Héctor I. Tapia
El número que realmente importa no es redondo ni simbólico. No son “2 mil millones”. El contrato firmado para el nuevo Centro de Convenciones y Exposiciones de Tabasco fija 1,872 millones de pesos con IVA incluido. Esa es la cifra legal, presupuestal y exigible que quedó asentada en actas públicas.
Es el monto que compromete al gobierno, no el discurso. Y ese dato, más que la ceremonia de la primera piedra, marca la diferencia entre una obra política y una obra ejecutable.
Los documentos técnicos revisados por este medio muestran algo inusual en la historia reciente de la infraestructura estatal: calendario definido, recursos plurianuales amarrados y pagos contra avance físico, no anticipos.
Traducido al lenguaje de obra pública: el proyecto arranca con candados financieros que reducen el margen para retrasos, ampliaciones discrecionales o rescates presupuestales de última hora. El dinero no se promete; ya está etiquetado por ejercicio fiscal.
El fallo de la licitación refuerza esa lógica. Calzada Construcciones no ganó por invitación ni cercanía política, sino por calificación técnica. Obtuvo 99.30 puntos de 100, la evaluación más alta del proceso, superando a su competidor en propuesta económica, metodología y capacidad operativa.
En un entorno donde históricamente los grandes contratos se definían en oficinas, aquí el desempate quedó en el expediente: puntaje, actas y criterios medibles.
La arquitectura financiera también rompe inercias. El esquema aprobado distribuye los recursos en dos ejercicios —2026 y 2027— con supervisión externa independiente y sin adelantos millonarios.
Es un detalle que parece administrativo, pero que en Tabasco ha sido la frontera entre obras terminadas y elefantes blancos. Sin anticipo no hay caja libre; sin caja libre, no hay tentación de frenar a mitad de camino.
Con ese andamiaje técnico y presupuestal, la colocación de la primera piedra realizada el lunes en el Parque Tabasco dejó de ser acto protocolario para convertirse en punto de no retorno. Porque ahora el reloj corre con fecha contractual: arranque formal en febrero y entrega programada para diciembre de 2027. Más que discurso, hay cronograma. Y en obra pública, el calendario vale más que cualquier render.
CIFRA REAL
El número que realmente importa no es redondo ni simbólico. No son “2 mil millones”. El contrato firmado para el Centro de Convenciones y Exposiciones de Tabasco fija 1,872 millones de pesos con IVA incluido. Esa es la cifra legal, presupuestal y exigible que quedó asentada en actas públicas.
Es el monto que compromete al gobierno, no el discurso. Y ese dato, más que la ceremonia de la primera piedra, marca la diferencia entre una obra política y una obra ejecutable.
Los documentos técnicos revisados muestran algo poco común en la historia reciente de la infraestructura estatal: calendario definido, recursos plurianuales etiquetados y pagos contra avance físico, no anticipos.
Traducido al lenguaje de obra pública: el proyecto arranca con candados financieros que reducen el margen para retrasos, ampliaciones discrecionales o rescates presupuestales de última hora. El dinero no se promete; ya está asignado.
POR PUNTOS
El fallo de la licitación refuerza esa lógica. Calzada Construcciones no ganó por invitación ni cercanía política, sino por calificación técnica. Obtuvo 99.30 puntos de 100, la evaluación más alta del proceso, superando a su competidor en propuesta económica, metodología y capacidad operativa.
En un entorno donde históricamente los grandes contratos se definían en oficinas, aquí el desempate quedó en el expediente: puntaje, actas y criterios verificables.
El proceso dejó rastro documental: visitas de obra, juntas de aclaraciones, requisitos financieros, catálogo de conceptos y garantías. Nada espectacular, pero sí suficiente para blindar la decisión. La señal es clara: el contrato no nació de la discrecionalidad, sino de una mesa técnica. Y eso, en obra pública local, cambia el punto de partida.
CONTRATO BLINDADO
La arquitectura financiera también rompe inercias. El esquema aprobado distribuye los recursos en dos ejercicios —2026 y 2027— con supervisión externa independiente y sin adelantos millonarios. Es un detalle que parece administrativo, pero en Tabasco ha sido la frontera entre obras terminadas y elefantes blancos. Sin anticipo no hay caja libre; sin caja libre, no hay tentación de frenar a mitad de camino.
Con ese andamiaje técnico y presupuestal, la colocación de la primera piedra realizada en el Parque Tabasco dejó de ser acto protocolario para convertirse en punto de no retorno. Porque ahora el reloj corre con fecha contractual: arranque formal en febrero y entrega programada para diciembre de 2027. Más que discurso, hay cronograma. Y en infraestructura pública, el calendario vale más que cualquier render.
ESCALA REGIONAL
Una vez amarrado el contrato, el siguiente dato deja de ser técnico y se vuelve económico. El nuevo Centro de Convenciones y Exposiciones de Tabasco no está diseñado como salón de eventos, sino como infraestructura de mercado.
Ocho mil personas en área de exposiciones, cuatro mil en auditorio, ochenta mil en zona abierta y más de cuatro mil cajones de estacionamiento. Son números de sede nacional. No de capital rezagada.
Eso redefine la conversación. Durante cuatro décadas Villahermosa compitió con teatros adaptados, estacionamientos improvisados y ferias temporales. Mientras Mérida, Veracruz o Tuxtla ampliaban recintos, Tabasco operaba con el edificio inaugurado en 1982. El resultado fue simple: congresos, convenciones médicas, expos industriales y espectáculos masivos se iban a otra parte. El dinero también.
La nueva capacidad cambia la ecuación. Cada evento significa noches de hotel, restaurantes llenos, taxis, proveedores, renta de equipo, empleos eventuales y cadenas completas de servicios. No es glamour urbano: es flujo de caja. Ese es el negocio real del turismo de reuniones.





VOCES LOCALES
Ahí aparece otro ángulo poco visible pero relevante. El secretario Daniel Arturo Casasús Ruz confirmó que la licitación se hizo con normativa estatal para priorizar empresas con registro local. La instrucción fue clara: arraigo antes que firmas foráneas. La lógica es política, sí, pero también económica. Que el gasto se quede en casa.
Además, el proyecto incorpora Comité de Vigilancia Ciudadano y supervisión externa independiente. Cámaras empresariales y ciudadanos participarán revisando avances, calidad y cumplimiento. Es un mecanismo incómodo para cualquier constructor, pero útil para blindar la obra. Transparencia preventiva, no explicaciones tardías.
Las propias cámaras lo leen así. Dirigentes del sector empresarial reconocen que el recinto coloca a Tabasco en el mapa del turismo de negocios, un mercado que deja más derrama que el visitante de fin de semana. Después del petróleo, dicen, el turismo corporativo puede convertirse en la nueva palanca.
EFECTO CIUDAD
En paralelo al contrato del Centro, el gobierno estatal ya empezó a mover el resto del tablero urbano. Javier May presentó ante empresarios el plan Villahermosa 2030, con una bolsa anunciada de más de 3 mil millones de pesos y un horizonte de conclusión en 2027.
No es un dato decorativo: sirve para medir si el recinto tendrá lo que suele faltar en Tabasco cuando se inaugura una obra grande—conectividad, accesos y entorno funcionando al mismo tiempo.
El Plan Villahermosa 2030 tampoco camina solo. Los documentos integran ampliación de Paseo Tabasco, puente sobre el Carrizal, reconfiguración de carriles, semaforización inteligente y transporte híbrido. La apuesta no es sólo construir un edificio, sino crear accesos, movilidad y seguridad alrededor. Un recinto sin conectividad es un elefante blanco; con vialidades, se vuelve distrito económico.
El paquete suma cerca de 7 mil millones de pesos en infraestructura complementaria. Es decir, el Centro de Convenciones funciona como ancla urbana. A su alrededor se reordena el poniente de la ciudad: tránsito, comercio, servicios, plusvalía inmobiliaria. El impacto no se limita a congresos; altera la geografía económica.
Por eso el arranque formal de obra tiene lectura distinta. No se trata sólo de la primera piedra. Se trata de activar un nodo que arrastra inversión pública y privada. Un punto donde confluyen transporte, seguridad, espectáculos y negocios.
LECTURA POLÍTICA
En política local la memoria pesa. Desde Roberto Madrazo hasta administraciones recientes, el nuevo Centro de Convenciones fue promesa recurrente. Se anunciaba, se presupuestaba, se congelaba. Cambiaban maquetas; no cambiaba el terreno. Esta vez el contraste es documental: contrato firmado, monto definido, calendario público y empresa adjudicada por puntos.
Eso no garantiza éxito automático, pero sí reduce el margen para el fracaso discrecional. La diferencia entre promesa y obra es método. Y el método, en infraestructura, empieza por el expediente.
Al final, el dato más contundente no es la ceremonia ni el discurso. Es que por primera vez en décadas Tabasco tiene cifra real, constructor definido y fecha de entrega. El resto —derrama, empleo, turismo— vendrá si el calendario se cumple. Pero el piso, al menos en papel, ya está firme.
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