Hombre armado en la Pirámide de la Luna durante el ataque contra turistas
El agresor amagó a turistas desde la cima y mantuvo a varios como rehenes durante minutos.

Tiroteo en Teotihuacán: una canadiense muerta, 13 heridos y una entrada sin detectores

TEOTIHUACÁN.— Faltaban algunos minutos para el mediodía del lunes cuando Julio César Jasso Ramírez subió las escalinatas de la Pirámide de la Luna, en Teotihuacán, y sacó un arma. Lo que siguió duró aproximadamente treinta minutos.

Tiempo suficiente para que una mujer canadiense muriera, para que trece turistas extranjeros resultaran heridos —dos de ellos menores de edad—, y para que el mundo mirara, una vez más, una zona arqueológica mexicana convertida en escenario de horror.

Treinta minutos. Ese dato, mencionado casi de paso por una turista canadiense en entrevista con un medio de su país, merece detenerse. No como dato anecdótico. Como medida de algo.

Hombre armado en la Pirámide de la Luna durante el ataque contra turistas
El agresor amagó a turistas desde la cima y mantuvo a varios como rehenes durante minutos.

Saldo oficial

SALDO TEOTIHUACÁN

Tiroteo en Pirámide de la Luna dejó dos muertos y trece turistas heridos.

2
Personas fallecidas
13
Turistas heridos
8
Siguen hospitalizados
5
Dados de alta
2
Menores de edad heridos
7
Nacionalidades afectadas
Heridos por nacionalidad
Estadounidense
6
Colombiana
3
Brasileña
2
Canadiense
1
Rusa
1

Lo que pasó

Las primeras versiones del hecho coinciden en los trazos gruesos. Poco después de las 11:30 de la mañana, Jasso Ramírez disparó primero al aire. Después apuntó hacia los visitantes. Un grupo quedó tendido sobre la plataforma de la pirámide, bocabajo, intentando no moverse. Otros corrieron escalinata abajo. Algunos, en la desesperación, se lanzaron desde bordes de más de cuatro metros.

Un video difundido por un asistente al sitio muestra la secuencia: elementos de la Guardia Nacional llegan al pie de la pirámide cuando el agresor tiene como rehenes a una treintena de turistas. Los amaga con una pistola. Camina de un lado a otro sobre el basamento. En medio de gritos —”¡ya bájenlo!”, “¡dispárenle!”, “¡se va a pelar!”— se escuchan al menos siete disparos. El tirador sube al segundo nivel. Corre hacia el costado izquierdo. Desaparece. Cuando reaparece, cae.

La Fiscalía General de Justicia del Estado de México identificó al agresor y determinó, con base en evidencia preliminar, que actuó de manera individual. La causa de su muerte —si fue abatido por la Guardia Nacional o si se suicidó— quedó formalmente en suspenso. Las autoridades dijeron que los protocolos correspondientes establecerán las circunstancias. Es decir: todavía no se sabe, o todavía no se dice.

Cronología del ataque

TREINTA MINUTOS EN LA LUNA

Del primer disparo al derrumbe del agresor: la secuencia documentada del tiroteo.

11:30 hrs aprox.
Jasso Ramírez sube la Pirámide de la Luna
Julio César Jasso Ramírez asciende entre los turistas. Nadie revisó su pistola en la entrada. No había detectores de metal.
Primeros minutos
Dispara al aire. Después apunta a los visitantes
En al menos dos ocasiones dispara hacia arriba. Luego apunta directamente al grupo. Los turistas se tiran al suelo. Algunos saltan desde más de 4 metros.
Durante el ataque
Toma hasta 30 rehenes sobre el basamento
El agresor camina de un lado a otro amenzando con la pistola. Video muestra a turistas bocabajo en el primer nivel de la pirámide.
~15 min después
Llega la Guardia Nacional
Efectivos arriban al pie de la pirámide. Según testigos, tardaron aproximadamente 15 minutos desde el inicio del tiroteo.
Intercambio de disparos
Al menos 7 disparos documentados en video
El agresor sube al segundo nivel. Corre hacia el costado izquierdo. Un agente dispara desde abajo. Se escuchan cinco disparos más.
~12:00 hrs
El agresor cae en el segundo nivel
Jasso Ramírez es abatido. Portaba un revólver. Presenta dos heridas de bala, una en la cabeza. Si fue la GN o se suicidó: en investigación.

La falla que nadie declaró

«En Teotihuacán no vimos ningún tipo de seguridad. En el Centro Histórico nos pedían pasar por detectores de metal y guardar nuestras botellas de agua.» — Turista canadiense, testigo del ataque

Turistas corren y se dispersan tras el ataque armado en Teotihuacán
Visitantes descendieron entre gritos y disparos en medio del caos en la zona arqueológica.

Las víctimas

Trece heridos. Todos extranjeros. Dos menores de edad.

Gerónimo González, de 6 años, colombiano, recibió dos impactos en tibia y peroné derechos. Fue trasladado al Hospital de Especialidades de Ixtapaluca. Leticia Mondea Folsta, de 13 años, brasileña, presentó lesiones musculoesqueléticas y se trasladó posteriormente por sus propios medios a la Ciudad de México.

La sola frase —”se trasladó por sus propios medios”— contiene una imagen perturbadora: una niña de trece años herida, moviéndose sola en un país que no es el suyo, después de haber sido baleada en una pirámide.

Entre los adultos heridos: una canadiense de 29 años con herida en la región supraescapular; una rusa de 32 con lesión en fémur; una colombiana de 37 con lesiones en rótula y glúteo; cuatro estadounidenses con lesiones diversas, uno de ellos con herida de bala en la mano izquierda con salida; una brasileña de 55 con lesión en el muslo y posible daño visceral. La lista tiene algo de inventario clínico que incomoda. Son personas. Vinieron a ver las pirámides.

La mujer canadiense que murió no ha sido identificada públicamente. El Gobierno federal informó que mantiene contacto con sus familiares y con representaciones diplomáticas.

Lo que vieron

Los testimonios de quienes sobrevivieron al tiroteo tienen una textura particular. Son relatos de personas que no esperaban esto —nadie espera esto— y que tuvieron que improvisar su supervivencia en segundos.

Un guía de turistas que pidió el anonimato describió el momento en que vio descender a los visitantes: el agresor los seguía disparando. Otro guía fue descrito por el canadiense Daniel Edwards, de Windsor, Ontario, como “excepcional, no solo por ser un guía de turistas, sino por su carácter humano”: corría de regreso hacia la escena del tiroteo para buscar a los miembros que faltaban de su grupo.

Brenda Lee, de Vancouver, lo escuchó primero como fuegos artificiales. Un vendedor la corrigió: “Son disparos, ¡corran!”. Cuando iban hacia el estacionamiento, voltearon. Vieron gente gritar en la cima. Vieron a otros caer mientras intentaban bajar. Ya en la camioneta, dijo a CBC, podían seguir escuchando los tiros. El tiroteo duró unos treinta minutos. No sabían si era uno, dos o más tiradores.

Turistas corren y se dispersan tras el ataque armado en Teotihuacán
Visitantes descendieron entre gritos y disparos en medio del caos en la zona arqueológica.

Lee dijo algo que vale la pena registrar: este tipo de incidentes pueden ocurrir en cualquier lugar, y no es razón para no volver a México. “Los mexicanos son realmente maravillosos. Estaban muy atentos a que estuviéramos bien.” Luego añadió, sin énfasis dramático, la observación más perturbadora de toda su entrevista: en Teotihuacán no había ningún tipo de seguridad. Nada.

Ningún detector de metal, ninguna revisión de bolsas. Días antes, en el Centro Histórico, los museos y la catedral tenían detectores y les pedían que guardaran sus botellas de agua. Aquí entraron sin problema.

El estado y sus respuestas

La Secretaría de Gobernación confirmó el saldo: dos muertos —la turista canadiense y el agresor— y 13 lesionados, de los cuales ocho permanecen hospitalizados. La Fiscalía General de la República (FGR) anunció una investigación coordinada con la Fiscalía mexiquense y prometió informar “conforme lo permita la investigación”.

La Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) fue designada para brindar acompañamiento. Hay una línea telefónica: 55 10 00 20 00, extensión 57508. Hay una cuenta de Twitter: @CEAVmex.

Todo esto es lo que corresponde hacer después. El problema es el antes.

Teotihuacán recibe millones de visitantes al año. Es Patrimonio de la Humanidad. Es uno de los sitios arqueológicos más visitados del planeta. Y según el relato de una turista canadiense que estuvo ahí ese lunes por la mañana, se podía entrar sin ningún tipo de revisión. Sin detectores. Sin nada. El chofer dejó al grupo en la entrada, el guía pagó los boletos, y entraron.

Eso no es un detalle menor. Es una política. O la ausencia de una.

La pregunta que queda

La causa del ataque, según las autoridades, se desconoce hasta el momento. La Fiscalía mexiquense determinó que Jasso Ramírez actuó solo. No hay móvil establecido. No hay contexto público que explique qué llevó a ese hombre a subir las escalinatas de la Pirámide de la Luna con una pistola un lunes por la mañana.

Lo que sí queda establecido: un niño de seis años con dos impactos de bala en la pierna. Una adolescente de trece herida en uno de los monumentos más fotografiados del mundo. Una mujer canadiense que no regresará a casa. Trece heridos de siete nacionalidades distintas —colombiana, rusa, canadiense, brasileña, estadounidense— distribuidos en hospitales del Estado de México y la Ciudad de México.

Y una zona arqueológica que, al menos ese lunes, no tenía ningún detector de metal en la entrada.

Eso también es una respuesta. Aunque nadie la haya dado formalmente.

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