Héctor I. Tapia
Durante buena parte de 2024 y el arranque de 2025, Tabasco fue una conversación incómoda dentro del poder. Homicidios creciendo. Policías bajo sospecha. Operativos federales. La Barredora convertida en símbolo del deterioro institucional.
El estado dejó de aparecer únicamente como la tierra del obradorismo para convertirse también en una alerta de seguridad dentro del sureste. Ahora Claudia Sheinbaum regresa a un escenario distinto. No porque los problemas desaparecieron, sino porque el gobierno estatal logró mover parcialmente la conversación pública hacia otro terreno.
La presidenta llegará cuando el gobierno de Javier May intenta entrar a una etapa menos absorbida por la reacción y más enfocada en ejecución territorial. Ahí está la clave política de la gira. Sheinbaum no viene a encabezar reuniones extraordinarias de seguridad ni a instalar un gabinete de emergencia. Viene a supervisar una planta agroindustrial todavía sin arrancar físicamente, a revisar un hospital cuya obra civil ya terminó y a encabezar programas sociales que ya dispersan miles de millones de pesos en el estado.
La visita ocurre además después de varios movimientos que modificaron el tablero político local. La caída operativa de La Barredora redujo el nivel de confrontación visible que dominó parte del estado. El antiguo grupo político que durante años concentró el control tabasqueño perdió peso dentro del centro del poder federal. Y aunque los indicadores de seguridad siguen lejos de cualquier escenario ideal, la Federación ya no mira solamente a Tabasco desde la óptica de la crisis.

Territorio abierto
La sexta visita presidencial de Claudia Sheinbaum a Tabasco tendrá además un rasgo que hace meses habría parecido difícil: recorrerá prácticamente tres regiones del estado con agenda pública abierta. La Chontalpa concentrará buena parte de las actividades con Comalcalco, Cunduacán y Cárdenas; la Sierra aparecerá con Teapa, Jalapa y Macuspana; mientras Centro funcionará como base logística y política de la gira. Los Ríos quedan fuera porque ya formaron parte de recorridos anteriores.
La agenda oficial es social y productiva. El sábado al mediodía Sheinbaum encabezará en la finca El Moralero, en Comalcalco, una asamblea con unos 500 productores vinculados a Sembrando Vida en el predio donde se proyecta la Planta Agroindustrial de Cacao. Más tarde acudirá a Cunduacán para entrega de becas y después supervisará el Hospital Regional de Cárdenas, cuya obra civil se encuentra terminada y espera equipamiento para entrar en operación. El domingo cerrará en Teapa con un evento de adultos mayores.

Pero el peso político de la gira no está solamente en lo que hará, sino en lo que representa el tipo de recorrido que puede realizar. Hace apenas unos meses la conversación pública tabasqueña giraba alrededor de homicidios, corporaciones infiltradas, bloqueos y disputas criminales. Hoy la presidenta llega para hablar de cacao, hospitales, carreteras, becas y adultos mayores. El cambio no elimina el pasado reciente, pero sí modifica el eje de la narrativa política estatal.
Ahí aparece también uno de los movimientos más importantes del gobierno de Javier May: intentar sacar a Tabasco de la lógica permanente de contención. La administración todavía arrastra pendientes enormes y zonas frágiles, pero ya intenta operar varias pistas simultáneamente.
Seguridad. Salud. Programas sociales. Agroindustria. Desarrollo urbano. Infraestructura carretera. El mensaje que busca construir el gobierno estatal es claro: dejar de ser identificado únicamente por la crisis y empezar a mostrarse como un gobierno en fase de operación.
Otra etapa
La gira presidencial aterriza además en un momento donde varios proyectos federales y estatales intentan avanzar al mismo tiempo. El Tren Dos Bocas–Estación Chontalpa sigue en construcción. La ampliación carretera hacia la zona de Palizada mantiene trabajos activos.
El nuevo C5 avanza como uno de los proyectos tecnológicos prioritarios en seguridad. En Villahermosa continúan los preparativos para Villahermosa 2030 y el nuevo Centro de Convenciones. Y en la Chontalpa, el Hospital Regional de Cárdenas entra ya a etapa de equipamiento médico.
Las grandes obras todavía no transforman visualmente el estado. No existe todavía una mega infraestructura terminada que modifique por completo el paisaje tabasqueño. Pero sí empiezan a moverse recursos, padrones y programas.
La Beca Rita Cetina incorpora a más de 220 mil estudiantes tabasqueños con una derrama superior a los 2 mil 500 millones de pesos anuales. La pensión federal de adultos mayores supera los 200 mil beneficiarios en el estado. Y el programa estatal Bienestar y Plenitud cubre económicamente a personas de 60 a 64 años antes de incorporarse al esquema federal.
En Comalcalco, precisamente donde Sheinbaum arrancará actividades, el gobierno apuesta a convertir el cacao en algo más que producción primaria. La futura planta agroindustrial pretende producir chocolate en polvo, barras y chocolate de mesa utilizando materia prima de Sembrando Vida para distribuirla en Tiendas Bienestar. La obra todavía no comienza físicamente. Pero políticamente ya funciona como una señal: Tabasco intenta hablar nuevamente de producción, industria y desarrollo regional.
Y quizá ahí está el dato más importante de toda la gira. La presidenta llega cuando el gobierno estatal intenta cambiar el tipo de conversación alrededor de Tabasco. Todavía existen pendientes graves.
Todavía hay obras sin concluir y regiones vulnerables. Pero el estado ya no aparece atrapado exclusivamente por el ruido político-criminal que dominó buena parte de los últimos meses. Ahora el gobierno busca instalar otra imagen: la de una administración que intenta pasar del control de la crisis hacia la ejecución territorial.

Gobierno andando
La gira presidencial también ocurre después de un reacomodo silencioso dentro del tablero político tabasqueño. La Barredora, que durante meses dominó buena parte de la conversación pública estatal, dejó de operar con el mismo margen territorial que llegó a tener durante la etapa más crítica de violencia.
Operativos federales, capturas y depuración policial redujeron parcialmente la presión que mantenía al estado bajo tensión permanente. El dato más visible apareció en los reportes federales de seguridad: Tabasco logró reducir 51 por ciento los homicidios dolosos respecto a los meses más altos de la crisis.
Ese cambio no convirtió automáticamente al estado en un territorio pacificado. Pero sí modificó el ambiente político alrededor del gobierno estatal. La Federación dejó de mirar a Tabasco únicamente desde la lógica de la emergencia y empezó a acompañar una agenda más amplia. Ahí entra también el peso de la sexta visita presidencial.
No es solamente una gira social. Funciona como validación territorial de un estado donde el gobierno federal considera que existen condiciones mínimas para operar proyectos, mover programas y recorrer regiones completas sin que la agenda pública esté dominada exclusivamente por seguridad.
El contexto político también cambió en otro frente. El antiguo eje tabasqueño que durante años concentró enorme influencia dentro del centro del poder federal perdió centralidad. La salida de Adán Augusto López del liderazgo del Senado y su disminución dentro del círculo presidencial terminó modificando el mapa político interno.
El movimiento no aparece de forma explícita en la gira, pero sí funciona como telón de fondo de una nueva etapa donde Javier May empieza a construir una operación estatal más propia y menos dependiente de los grupos que dominaron el sexenio anterior.
Por eso la visita presidencial no puede leerse solamente desde el calendario de programas sociales. Claudia Sheinbaum llega cuando el gobierno estatal intenta consolidar otra narrativa pública. Seguridad todavía existe como problema estructural.
Las heridas institucionales siguen abiertas. Pero la administración intenta que la conversación empiece a girar alrededor de otra cosa: hospitales, desarrollo urbano, infraestructura carretera, agroindustria y operación social. El gobierno busca mostrarse menos reactivo y más administrativo. Menos atrapado por la tensión diaria y más enfocado en proyectos de mediano plazo.
Otro clima
La propia agenda de la presidenta ayuda a explicar ese cambio. Sheinbaum no llegará a inaugurar megaproyectos terminados ni a cortar listones espectaculares. Viene a supervisar procesos todavía abiertos. El Hospital Regional de Cárdenas ya terminó su obra civil, pero todavía espera equipamiento y personal médico.
La Planta Agroindustrial de Cacao sigue siendo un terreno vacío donde apenas comenzará la construcción física. Las carreteras continúan en proceso. Villahermosa 2030 permanece en etapa de licitación y planeación urbana. El nuevo C5 todavía no entra completamente en operación.
Y justamente ahí aparece quizá la parte más interesante de la gira. La presidenta llega a revisar proyectos incompletos, pero caminando. Eso revela una lógica distinta dentro del gobierno federal: menos concentrada en inauguraciones inmediatas y más enfocada en supervisión territorial, seguimiento físico y presión operativa. En otras palabras, Sheinbaum viene a medir avances, acelerar tiempos y sostener presencia política sobre obras y programas que todavía atraviesan etapas de consolidación.
En el caso de la planta de cacao, el simbolismo resulta todavía más evidente. El proyecto busca conectar producción agrícola, industria alimentaria y programas sociales federales mediante Chocolate Bienestar.
La apuesta no es menor en un estado históricamente dependiente del petróleo y del gasto público. Aunque la planta todavía no existe físicamente, el mensaje político ya está instalado: el gobierno intenta colocar al cacao como emblema de producción regional y valor agregado dentro del nuevo discurso económico tabasqueño.
Algo parecido ocurre con el Hospital Regional de Cárdenas. La obra sobrevivió retrasos, cambios administrativos y sexenios completos sin terminarse. Hoy la estructura ya está lista. Falta lo más delicado: equipamiento, personal y operación médica real.
La visita presidencial funciona también como presión institucional para acelerar esa última etapa. Ahí se resume buena parte del momento político actual de Tabasco: proyectos que todavía no concluyen completamente, pero que ya intentan dejar atrás la etapa de abandono y entrar finalmente a fase operativa.
El otro Tabasco
La presidenta recorrerá este fin de semana un estado distinto al que encontró durante las primeras etapas de gobierno. No porque los problemas desaparecieron ni porque Tabasco haya dejado atrás todas sus fracturas. La violencia todavía existe. Las regiones vulnerables siguen ahí. Las obras continúan a medio camino. Pero el clima político ya no está dominado exclusivamente por la lógica de la crisis permanente.
Ahora el gobierno estatal intenta construir otra imagen. Un estado donde los programas sociales ya mueven miles de millones de pesos. Donde las carreteras avanzan lentamente. Donde el hospital de Cárdenas por fin se acerca a operar.
Donde el cacao busca convertirse en industria y no solamente en cultivo. Donde la presidenta puede recorrer territorio abierto y supervisar proyectos sin que toda la conversación pública quede absorbida por seguridad y confrontación política.
Quizá ésa sea la verdadera importancia de la gira. No lo que inaugura. No lo que promete. Sino el momento en que ocurre. Claudia Sheinbaum llega cuando Tabasco intenta dejar atrás la etapa de contención y entrar a otra más compleja: la de demostrar si realmente puede sostener gobernabilidad, operación pública y desarrollo territorial al mismo tiempo.
¡Mantente informado en WhatsApp!
Recibe las noticias más importantes de Tabasco y México directamente en tu celular.



