CDMX.— Para una planta mexicana que vende autopartes, acero o vehículos a Estados Unidos, la diferencia entre tratado y ruptura se mide en pedidos, empleos y costos. Marcelo Ebrard asegura que el peor escenario ya pasó. Sin embargo, la negociación está lejos de terminar.
El secretario de Economía reconoció, después de comparecer este martes ante el Senado, que durante el primer semestre existió riesgo para el T-MEC. Su lectura ahora es distinta: el acuerdo continuará vigente y entrará en una etapa de revisiones anuales.
“Realmente sí hubo un riesgo, pues sí, pero se sorteó. Hoy en día ya queda claro que va a estar vigente diez años”, sostuvo. Añadió que la revisión actual será probablemente la más amplia.
El tratado sigue
La precisión importa. Estados Unidos decidió el 1 de julio de 2026 no extender el T-MEC en su forma actual. No significó cancelarlo. El representante comercial estadounidense confirmó entonces que el acuerdo permanecía vigente mientras continuaran las negociaciones.
Por ello, el tratado entra al mecanismo de revisiones anuales previsto cuando los tres socios no acuerdan una nueva extensión. Es decir, desapareció el escenario inmediato de ruptura, pero no la negociación permanente.
Ebrard pretende cerrar la revisión de este año antes de diciembre. El objetivo es ofrecer certidumbre a empresas que deben decidir ahora dónde producir, invertir o ampliar capacidad durante los próximos años.
Además, el funcionario vinculó esa expectativa con declaraciones recientes de Donald Trump sobre un posible acuerdo comercial con México. No obstante, persisten diferencias importantes en sectores sensibles.
Reuters reportó apenas el 16 de octubre que las conversaciones sobre automóviles, acero y aluminio habían encontrado obstáculos dentro de la administración estadounidense. Las negociaciones continuaban, pero sin acuerdo definitivo sobre las reducciones arancelarias que busca México.

La pelea pendiente
Ahí está la segunda capa del problema. La continuidad del T-MEC despeja una amenaza sistémica, pero no elimina los costos sectoriales que todavía enfrentan exportadores mexicanos.
“¿Qué son los sectores que más nos preocupan ahorita? El automotriz, el acero, aluminio”, explicó Ebrard.
México busca reducir las medidas aplicadas bajo la Sección 232 estadounidense. Washington y México mantienen conversaciones específicas precisamente sobre acero, aluminio y automóviles, además de agricultura, seguridad económica y reglas comerciales.
Ebrard sostiene que México llega a esa mesa con ventaja. Según sus cifras, las exportaciones mexicanas pagan alrededor de 3.2% de arancel efectivo, frente a aproximadamente 22% para China.
Además, la Secretaría de Economía informó en julio que 85% de las exportaciones mexicanas conservaban acceso con arancel cero al mercado estadounidense.
“Si tenemos exportaciones creciendo y somos los que pagamos el arancel más bajo, vamos por buen camino”, respondió ante las críticas opositoras.
Política en pausa
La comparecencia también dejó una frase política. Preguntado otra vez por 2030, Ebrard pidió salir de las listas de presidenciables.
“No. No que me maten, nada más que me borren”, ironizó. Después fue más preciso: “Mi concentración hoy es sacar esto adelante. Y bórrenme de sus listas”.
No es una renuncia política formal. Es, por ahora, una definición de prioridades: la negociación comercial ocupa el centro de su agenda pública.
Ebrard agregó otro elemento: los datos de julio, agosto y septiembre mostrarían mayor dinamismo económico y podrían provocar ajustes al alza en las previsiones. El Senado confirmó que el funcionario presentó esa tendencia durante su reunión de más de tres horas con legisladores.
El mensaje oficial es que el peligro mayor pasó. La prueba siguiente será más concreta: cuánto logra México reducir los aranceles que todavía encarecen sectores estratégicos y qué tanta certidumbre puede ofrecer a la inversión.
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