Javier May Rodríguez aparece de pie, sonriente y silueteado sobre fondo editorial azul plomo, acompañado de un gráfico informativo que destaca su cuarto lugar nacional y 61.8% de aprobación según FactoMétrica en enero de 2026.

FactoMétrica coloca a May en el Top 5 nacional

Héctor I. Tapia

El arranque de 2026 para Javier May Rodríguez llega con una fotografía estadística nítida, difícil de relativizar y, sobre todo, políticamente significativa: FactoMétrica lo ubica en el cuarto lugar nacional de aprobación, con 61.8% de evaluación positiva sobre su trabajo general.

No es un dato decorativo ni un pico anecdótico. En el tablero de los 32 gobernadores del país, rebasar la barrera del 60% implica entrar al bloque de mandatarios con respaldo holgado, ese pequeño grupo donde la aprobación no sólo es mayoría, sino cómoda y estable.

La encuesta —mil entrevistas por estado, levantadas entre el 5 y el 9 de enero, con 95% de confianza y margen de error de ±3.1%— formula una pregunta directa, sin rodeos: cómo califican los ciudadanos el desempeño del gobernador.

La suma de respuestas “bien” y “muy bien” empuja a Tabasco a la parte alta del ranking, sólo detrás de tres entidades. Traducido al lenguaje político más simple: no hay desgaste prematuro ni fatiga temprana del electorado. El gobierno conserva capital de arranque.

Ese dato adquiere más peso si se mira el contexto. Los primeros meses de una administración suelen ser el periodo más volátil: expectativas infladas, ajustes internos, inercias burocráticas y los inevitables conflictos de arranque.

Muchos gobiernos caen rápido al rango de 45–50% apenas comienza la operación real del poder. Mantenerse arriba de 60% en ese punto no es normal estadísticamente; es una excepción.

Pero el número fuerte no se agota en la aprobación general. Al abrir los rubros específicos, el desempeño mantiene consistencia. No hay un solo indicador que infle artificialmente la media. La percepción positiva se reparte.

RENDIMIENTO TRANSVERSAL

En combate a la inseguridad, FactoMétrica reporta 50.2% de aprobación y séptimo lugar nacional. En un tema que históricamente castiga a casi todos los gobiernos estatales, colocarse en la mitad alta del ranking ya representa un desempeño competitivo. No lidera, pero tampoco retrocede. Es un indicador de estabilidad operativa.

En transparencia y combate a la corrupción, la aprobación se ubica en 43.8%, noveno lugar nacional. Es el rubro más exigente —y el más difícil para cualquier administración—, pero aun así Tabasco se mantiene dentro del top diez. Técnicamente, esto sugiere que incluso en la evaluación más severa el gobierno no cae a zona de rechazo.

Visto en conjunto, el patrón es claro: top 10 en los tres indicadores medidos. No es un destello aislado, sino una evaluación transversal que cubre gestión, seguridad e institucionalidad. Cuando varias métricas coinciden en la misma dirección, la fotografía gana solidez metodológica.

A esta lectura se suma Rubrum, que trabaja con una herramienta distinta. En lugar de porcentajes de aprobación, pregunta por calificación directa al desempeño. El resultado para May es 6.64 de nota promedio y sexto lugar nacional.

La escala cambia, pero el mensaje es similar: no es un gobierno reprobado ni frágil; es un gobierno con valoración media-alta, instalado en la zona superior del tablero.

REFERENCIAS LATERALES

Como punto de comparación aparece CEResearch / Ranking de Gobernadores, cuyo corte de enero y febrero registra 46% de aprobación y lugar 22 nacional, sin movimiento entre meses.

Es una medición más severa, con preguntas y ponderaciones distintas, que funciona como piso realista del apoyo ciudadano. No habla de entusiasmo amplio, pero tampoco de colapso.

Si se cruzan únicamente los ejercicios comparables en porcentaje, el rango se mueve entre 46% y 61.8%. El promedio ponderado cae alrededor de 54–55%. Esa cifra intermedia describe mejor el momento: aprobación suficiente, pero no blindada. Aprobado, sí; sobrado, no.

Ese matiz importa. Porque en política los gobiernos rara vez operan con mayorías abrumadoras. La estabilidad suele construirse con números en los cincuenta. Y desde esa lógica, el desempeño de arranque de Tabasco se ubica dentro del estándar funcional de gobernabilidad.

CONTEXTO NACIONAL

El telón de fondo termina de dimensionar el dato. El Ranking Mitofsky de diciembre de 2025 mostró que el promedio nacional de aprobación de los 32 gobernadores cerró por debajo del 50%, es decir, la calificación colectiva terminó prácticamente reprobada . No fue un fenómeno local, sino una tendencia extendida de desgaste.

Bajo ese clima, iniciar el año por encima de 60% no es una rutina estadística. Es, en sentido estricto, una anomalía positiva. Mientras la mayoría pelea por no caer debajo de la mitad del electorado, Tabasco aparece instalado en la franja alta.

Así, la conclusión es concreta: FactoMétrica dibuja un arranque sólido, con Javier May dentro del grupo de mejor evaluación nacional, respaldado por consistencia en distintos rubros y con margen político intacto para el primer semestre. El reto ya no es despegar, sino sostener.

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