 millones mencionados durante la reconstrucción de 2024 no corresponden necesariamente a partidas equivalentes.
En junio de 2025, el gobierno estatal informó de una inversión superior a 567 millones de pesos para trabajos ejecutados por ingenieros militares. Dos meses después, en agosto de 2026, la Secretaría de Salud detalló que el equipamiento contemplaba otros 701.6 millones de pesos.
Por su parte, un reporte de IMSS-Bienestar difundido en septiembre situó la inversión del nuevo hospital en mil 151 millones de pesos. Las diferencias reflejan distintas etapas, alcances y formas de presentar el presupuesto. Sin una conciliación contable, no sería correcto sumar todas las cantidades para establecer un costo histórico definitivo.
Pero los números plantean una cuestión que trasciende la contabilidad: ¿cuánto habría costado terminar el hospital en el plazo originalmente previsto y cuánto terminó encareciéndose su recuperación?
La respuesta requiere reconstruir contratos, pagos, rescisión de compromisos, modificaciones presupuestales y gastos de rehabilitación. También distinguir qué parte del dinero se destinó a obra nueva, qué parte a rescatar instalaciones existentes y cuánto correspondió a equipamiento.
No toda obra suspendida implica corrupción comprobada. Tampoco todo incremento presupuestal constituye un desvío. Lo que sí permite observar este caso es cómo la interrupción de un proyecto público puede convertir una inversión inicial en una obligación financiera mucho mayor.
LA FACTURA DEL RETRASO
Las cifras de 18 años revelan distintas etapas de una obra que no consiguió entrar en operación.
Referencia presupuestal difundida durante la reactivación del proyecto. No equivale al gasto histórico total comprobado.
Las cantidades representan presupuestos, gastos y etapas diferentes, algunas potencialmente superpuestas. Las barras comparan magnitudes nominales, sin ajuste por inflación. Se requiere una conciliación contable para conocer el costo histórico definitivo.
Infografía comparativa con las cifras anunciadas entre 2008 y 2026. Identificar año, monto, concepto y autoridad informante. Advertir que no son cantidades acumulables automáticamente y distinguir inversión ejercida de presupuesto anunciado.




La salud pagó la espera
El problema sanitario es considerablemente más profundo que la imagen de un inmueble inconcluso. Durante casi dos décadas, la población de la Chontalpa dependió de una red hospitalaria que no recibió oportunamente la ampliación originalmente proyectada.
Cada paciente referido a Villahermosa representa una necesidad médica que no pudo resolverse cerca de su comunidad. A ello se suman los costos familiares del traslado, la alimentación, las ausencias laborales y, en algunos casos, el acompañamiento de enfermos durante varios días.
El nuevo hospital pretende cambiar esa situación. Sustituirá una unidad que data de 1965, construida para una población y una demanda asistencial muy distintas de las actuales.
De acuerdo con la información de IMSS-Bienestar difundida en septiembre, el nuevo establecimiento tendrá 93 camas censables, 78 no censables, 18 consultorios y tres quirófanos generales, además de una sala de tococirugía.
Incorporará servicios de cardiología, nefrología, neurología, pediatría y traumatología, así como tomografía, mastografía, ultrasonido y cuidados intensivos. La ampliación pretende responder a las necesidades médicas de Cárdenas y municipios vecinos.
May explicó el alcance de esa transformación: “Ya con equipo y tecnología de última generación, ya no van a tener que ir hasta Villahermosa por una tomografía, por un especialista, porque aquí lo van a tener en Cárdenas. Aquí va a estar este hospital, ya estamos a punto, ya la obra civil se está equipando”.
Agregó que parte de los equipos procede del extranjero y continúa instalándose para ofrecer una atención acorde con las necesidades de los pacientes.
La expectativa es relevante, aunque requiere una precisión: tener un tomógrafo, un quirófano o una cama hospitalaria no garantiza por sí mismo la prestación continua de un servicio. Se necesitan especialistas, personal de enfermería, insumos, mantenimiento y organización clínica.
Además, no todos los pacientes podrán evitar viajes a Villahermosa. La reducción de traslados dependerá de las especialidades efectivamente disponibles y de la complejidad de cada padecimiento. La nueva unidad puede modificar sustancialmente la atención regional sin sustituir todas las funciones de los hospitales de referencia de la capital.
SALUD MÁS CERCA
La nueva infraestructura ampliaría el acceso a especialidades, estudios diagnósticos y atención hospitalaria en la Chontalpa.
La promesa es reducir traslados a Villahermosa. Su cumplimiento dependerá de especialistas disponibles, medicamentos, mantenimiento y capacidad efectiva de atención.
Infografía con capacidad hospitalaria, consultorios, quirófanos y principales especialidades. Incorporar la transición de la antigua unidad a la nueva y las ventajas previstas para pacientes de la Chontalpa.
Octubre, la nueva fecha del compromiso
La inauguración anunciada para el 31 de octubre tampoco es la primera fecha planteada para entregar el hospital.
En noviembre de 2025, durante una supervisión encabezada por Claudia Sheinbaum y Javier May, el gobierno estatal informó que se invertían más de 617 millones de pesos en su rescate y proyectó la apertura para principios de 2026.
El plazo no se cumplió. En marzo se hablaba de instalaciones prácticamente terminadas, aunque todavía faltaban equipos. En agosto, autoridades de IMSS-Bienestar esperaban concluir el equipamiento y avanzar hacia la operación hospitalaria. La apertura volvió a desplazarse.
Esta vez existe una diferencia material. La Secretaría de la Defensa Nacional entregó la obra civil el 24 de julio de 2026, según informó el secretario estatal de Salud, Alejandro Calderón Alipi. Desde entonces, el proceso se concentra en instalaciones médicas, permisos y preparación operativa.
La construcción, por tanto, dejó de ser el principal obstáculo. El desafío pasó a la puesta en servicio, bajo la responsabilidad de IMSS-Bienestar.
PROMESAS Y PLAZOS
Los anuncios de terminación se sucedieron durante varios años. La nueva fecha plantea otra prueba de cumplimiento.
La promesa de concluir en 2021
Adán Augusto López informó de gestiones federales para rescatar la obra, con la intención de terminarla al año siguiente.
La reconstrucción toma forma
Durante el gobierno de Carlos Merino avanzan trabajos de recuperación de la infraestructura con participación federal.
La apertura se proyecta para principios de 2026
La supervisión presidencial vuelve a colocar un horizonte de inauguración. El plazo posteriormente se desplaza.
Entrega de la obra civil
La Secretaría de la Defensa Nacional concluye la etapa constructiva y continúa el equipamiento bajo IMSS-Bienestar.
La inauguración prevista
Javier May señala el 31 de octubre como fecha de apertura, con participación prevista de Claudia Sheinbaum. La operación efectiva deberá verificarse.
La inauguración cerraría 18 años de construcción y recuperación. El verdadero cumplimiento se medirá por los servicios que puedan utilizar los pacientes.
Y ahí se encuentra el verdadero alcance de la noticia. El gobierno actual puede cerrar una etapa largamente postergada, mientras la Federación asume el reto de sostener la atención cotidiana. Son responsabilidades diferentes, pero inseparables para el paciente.
La historia del hospital también permite distinguir el mérito de concluir una obra de la responsabilidad institucional por su prolongado retraso. La primera puede reconocerse sin que la segunda desaparezca de la memoria pública.
Para Cárdenas, el 31 de octubre representa una fecha largamente esperada. Si se cumple el anuncio, terminará el ciclo de la construcción inconclusa y comenzará otro mucho más importante: demostrar que el nuevo hospital puede ofrecer los servicios que justificaron su creación.
Después de 18 años, el edificio está prácticamente listo. La deuda con los pacientes empezará a saldarse cuando las consultas, los estudios y las cirugías dejen de ser una promesa para convertirse en atención diaria.
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