Héctor I. Tapia
La captura de Jorge Luis de la Cruz León, ‘Koki’, ya es noticia conocida. Lo que importa ahora es lo que deja al descubierto: un hilo que conecta nombres, células y rupturas de una misma estructura criminal: Hernán Bermúdez → La Barredora → Ulises Pinto → Koki → Pueblo Unido. Y apenas unas horas después de su detención, otros seis presuntos colaboradores fueron capturados en Tabasco.
La fotografía completa muestra algo más complejo que una sucesión de operativos exitosos. Las autoridades están cortando cabezas, pero algunas estructuras consiguen producir otras. Cambian los mandos y los nombres; sobreviven territorios, operadores y negocios criminales.
Koki es quizá uno de los mejores ejemplos. Omar García Harfuch lo identificó como antiguo operador de Ulises Pinto Madera, ‘Pinto’ o ‘El Mamado’, uno de los principales mandos de La Barredora, detenido en julio de 2025. Después de aquella captura, Koki encabezó una ruptura y terminó al frente de Pueblo Unido, una célula a la que las autoridades atribuyen incendios de vehículos, ataques contra autoridades, extorsiones, secuestros, tráfico de personas y distribución de drogas, principalmente en Centro y Nacajuca.
Ahí está el verdadero valor de su captura: no sólo cayó un presunto jefe criminal; quedó expuesta otra generación de una estructura que lleva años transformándose para sobrevivir. Y ésa es también la dimensión del desafío: impedir que después de Koki aparezca otro Koki.
LA GENEALOGÍA
La captura de «Koki» permite seguir una cadena de mandos, rupturas y escisiones que conecta a Pueblo Unido con la estructura original de La Barredora.
Pulsa cada nombre para abrir su ficha
Hernán Bermúdez Requena
La cúspide señalada
LA BARREDORA
Estructura criminal original
Ulises Pinto
«Pinto» / «El Mamado» · mando de La Barredora
Jorge Luis de la Cruz León
«Koki» · operador que se convirtió en jefe
PUEBLO UNIDO
La escisión encabezada por Koki
Operadores de Koki
La estructura debajo del jefe
La genealogía
Para entender a Koki hay que regresar a Hernán Bermúdez Requena, secretario de Seguridad Pública durante el gobierno de Adán Augusto López Hernández y señalado por las autoridades como fundador y dirigente de La Barredora. La organización fue vinculada con extorsión, secuestro, tráfico de drogas, robo de combustible y otros negocios criminales.
Debajo de Bermúdez apareció Ulises Pinto, expolicía federal y uno de sus hombres de mayor confianza. Cuando fue detenido en Guadalajara el 23 de julio de 2025, las autoridades lo ubicaban entre los principales líderes de La Barredora y generadores de violencia en Tabasco.
De aquella estructura salió Koki. Según García Harfuch, primero trabajó bajo las órdenes de Pinto y después encabezó una escisión. Pueblo Unido fue una de las consecuencias de esa ruptura. Las autoridades lo relacionan con quema de vehículos, ataques contra corporaciones, extorsión, secuestro, tráfico de personas y distribución de drogas en Centro y Nacajuca. La prensa nacional reporta además una disputa entre ambas estructuras por rutas de drogas, tráfico de migrantes y otros negocios criminales en Tabasco y Chiapas.
Su captura tampoco fue producto de un encuentro fortuito. Información del Centro Nacional de Inteligencia permitió ubicarlo cuando circulaba por la carretera México-Pachuca. Participaron SSPC, Defensa, Marina, Guardia Nacional y autoridades estatales. La Fiscalía tabasqueña confirmó que existía una orden de aprehensión vigente derivada de sus propias investigaciones.

Las cabezas
Koki tampoco es la primera cabeza importante que cae. El golpe contra los mandos y operadores de La Barredora lleva más de un año acumulando nombres.
En agosto de 2025, el propio García Harfuch informó públicamente sobre la captura de varios «objetivos prioritarios» vinculados con La Barredora: Carlos Tomás ‘N’; Francisco Javier ‘N’, ‘El Guasón’; Adrián ‘N’ y el propio Ulises Pinto. En aquellos operativos, once personas relacionadas con la organización habían sido detenidas en Tabasco y Jalisco.
Después cayó el hombre que estaba arriba de todos ellos. Hernán Bermúdez Requena fue detenido en Paraguay en septiembre de 2025 y posteriormente trasladado a México. La captura golpeó la cúspide de la organización, pero tampoco terminó automáticamente con las células que habían crecido debajo de ella. Ahora cayó Koki.
La secuencia permite medir otra cosa: la capacidad del Estado para localizar mandos fuera de Tabasco y sostener la persecución después de cada captura. El problema deja entonces de ser exclusivamente operativo y pasa a ser estructural: cuánto poder pierde realmente una organización cuando cae uno de sus jefes.
LAS CABEZAS
Mandos, operadores y objetivos prioritarios han caído durante la ofensiva contra las estructuras vinculadas a La Barredora. Pulsa cada ficha para conocer qué posición se les atribuía y qué ocurrió después.
MARZO · 2025
«El Guasón»
Francisco Javier Custodio Luna
Objetivo prioritario
ABRIL · 2025
Adrián «N»
Objetivo identificado por autoridades
Objetivo prioritario
2025
Carlos Tomás «N»
Objetivo relevante
Objetivo prioritario
JULIO · 2025
«Pinto» / «El Mamado»
Ulises Pinto Madera
Principal mando de La Barredora
SEPTIEMBRE · 2025
«El Abuelo»
Hernán Bermúdez Requena
Cúspide atribuida de La Barredora
AGOSTO · 2026
«Koki»
Jorge Luis de la Cruz León
Jefe de Pueblo Unido
Eso modifica también la manera de leer la captura anunciada esta semana. Es la prueba de lo que ocurrió después de una captura anterior. La pregunta es cuántas veces puede una estructura criminal perder la cabeza antes de quedarse, finalmente, sin alguien capaz de sustituirla.

Cortar cabezas no basta
La captura de un jefe criminal debilita una organización, pero no necesariamente la extingue. Puede romper la cadena de mando, abrir una disputa por el territorio y convertir a antiguos subordinados en nuevos jefes. La historia reciente de La Barredora muestra precisamente ese fenómeno: mientras las autoridades golpeaban la estructura original, debajo comenzaron a aparecer rupturas, escisiones y células con nombres distintos.
Eso ayuda a explicar una aparente contradicción. Si han caído Hernán Bermúdez, Ulises Pinto, Koki y otros objetivos prioritarios, ¿por qué siguen apareciendo episodios de violencia en Tabasco? Porque una estructura criminal no desaparece con su organigrama. Permanecen operadores, armas, contactos, rutas, territorios, negocios ilícitos y hombres dispuestos a ocupar los espacios que quedan vacantes.
La fragmentación plantea entonces un desafío distinto al de capturar grandes jefes. Una organización concentrada permite identificar una cabeza; varias células pequeñas pueden resultar más difíciles de controlar porque compiten entre ellas, buscan nuevos territorios y necesitan demostrar fuerza. El éxito de la estrategia no puede medirse únicamente por cuántos nombres son tachados de una lista, sino por cuánta capacidad criminal desaparece con ellos.
LA MUTACIÓN
Una captura puede debilitar una organización criminal, pero también abrir vacíos de poder, provocar rupturas y producir nuevos liderazgos. El caso Pinto–Koki–Pueblo Unido permite observar ese mecanismo.
Pulsa cada fase para ver qué significaCaptura del mando
La caída de un dirigente rompe la cadena inmediata de mando y obliga a los operadores que permanecen activos a decidir quién controla hombres, rutas, negocios y territorio.
‘Koki’ no estaba solo
La mejor demostración apareció después de su captura. Mientras Koki ya estaba detenido, la FIRT Olmeca capturó en Tabasco a seis personas señaladas como presuntos colaboradores suyos. Entre ellas se encontraba Cristhian Humberto, ‘El Diablo’, además de Carlos ‘N’, Rodolfo ‘N’, ‘Rodas’; Celia ‘N’; Yiye ‘N’, ‘Yiyo’, y Raúl ‘N’, ‘Chelo’. Las detenciones posteriores mostraron que la operación no terminaba en Koki: debajo del jefe permanecían hombres, armas y capacidad logística.
Hombres presuntamente vinculados con su operación, armas y drogas fueron localizados después de que el jefe ya había caído. La secuencia confirma el tamaño del reto: detener al mando es apenas la primera parte; después hay que desmontar aquello que puede sobrevivirlo.
La guerra venía de antes
Pero hay otra fecha indispensable para entender el problema: 23 de diciembre de 2023. Ese día ocurrió el episodio que terminó por sacar a la superficie una guerra que después cambiaría el mapa de la seguridad tabasqueña: el ataque relacionado con Hernán Bermúdez Requena. Faltaban más de nueve meses para que Javier May asumiera el gobierno estatal.
A partir de entonces comenzaron a acumularse hechos que los tabasqueños terminarían reconociendo como parte de una nueva normalidad criminal: vehículos incendiados, ataques, balaceras, ponchallantas, comercios quemados y posteriormente restos humanos abandonados como mensajes entre grupos rivales.

Ese dato modifica necesariamente el análisis político. La violencia que enfrenta Javier May no nació con Javier May. La estructura que hoy persiguen autoridades estatales y federales tiene antecedentes en el gobierno anterior y, de acuerdo con las acusaciones oficiales, conduce hasta quien entonces encabezaba la Secretaría de Seguridad Pública: Hernán Bermúdez Requena.
May convirtió esa ruptura en una definición política desde antes de asumir el cargo. Durante la campaña y posteriormente como gobernador repitió que su administración no pactaría con la delincuencia organizada. Después vinieron semanas especialmente violentas y finalmente la acusación pública contra La Barredora y Bermúdez.
Aquí existe una frontera que el análisis debe conservar. Una cosa es establecer de dónde viene la estructura y otra determinar quién tiene hoy la obligación de acabar con ella. Después de casi dos años de gobierno, explicar el origen ya no basta. May heredó una guerra que había comenzado antes de su llegada, pero terminarla es responsabilidad de su administración.Ahí comienza la responsabilidad política del presente.
Porque una estrategia de seguridad puede demostrar capacidad para detener objetivos prioritarios —y las capturas acumuladas demuestran que esa capacidad existe—, pero el ciudadano mide otra cosa: si puede abrir su negocio, circular por una carretera, regresar a casa o vivir sin encontrarse con la violencia.
Por eso la discusión sobre éxito o fracaso no puede quedarse en ninguno de los extremos. Ni puede atribuirse al gobierno actual el nacimiento de una estructura que lo antecede, ni puede utilizarse eternamente esa herencia para explicar la violencia que todavía permanece.
El punto de quiebre será otro: cuando las capturas empiecen a traducirse no solamente en jefes detenidos, sino en células que ya no consiguen reorganizarse.
DE LA CAPTURA A LA CALLE
El gobierno mide la presión sobre las estructuras criminales. El ciudadano mide algo más simple: si la violencia realmente baja.
LO QUE MIDE EL GOBIERNO
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Objetivos detenidos Mandos, operadores y generadores de violencia capturados.
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Células desarticuladas Grupos operativos debilitados o sacados de circulación.
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Armas aseguradas Fusiles, cargadores, cartuchos y equipo táctico decomisado.
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Operativos coordinados Acciones conjuntas entre fuerzas estatales y federales.
LO QUE MIDE EL CIUDADANO
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Homicidios Si matar deja de ser parte de la vida cotidiana.
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Extorsiones Si comerciantes y familias dejan de vivir bajo amenaza.
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Balaceras e incendios Si los episodios de alto impacto comienzan a desaparecer.
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Seguridad cotidiana Poder abrir un negocio, circular y regresar a casa sin miedo.
La diferencia es clave: una estrategia puede ganar capturas y todavía no haber ganado la calle.
La apuesta de May
La captura de Koki produjo una declaración inmediata de Javier May Rodríguez: “Ofrecimos combatir la delincuencia a todos los niveles y lo estamos cumpliendo”. La frase tiene respaldo en una secuencia de golpes contra mandos, células y operadores criminales, pero también establece una vara con la que inevitablemente tendrá que medirse su gobierno. Detener importa, desarticular importa, asegurar armas importa; pero la seguridad no se gana en el boletín de detenidos, sino cuando las organizaciones pierden capacidad para matar, extorsionar, incendiar, reclutar y controlar territorios.
La afirmación tiene números que la respaldan, pero también una prueba pendiente. Las capturas de objetivos prioritarios muestran que la ofensiva está alcanzando mandos que durante años tuvieron capacidad de operación. En el primer trimestre de 2026, los homicidios bajaron de 254 a 149 frente al mismo periodo de 2025, una reducción cercana a 43 por ciento. Pero pacificar no consiste únicamente en detener jefes: supone evitar que las células se recompongan y que incendios, extorsiones, secuestros, ataques y homicidios encuentren nuevos ejecutores.
La captura de Koki muestra además otra característica de la estrategia: Tabasco dejó de combatir solo. Para localizarlo intervino información del Centro Nacional de Inteligencia y participaron la SSPC federal, Defensa, Marina, Guardia Nacional y autoridades estatales; la FGE aportó la orden de aprehensión. El propio Omar García Harfuch reconoció públicamente la coordinación con Javier May y las autoridades tabasqueñas.
Koki tampoco era solamente otro nombre dentro de la sucesión criminal. Las autoridades relacionan a su grupo con algunas de las expresiones que hicieron visible la violencia fuera del mundo del narcotráfico: vehículos incendiados, ataques contra autoridades, extorsiones y secuestros, además de tráfico de personas y distribución de drogas. Golpear esa capacidad operativa es más relevante para la pacificación que retirar una fotografía del tablero de objetivos prioritarios.
Ese acompañamiento federal es probablemente uno de los activos más importantes de la estrategia. Los objetivos pueden esconderse fuera de Tabasco —Koki fue detenido cuando circulaba por la carretera México-Pachuca— pero la persecución ya no termina en los límites del estado. La coordinación permite perseguir fuera de Tabasco a quienes generan violencia dentro de Tabasco.

La otra cuenta
Las capturas necesitan encontrarse con los números. Durante el primer trimestre de 2026, los homicidios en Tabasco bajaron de 254 a 149 respecto del mismo periodo de 2025, una reducción cercana a 43 por ciento. Es una señal importante: la presión sobre las estructuras comienza a coincidir con una disminución del delito más grave.
Pero la seguridad tiene otra medida: la experiencia cotidiana. Una balacera, restos humanos abandonados o un comercio incendiado pueden neutralizar para el ciudadano cualquier porcentaje favorable. El gobierno necesita ganar ambas batallas: la estadística y la calle.
LA PRUEBA
Los golpes contra los mandos criminales pueden medirse por detenciones. La pacificación sólo puede medirse cuando esa presión comienza a reflejarse también en una disminución sostenida de la violencia.
254
149
−43%
La lectura: los homicidios muestran una disminución importante en el comparativo disponible. El reto es que esa tendencia sobreviva a la fragmentación, los relevos de mando y la aparición de nuevas células.
Ganar en la calle
Ese es también el límite de la narrativa oficial. May puede decir que está cumpliendo porque está enfrentando a los grupos que prometió combatir; todavía necesita demostrar que puede derrotarlos. Lo primero se mide en operativos, órdenes de aprehensión, células desarticuladas y capturas. Lo segundo se mide en la calle: menos homicidios, menos extorsiones, menos balaceras y menos miedo.
Ésa será probablemente la disputa política alrededor de la seguridad durante los próximos meses. Sus adversarios señalarán cada hecho violento como demostración del fracaso; el gobierno responderá con capturas y reducción de delitos. Los dos discursos pueden utilizar hechos reales y, aun así, ninguno explicar por sí solo lo que está ocurriendo. La fotografía completa exige observar simultáneamente cuánto territorio pierden los criminales y cuánta tranquilidad recuperan los ciudadanos.
Tabasco enfrenta organizaciones golpeadas, con dirigentes detenidos y fracturas internas. El problema es que algunas de esas fracturas han producido nuevas células y nuevos mandos. Ahí está la prueba siguiente: que la presión no sólo disperse a los grupos, sino que termine por impedir su recomposición.
DESPUÉS DEL JEFE
El caso Pinto–Koki permite observar el verdadero reto: qué ocurre debajo de una estructura cuando su mando principal cae.
La cabeza que sigue
La captura anunciada por García Harfuch tiene entonces un significado mayor al de otra fotografía de un detenido. Permite observar cómo se reproduce una organización criminal sometida a presión y también medir una estrategia que ha conseguido alcanzar a personajes importantes dentro y fuera de Tabasco. La pregunta decisiva ya no es quién cayó, sino quién puede ocupar mañana el lugar que dejó vacío.
Si aparece otro nombre, otra escisión y otra célula capaz de controlar hombres, armas, negocios y territorio, la guerra continuará aunque la lista de detenidos siga creciendo. Si debajo de Koki comienzan a caer los operadores sin que nadie consiga reconstruir la cadena de mando, estaremos frente a algo diferente: el principio del desmantelamiento real de la organización.
Hernán, Pinto y Koki ya están fuera de operación; debajo de ellos también han caído objetivos prioritarios, células y presuntos operadores. La estrategia está llegando a las cabezas. Ahora necesita destruir la capacidad del cuerpo para regenerarlas. Porque una organización criminal comienza a perder una guerra no cuando le detienen al jefe, sino cuando ya no encuentra quién lo sustituya.
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