Guillermo Narváez durante encuentro con medios en el campus central de la UJAT.
Guillermo Narváez Osorio reafirmó solvencia financiera y respeto sindical al cierre de 2025.

La UJAT respira: equilibrio, autonomía y cuentas claras para pagar aguinaldos

Con una serenidad que contrasta con la incertidumbre de hace apenas un mes, Guillermo Narváez Osorio, rector de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT), anunció que la institución tiene garantizados los recursos estatales y federales para cubrir a tiempo las prestaciones de fin de año.

La noticia no solo despeja la duda sobre los aguinaldos, sino que confirma la estabilidad administrativa de una universidad que, por años, fue sinónimo de déficit, tensiones sindicales y pugnas internas.

Durante octubre, Narváez Osorio había reconocido un faltante de 70 millones de pesos para cumplir con el cierre del ejercicio. Hoy, el escenario cambió: “Hay un calendario de pagos aprobado en el contrato colectivo y se cumplirá sin contratiempos”, afirmó.

Lo dijo sin estridencias, con la sobriedad de quien sabe que la confianza institucional no se mide por discursos, sino por nóminas pagadas. Y añadió una frase que, en la lógica universitaria, tiene peso político: “Si los sindicatos nos dijeran pagar todo el día 18, se les paga. Ningún problema”.

Más allá del dato administrativo, la afirmación encierra un mensaje de fondo. En una entidad donde la relación entre gobiernos, sindicatos y universidades ha sido campo minado, el rector marcó distancia del viejo modelo clientelar que usaba la precariedad como herramienta de control.

Narváez Osorio coloca a la UJAT en un terreno distinto: el de una administración que honra compromisos, equilibra autonomía y disciplina, y se permite incluso ironizar con los tiempos de pago.

No es menor el gesto. La UJAT es el principal termómetro social de Tabasco: una comunidad de más de 40 mil estudiantes y 4 mil trabajadores que, cuando entra en conflicto, repercute en la política local.

Por eso, el anuncio del rector tiene un valor que trasciende el aula. Implica que el cierre fiscal de 2025 se proyecta en calma, que las aportaciones federales y estatales fluyen coordinadas y que el diálogo con los sindicatos, lejos de la confrontación, se mantiene institucional.

AUTONOMÍA EN EQUILIBRIO

Narváez Osorio recordó que el calendario de prestaciones está “acordado hasta en el propio contrato colectivo”. Detrás de esa frase, se lee una de las claves del momento: la UJAT no improvisa.

En otros años, los rectores debían recurrir a gestiones de última hora o a favores políticos para cubrir aguinaldos. Hoy, el mensaje es otro: hay planeación, hay flujo y hay resultados.

El rector también deslizó un dato simbólico: los sindicatos universitarios han rechazado adelantos, a diferencia de los burócratas estatales, que los recibieron con motivo del Buen Fin. Esa negativa puede leerse de dos formas.

Una, como una muestra de autonomía financiera; otra, como una señal de confianza en la institución. En ambos casos, es un reflejo de la madurez que empieza a recuperar la UJAT tras años de turbulencia administrativa y desgaste interno.

A la par de la estabilidad financiera, Narváez Osorio defendió la autonomía sindical y estudiantil frente a los procesos internos de renovación de dirigencias. Lo hizo sin rodeos: “Respeto la autonomía de los sindicatos y del Consejo Directivo Estudiantil Universitario de Tabasco (CDEUT). No intervengo en sus decisiones”. La afirmación cobra relevancia en un contexto donde las universidades públicas enfrentan presiones políticas por controlar sus liderazgos.

ORDEN Y DIÁLOGO

El rector subrayó que el CDEUT cuenta con normas propias y documentos que regulan su vida orgánica. “Creo que debe haber opciones, que los muchachos tengan alternativas; una sola planilla siempre suena a imposición”, dijo en alusión a un proceso interno en la División Académica de Educación y Artes (DAEA). Con ello, Narváez Osorio marcó distancia del tutelaje rectoral sobre la vida estudiantil, un viejo vicio universitario.

Esa línea de respeto se extiende al ámbito laboral. “Gane quien gane, tendrá el diálogo con nosotros”, insistió. Y al hablar del próximo liderazgo del Sindicato de Profesores e Investigadores de la UJAT, recordó su relación profesional de muchos años con los tres contendientes, con quienes —dijo— ya sostuvo reuniones. En un entorno donde las transiciones sindicales suelen convertirse en campo de disputa, el mensaje fue prudente: diálogo sí, intervención no.

En el fondo, el discurso rectoral traza un hilo que une tres planos: orden financiero, estabilidad política y respeto institucional. Cada uno ha sido un flanco históricamente débil de la universidad.

La diferencia, esta vez, es que los tres parecen alinearse. El equilibrio no es casual. Forma parte del viraje que Narváez Osorio impulsa desde su llegada: reestructurar finanzas, profesionalizar la gestión y recuperar la credibilidad.

Ese gesto de equilibrio sería la noticia real: el tránsito de una universidad que sobrevivía con respiración política a una que empieza a sostenerse en su propia capacidad administrativa. En el fondo, lo que Narváez dijo sobre los aguinaldos no fue solo que hay dinero. Fue que hay rumbo.

En tiempos donde los equilibrios entre autonomía y autoridad se tensan en todo el país, el caso de la UJAT ofrece una señal distinta: se puede gobernar sin cooptar, dialogar sin subordinar y administrar sin politizar.

En una entidad que ha visto caer a secretarios, alcaldes y operadores por las redes de corrupción o control, la universidad —al menos por ahora— parece haber elegido un camino más sobrio y sensato.

Si en octubre la noticia era el déficit, en noviembre la noticia es la solvencia. Y, bajo la lupa del análisis, esa solvencia es más que contable: es política, institucional y moral.

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