Tabasco entra al último mes del año con un objetivo que parecía imposible hace apenas dos inviernos: cerrar diciembre sin sobresaltos, sin emboscadas criminales, sin carreteras bloqueadas por el miedo.
La presentación del informe de seguridad al corte de noviembre abrió una ventana para medir si este 2025 marcó un quiebre real o si la calma sigue siendo un experimento en curso. Desde el presídium, el gobernador Javier May Rodríguez sintetizó la apuesta en una frase de alto voltaje político: “en Tabasco no hay impunidad para nadie”.
El manejo del mensaje no fue casual. Diciembre, históricamente, ha sido un mes de tensiones visibles: mayor circulación de efectivo, comercios saturados, carreteras repletas y un flujo turístico que vuelve más vulnerable el territorio.
Por eso, la estrategia de seguridad se activó temprano y con un tono que recuerda los despliegues del norte del país: presencia, coordinación, músculo visible y una narrativa que subraya que el Estado no se retirará de las calles.
May presentó la campaña ‘Navidad Segura 2025’, reforzada con la presencia de la Secretaría de la Defensa Nacional, Marina, Guardia Nacional, FGR, FGE y Tribunal Superior de Justicia. El énfasis fue claro: esta vez, la seguridad del estado se sostiene en un frente común que intenta romper la tradición de instituciones fragmentadas o desgastadas.
La pregunta de fondo —la que un cronista como Mauleón pondría sobre la mesa— es si estas acciones bastarán para detener la dinámica criminal que Tabasco padeció a partir de 2023. Los datos apuntan a una recuperación institucional, pero diciembre es otro examen: uno que no permite errores.






CIUDAD TOMADA
En un estado donde la violencia llegó a normalizarse, el gobierno decidió ocupar, literalmente, el territorio. El operativo arrancó con 3,576 elementos, patrullas, motopatrullas, drones, rhinos y grúas en puntos estratégicos, con una instrucción que sintetiza toda la lógica de la temporada: saturar el espacio público para evitar que el delito encuentre oportunidades. El dispositivo permanecerá activo hasta el 7 de enero de 2026.
Villahermosa lleva el peso mayor del despliegue, al ser el punto donde convergen comercio, turismo y movilidad estatal. Plazas, corredores de restaurantes, paradas de transporte, bulevares y centros comerciales están dentro de la ruta diaria de vigilancia. No se trata solo de disuasión: es un mensaje político hacia dentro y fuera de la administración.
En los 16 municipios restantes, 2,449 elementos y 226 unidades complementan el operativo. El secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Serafín Tadeo Lazcano, subrayó que el despliegue no es ceremonial, sino parte de una estrategia que busca cerrar la puerta a los delitos estacionales: robos a comercio, extorsiones, asaltos en tránsito y eventos en zonas de alta afluencia.
La visibilidad del operativo también envía una señal hacia el crimen organizado. La presencia coordinada de fuerzas federales, fiscales y policías locales rompe un patrón conocido: los picos de violencia decembrinos siempre encontraban a las instituciones aisladas. Esta vez, al menos en el diseño, la respuesta es unificada.




OPERATIVO EN MARCHA
Si la presencia en las calles es el frente visible, las cifras del Ministerio Público representan el frente silencioso. La FGE reportó 2,621 detenidos, 751 cateos, 1,451 mandamientos cumplidos, 3,798 vinculaciones a proceso y 734 sentencias condenatorias. Para un estado donde la percepción de impunidad marcó el pulso de los últimos años, estas cifras buscan recuperar un activo perdido: la confianza ciudadana.
La FGR, por su parte, presentó números que el propio delegado calificó como “sin precedentes”: 187 sentencias, 400 judicializaciones, 450 vinculaciones y 50 cateos vinculados al huachicol.
A ello se suman 1,583 policías capacitados como primeros respondientes y acciones de prevención para 17,038 estudiantes, una apuesta que intenta cambiar la relación entre ciudadanía y autoridad.
Los municipios más intervenidos —Huimanguillo, Cunduacán, Cárdenas, Comalcalco, Centro y Tenosique— forman un corredor crítico donde confluyen delitos patrimoniales, tráfico de mercancías y rutas de hidrocarburo. Si ese corredor se mantiene estable durante diciembre, el gobierno habrá logrado más que un operativo: habrá contenido una zona históricamente vulnerable.
El vocero del Gobierno, Héctor Damián Pérez Ruiz, subrayó la importancia del 911 y del 089, no por trámite, sino porque Tabasco tiene un problema estructural de subdenuncia. El llamado a denunciar, insistió, es parte del operativo: sin denuncia, no hay inteligencia; sin inteligencia, no hay prevención.
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EL ESTADO RESPIRA
Detrás del despliegue hay un objetivo menos visible: consolidar una narrativa política de recuperación. Javier May ha insistido en que la seguridad es responsabilidad directa del Estado, y esa insistencia es también una forma de deslindarse de administraciones pasadas que criticaron a la delincuencia sin intervenir en la estructura institucional que debía contenerla.
El operativo decembrino es, en ese sentido, la prueba de fuego de un año de reacomodos internos: depuración policial, fortalecimiento ministerial, coordinación con la federación y reconstrucción de mandos. No es solo una estrategia de fin de año; es el intento de demostrar que Tabasco dejó atrás un ciclo de deterioro.
El énfasis en la proximidad social —709 acciones, ministerios públicos itinerantes, atención por correo, chats y jornadas comunitarias— intenta corregir un defecto histórico: la distancia entre autoridades y ciudadanos. En Tabasco, la gente dejó de denunciar porque dejó de creer. La administración intenta revertir ese reflejo.
Si este nuevo andamiaje de seguridad se sostiene más allá de diciembre, el gobierno podrá reclamar algo que pocos estados pueden exhibir: una ruta consistente hacia la pacificación. Ese es el verdadero desafío.
EL CIERRE
La interrogante final no necesita adornos: ¿basta todo esto para blindar diciembre? En un estado donde el miedo dejó marcas profundas, la estabilidad exige más que anuncios; exige continuidad, inteligencia y presencia. El despliegue es robusto, las cifras son contundentes y la coordinación luce inédita. Pero diciembre siempre ha sido el mes más impredecible.
El gobierno juega con la ventaja de haber logrado avances documentados y con la desventaja de que cualquier incidente relevante puede golpear la narrativa. Por eso, este operativo no solo busca garantizar tranquilidad: busca confirmar que Tabasco ya no está condenado a vivir diciembre con sobresaltos.
Si el estado logra cerrar el año sin episodios mayores, Navidad Segura 2025 será algo más que una campaña: será un parteaguas.
Y en Tabasco, un parteaguas nunca es poca cosa.




