

Héctor I. Tapia
En una sala pequeña, con la televisión encendida en silencio y las imágenes de Hernán Bermúdez esposado en Paraguay, un viejo militante del PRD murmuró: “Esto no empezó con La Barredora… empezó cuando Adán, Silvia y Rosalinda, eran los Exitosos López”.
La frase abrió un hilo que explica buena parte del poder en Tabasco. Adán Augusto López Hernández, entonces joven abogado, dio un salto que pocos se atrevían: rompió con el PRI en 2001 y se lanzó de lleno al PRD.
Ahí comenzó a amasar una estructura propia: primero como candidato a la alcaldía de Centro en 2003, luego como diputado local en 2007, después como diputado federal en 2009. Con paciencia y cálculo, arrebató a Juan Manuel Fócil el control del partido.
En paralelo, su hermana Rosalinda López Hernández se convirtió en diputada federal en 2000, en diputada local en 2003 y en senadora en 2006. Ambos eran mencionados en los pasillos como “los exitosos López”: Adán operaba candidaturas y estructuras, Rosalinda crecía en el Congreso y el Senado. El mote se instaló en el imaginario político tabasqueño como sinónimo de ambición y ascenso.
Ese origen explica por qué, más de dos décadas después, el escándalo que rodea a Adán y Bermúdez no puede entenderse sin volver a ese punto de partida: la etapa en que los hermanos López diseñaban, desde el PRD, su maquinaria de poder.
Rosalinda y la ingeniería política
Mientras Adán arrebataba el control del PRD tabasqueño, su hermana Rosalinda López Hernández (1967–2024) se movía con sigilo y eficacia en las cámaras legislativas. En el año 2000 se convirtió en diputada federal por el Distrito 4 de Tabasco. Tres años después fue elegida diputada local en la LVIII Legislatura, donde presidió la Comisión de Hacienda y Presupuesto.
Su salto mayor vino en 2006, cuando fue electa senadora de la República en segunda fórmula, cargo que ejerció durante seis años y desde donde presidió la Comisión de Reglamentos y Prácticas Parlamentarias. En 2012 pidió licencia para regresar a Tabasco como candidata del PRD al Congreso local, logrando curul plurinominal.
Ya entonces, su nombre circulaba como sinónimo de operadora política: capaz de tejer acuerdos, abrir financiamiento y mantener a flote la maquinaria electoral del clan. Cuando perdió en 2015 la alcaldía de Centro —postulada por el PAN y el PVEM tras renunciar al PRD—, su trayectoria parecía llegar a un límite.
En realidad, apenas se transformaba. Años después, con Morena en el poder, Rosalinda López fue nombrada administradora general de Auditoría Fiscal Federal en el SAT, desde donde adquirió proyección nacional.
El 5 de junio de 2024, tras haber sido electa senadora por segunda ocasión, Rosalinda falleció de manera repentina. Su muerte cerró un ciclo en el que fue considerada la pieza financiera y legislativa del clan, al lado de Adán.
Para entonces, la prensa y los pasillos políticos ya habían bautizado a los hermanos como los Exitosos López: él, el operador político visible; ella, la arquitecta financiera. La fórmula que marcaría la política tabasqueña por dos décadas.
Silvia, la tesorera invisible

Si Rosalinda representaba la cara visible de la política, Silvia López Hernández encarnaba lo contrario: la discreción financiera. A diferencia de sus hermanos, Silvia no ocupaba cargos de elección ni aparecía en tribunas.
Su lugar estaba en la sombra, detrás de las cuentas, en el trazado de la ingeniería financiera que permitió a los López crecer y resistir cada batalla.
En los años noventa fue tesorera del PRD en Tabasco, cuando el partido era apenas un desafío al poder priista. Con los años, aprendió a operar la red de financiamiento que sostuvo mítines, campañas y candidaturas.
Durante la cruzada presidencial de su hermano Adán en 2023, fue ella quien gestionó los recursos para cada gira, cada acarreo, cada plaza llena. No ocupaba oficina oficial, pero su firma estaba detrás de cada gasto.
Ex funcionarios aseguran que, durante el gobierno estatal de Adán, Silvia administraba oficinas alternas en Villahermosa. Desde allí, sin cargo formal, manejaba los hilos financieros de secretarías y municipios, cobrando favores con obra pública y asegurando liquidez para la maquinaria electoral. “Silvia siempre supo dónde apretar y a quién pagar”, dice el ex funcionario que me pidió no revelar su nombre.
Pero la expansión de la red no fue sólo dinero: también fue poder. Su esposo, Humberto Mayans Canabal, no era un actor menor. Había sido senador de la República (2007–2012) y antes un poderoso secretario de Gobierno de Andrés Granier Melo, con quien terminó enfrentado al no ser favorecido como candidato a gobernador.
Cuando los López alcanzaron la cumbre de su influencia, Mayans fue recompensado con un espacio nacional: la silla en el Consejo de Administración de Pemex, avalada por López Obrador.
Ese movimiento no significó una simple cuota económica: representó el despliegue político del clan López hacia el nivel más alto del Estado mexicano. Pemex, símbolo del poder presidencial, se convirtió en el escaparate de lo que los tabasqueños llamaban ya, entre sorna y respeto, el Tabasco Power.

Del clan al Tabasco Power
El apodo de los ‘Exitosos López’ nació en los pasillos del PRD tabasqueño: una familia que había aprendido a convertir la política en patrimonio. Pero con el paso del tiempo, el mote se quedó corto. Lo que había iniciado como un clan de hermanos pronto se transformó en un grupo extendido que saltó de Tabasco a la escena nacional.
La muerte de Rosalinda López Hernández en 2024 no borró su legado: casada con Rutilio Escandón Cadenas, gobernador de Chiapas, amplió la esfera familiar hasta otro estado del Sureste.
Su hermana Silvia López, invisible y eficaz, sostenía la tesorería paralela desde Villahermosa, mientras su esposo, Humberto Mayans Canabal, se sentaba en la mesa más codiciada: el Consejo de Administración de Pemex.
Fue entonces cuando la prensa empezó a hablar del ‘Tabasco Power’. No se trataba ya de un apodo de sobremesa, sino de un concepto que señalaba a un grupo familiar con tentáculos en Hacienda, Pemex, Tabasco, Chiapas y el Senado.



De Rosalinda al SAT, de Silvia a las finanzas en la sombra, de Rutilio a la silla de Chiapas, y de Adán a Gobernación, el clan se había convertido en una especie de consorcio político-familiar.
En una entrevista de radio, el propio Adán escuchó la pregunta que lo incomodaba: “De los Exitosos López al Tabasco Power. Gobernador, ¿cómo no, si tenemos a un presidente excepcional, un cuñado en Chiapas y otro en Pemex?”.
Adán sonrió, pero esquivó. Dijo que no pensaba en grupos, que lo único que le importaba era Tabasco y la unidad. Pero en Villahermosa, en los cafés políticos, el nombre quedó registrado: Tabasco Power.
Ese tránsito explicaba algo más profundo: cómo una familia que nació al margen del poder terminó convertida en un bloque hegemónico, capaz de colocar a sus integrantes en puestos estratégicos. Era el andamiaje sobre el cual se construiría el ascenso —y también el derrumbe— de Adán Augusto López Hernández.

Funerales y fantasmas
El 12 de junio de 2006, la violencia rompió el sur de Veracruz y alcanzó a Tabasco. Tras 20 días de secuestro, el cuerpo del ganadero Ponciano Vázquez Lagunes apareció dentro de una camioneta en la carretera de Huimanguillo. No estaba solo. Junto a él, cinco personas más fueron encontrados acribillados. Todos habían sido rociados con balas de rifles AK-47.
Las versiones periodísticas hablaron de un rescate millonario: veinte millones de pesos. Al no pagarse, los plagiados fueron ejecutados. La escena fue de guerra: la carrocería incendiada, los cristales pulverizados, los cuerpos apilados en la penumbra de la madrugada.
La familia decidió trasladar a Ponciano a Acayucan, Veracruz, donde fue sepultado. En el funeral se dejó ver un hombre ya entonces con peso político: el notario Adán Augusto López Hernández, que en esos meses fungía como coordinador de la campaña presidencial de Andrés Manuel López Obrador en la Tercera Circunscripción del país. No estaba allí por casualidad: Ponciano era su cliente en la notaría, pero también su amigo cercano.
Mientras tanto, en Tabasco, un nombre comenzaba a convertirse en sinónimo de sospecha. El entonces subsecretario de Readaptación Social y Protección Civil del gobierno de Manuel Andrade, Hernán Bermúdez Requena, fue detenido por la SIEDO mientras cenaba con Cirilo Vázquez Lagunes, quien presuntamente lo puso, acusándolo del secuestro y asesinato del ganadero.
Aunque fue liberado posteriormente (intervino por él el gobernador Andrade), la marca quedó tatuada: un funcionario ligado a las cárceles y a la seguridad pública aparecía vinculado a un crimen con resonancias políticas.
El eco se prolongó. Meses más tarde, el cacique Cirilo Vázquez Lagunes, hermano de Ponciano, fue emboscado y asesinado tras un partido de béisbol en Acayucan. Antes de morir, dejó una acusación que estremeció a la región: señaló a los gobernadores Fidel Herrera Beltrán (Veracruz) y Manuel Andrade Díaz (Tabasco) de haber orquestado el asesinato de su hermano.
Tres días después del crimen, el otro hermano, José Rolando Vázquez González, hizo pública la grave revelación:
“Ponciano fue asesinado por órdenes de Fidel Herrera y Manuel Andrade, pero el objetivo era matarnos a todos. Cirilo me dijo: nos quieren muertos a todos”.
El testimonio apareció en un desplegado publicado en el diario El Universal, y fue retomado por el periodista Miguel Ángel Granados Chapa en su columna Plaza Pública del 15 de noviembre de 2006 en el diario Reforma.
La cadena de sangre dejaba una huella inquietante: Ponciano secuestrado y ejecutado; Bermúdez detenido como sospechoso; Cirilo asesinado; y Andrade (y Fidel) acusados en medio del escándalo. Una trama que conectaba el crimen con el poder político y que, dos décadas después, resurge con fuerza en el caso Bermúdez–Adán.
Porque el mismo Hernán Bermúdez Requena, aquel funcionario señalado en 2006, es el que en 2025 reaparece bajo el alias de “Comandante H”, presunto líder del cártel La Barredora. El mismo que años atrás compartió espacios de poder con Adán Augusto López Hernández, entonces en pleno ascenso en la maquinaria del PRD.
Ese origen explica por qué el escándalo actual no puede entenderse sin regresar a aquella escena: la camioneta quemada y agujereada en Huimanguillo, los cuerpos rociados con AK-47, y los vínculos políticos que ya entonces se cruzaban en la sombra.

El eco de Tabasco Power
En Tabasco, el nombre de Adán Augusto López Hernández ya no despierta el mismo murmullo reverencial de hace apenas tres años. El mote de ‘Los Exitosos López’, que alguna vez evocó poder y ascenso, hoy se repite en tono de reproche, como un recuerdo incómodo de un clan que parecía invencible y ahora se percibe fracturado.
En Villahermosa, operadores que se decían adancistas han bajado la voz. Los viejos aliados prefieren hablar de “prudencia” y algunos incluso buscan acomodo bajo el paraguas del gobernador Javier May Rodríguez, quien con paciencia construyó su propio andamiaje de poder.
Los cafés políticos del centro murmuran la misma pregunta: ¿hasta dónde alcanzará la sombra de La Barredora? Porque mientras el ex secretario de Seguridad, Hernán Bermúdez Requena, fue expulsado este miércoles de Paraguay —evitando un juicio de extradición que habría prolongado su llegada—, el senador tabasqueño camina aislado en los pasillos del Senado.
En su tierra, donde alguna vez presumió tener el control absoluto del PRD, de Morena y del aparato electoral, ya no se siente el eco de los vítores, sino el silencio de un poder que se desvanece.
La ironía es brutal: el grupo que alguna vez fue llamado ‘Tabasco Power’, con un gobernador en Chiapas y otro en Tabasco, una funcionaria en el SAT, un consejero en Pemex y una ‘coorcholata’ presidencial, hoy aparece con grietas tan visibles que cuesta llamarlo “poder”.
¿Será esta la primera señal de que el clan comienza a perder su blindaje?’

La noticia cayó como un trueno en los cafés políticos: Paraguay no esperó el juicio de extradición. Con un movimiento seco, expulsó a Hernán Bermúdez y lo puso en manos de México. El hombre al que se conoció como el Comandante H ya pisa suelo nacional.
Pero en su regreso no viaja solo: lo acompañan las sombras del pasado. Aquellas que nacieron en Tabasco y Veracruz, en los años en que la política se mezcló con sangre y silencios.
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MAÑANA: LOS MUERTOS QUE PERSIGUEN AL CLAN
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