El martes pasado, en un salón con gobernador, magistrados y alcaldesa, el Consejo Coordinador Empresarial de Tabasco entregó su galardón más visible: la Medalla al Mérito Empresarial 2025.
El destinatario fue el ingeniero Jaime Merodio Calix, originario de Cunduacán, fundador de Merodio Construcciones. Un constructor en el sentido más literal: el hombre que puso los cimientos del Altia, el Park Premier, el Ankor y decenas de puentes que unen municipios que de otro modo quedarían separados por los ríos y las lluvias de este estado.
El gobernador Javier May Rodríguez entregó el galardón y marcó el tono del discurso oficial. “Hoy se honra a quien recibe esta medalla, cuya labor refleja la perseverancia necesaria para emprender, sostener y consolidar proyectos en contextos que exigen carácter y determinación”, dijo.
Luego vinculó el reconocimiento con la agenda de su administración, en particular con el plan Villahermosa 2030, el esquema urbanístico que busca reposicionar a la capital tabasqueña como destino de inversión regional.
No es un movimiento inusual. Los actos de reconocimiento empresarial funcionan también como declaraciones de intención política: el gobernante que entrega la medalla señala con quién quiere caminar.
Junto a miembros del Consejo Coordinador Empresarial, entregamos la Medalla al Mérito Empresarial 2025, al constructor, Jaime Merodio Calix. Es un galardón que distingue a mujeres y hombres que destacan por su visión y compromiso con la sociedad, y que celebra los éxitos de… pic.twitter.com/KSVTvBsrWV
— JAVIER MAY (@TabascoJavier) April 14, 2026
28 años de obra en asfalto y concreto
La trayectoria de Merodio Calix no es un currículum para enmarcar. Es la infraestructura que cualquier tabasqueño usa sin saber el nombre de quien la construyó. Desde 1998, cuando fundó Merodio Construcciones, su empresa trabajó en las cuatro rutas de acceso a Villahermosa: el entronque Cárdenas, el puente Parrilla II hacia Teapa, el puente Poza Azul en la ruta a Macuspana, el puente entronque Frontera. En la vía corta a Comalcalco levantó siete puentes. En el libramiento Villahermosa, otros tantos.
Sus clientes han sido la Secretaría de Infraestructura, la Comisión Nacional del Agua, Pemex Exploración y Producción, la Junta Estatal de Caminos, y firmas privadas como Techint, Holcim Apasco y el Grupo Carso. La empresa tiene certificaciones ISO 9001, ISO 14001 y normas de seguridad laboral —un detalle que en el sector de la construcción pública en México no es la regla, sino la excepción.
Dolores del Carmen Hernández Valencia, presidenta del CCET, fue precisa al describir el perfil técnico del homenajeado: “Su especialización en obra mecánica y amplia experiencia en cimentación profunda han sido determinantes en la ejecución de proyectos de gran relevancia, contribuyendo al fortalecimiento de la infraestructura y al crecimiento sostenido de la región”.

Lo que el acto dice más allá del acta
La Medalla al Mérito Empresarial del CCET no es un trofeo decorativo. Es un barómetro del estado de las relaciones entre el gobierno estatal y el sector privado. Que el propio gobernador haya encabezado el acto —acompañado por la secretaria de Turismo y Desarrollo Económico, Katia Ornelas Gil, y por el presidente de la Jucopo, Jorge Bracamonte Hernández— indica que la actual administración busca consolidar señales de apertura hacia el gremio constructor.
No obstante, en un estado donde buena parte de la obra pública se financia con recursos federales y donde Pemex sigue siendo el cliente más importante, el equilibrio entre sector privado local y prioridades del gobierno central siempre es frágil.
Esta mañana, el Consejo Coordinador Empresarial de Tabasco otorgó la Medalla al Mérito Empresarial 2025. En una ceremonia encabezada por el gobernador Javier May Rodríguez, se reconoció la destacada trayectoria del ingeniero Jaime Merodio Calix.
— Yolanda Osuna Huerta (@YolandaOsunaH) April 14, 2026
Mi felicitación por esta merecida… pic.twitter.com/RnwaIxfuRI
Merodio Calix lo sabe. En su discurso de aceptación eligió el lenguaje del gremio, no el de la tribuna: “Este premio no solamente representa un logro personal, también se traduce en un oportuno exhorto a todo nuestro gremio para no bajar la velocidad y seguir trabajando con pasión y dedicación, a enfrentar nuevos retos con dinamismo y con altura de miras”.
Por ello, más que un reconocimiento a un empresario, el acto del martes fue una lectura del momento político: un gobierno estatal que necesita mostrar músculo económico propio, un sector constructor que reclama continuidad en los contratos, y un plan —Villahermosa 2030— que aún requiere quién lo ejecute ladrillo a ladrillo.
Cunduacán a Villahermosa: la ruta del concreto armado
El ingeniero Merodio Calix tiene 62 años y una biografía que podría leerse como metáfora de la movilidad social que el estado prometió durante décadas a sus ingenieros y técnicos. Nacido en Cunduacán en 1963, estudió Ingeniería Civil en la Universidad Mundo Maya y obtuvo su maestría en Estructuras en la Universidad Valle del Grijalva. No salió a formarse fuera. Se quedó, apostó al sureste y construyó aquí.
Su empresa genera 1,200 empleos directos y más de 2,000 indirectos por año. En las dos grandes inundaciones que sacudieron a Tabasco, Merodio Construcciones participó también en labores de rescate y ayuda humanitaria. Eso no aparece en el contrato de obra, pero define la raíz tabasqueña del empresario.
En este sentido, el reconocimiento del CCET no premia sólo la rentabilidad de una empresa. Premia una forma de entender la construcción como compromiso territorial. En Tabasco, donde el agua lo erosiona todo, lo que perdura fue construido bien. Y hay puentes, clínicas y edificios que ya lo demuestran.
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