CDMX.— La violencia en México no suele ofrecer treguas estadísticas. Por eso, cuando los números retroceden, la noticia no es menor: es política pública, gestión institucional y, sobre todo, vidas que no se perdieron.
El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) reportó que en el primer semestre de 2025 se registraron 14 mil 488 homicidios, una disminución de 11.15% frente al mismo periodo de 2024. La cifra, además, es la más baja desde 2016 para un arranque de año comparable.
El dato no es discursivo. Proviene de certificados de defunción, registros civiles y servicios forenses. Es decir: evidencia médica, no percepción.
CIFRA CLAVE
De enero a junio, el país promedió 80 homicidios diarios. Sigue siendo alto, pero menor al de años recientes. En 2024 fueron 16 mil 306 casos; en 2020 —el pico histórico— se alcanzaron 18 mil 057. Frente a ese año crítico, la reducción ronda el 20%.
La lectura es doble. Por un lado, el descenso confirma una tendencia de desaceleración iniciada tras los años más violentos de la última década.
Por otro, muestra que la violencia letal ya no crece al ritmo que marcó la crisis de 2018–2021. No es una victoria definitiva, pero sí un viraje.
SERIE HISTÓRICA
El Inegi publicó su comparativo desde 1990. Aunque los datos de 2025 son preliminares, permiten ubicar el comportamiento del delito en perspectiva. El semestre actual se coloca por debajo de los registros de los últimos nueve años. El único punto menor fue 2016, con 10 mil 963 asesinatos.
En seguridad, los descensos graduales suelen ser más sólidos que las caídas abruptas. Implican ajustes sostenidos: operativos focalizados, coordinación federal–estatal y presión judicial. No se anuncian, se acumulan.
La violencia mantiene su patrón. Tres de cada cuatro homicidios se cometieron con arma de fuego (71.9%). Las armas punzocortantes representaron 8.8%. El fenómeno sigue ligado al crimen organizado y a disputas territoriales.
El impacto por sexo también es desigual. 88% de las víctimas fueron hombres. La tasa masculina bajó de 22.6 a 20.1 por cada 100 mil habitantes; en mujeres descendió de 2.8 a 2.3. La brecha se mantiene, pero ambas curvas retroceden.
LECTURA POLÍTICA
Las estadísticas no resuelven el debate de seguridad, pero sí desmontan la narrativa de estancamiento permanente. El descenso sostenido obliga a matizar: el país sigue enfrentando violencia estructural, pero ya no en escalada.
Para cualquier gobierno, la seguridad es el termómetro más sensible. Cada punto porcentual representa menos funerales, menos carpetas abiertas, menos comunidades en luto. No es propaganda: es demografía.
El reto ahora será sostener la tendencia. Porque en México, más que los anuncios, lo que pesa son los números.
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