Un error de segundos en WhatsApp ocurrió el viernes. La ofensiva política comenzó después. La publicación accidental de un video de Daniel Casasús Ruz en el estado personal de Jorge Alberto Zavala Frías, secretario Ejecutivo del IEPC, dio argumento suficiente para que partidos opositores, comentaristas y espacios digitales pasaran rápidamente de cuestionar el episodio a exigir su renuncia.
Pero detrás del escándalo existe una segunda lectura, más incómoda para el propio instituto: Zavala es precisamente el funcionario de mayor peso operativo que no suele ser colocado dentro del bloque de influencia política asociado a Jorge Montaño Ventura y al grupo de Adán Augusto López Hernández, cuya presencia alrededor del organismo electoral ha sido señalada durante años en la disputa política tabasqueña. Eso cambia el tamaño del episodio.
El asunto ya no consiste únicamente en determinar si un funcionario electoral cometió una imprudencia al manipular su teléfono. También obliga a preguntar quién gana si Zavala sale del IEPC y cómo quedaría distribuido el poder interno del organismo rumbo a 2027.
EL CASO
DE ERROR A OFENSIVA
Una publicación accidental escaló hasta convertirse en presión política por su salida.
El error
Jorge Zavala publica accidentalmente en WhatsApp un video de Daniel Casasús.
La presión
PRI y Movimiento Ciudadano pasan del cuestionamiento a exigir su separación.
Más voces
La controversia sale del terreno partidista y alcanza incluso al obispo de Tabasco.
Respaldo interno
Elizabeth Nava mantiene a Zavala y sostiene que un error puede cometerlo cualquiera.
El fondo
La discusión pasa del teléfono al equilibrio interno del árbitro electoral.
FUENTE: declaraciones públicas de Jorge Zavala, PRI, MC, IEPC, Obispado de Tabasco y Gobierno estatal.
El error, el pretexto
Zavala reconoció que el video apareció en su estado de WhatsApp y sostuvo que ocurrió mientras revisaba sus redes desde su domicilio, fuera de horario laboral. Aseguró que no produjo el material, que no añadió comentario alguno y que lo retiró apenas detectó la publicación.
“Fue un error involuntario que se presentó al estar revisando en lo personal una red social”, explicó. Hasta ahí, el episodio tenía dimensiones administrativas y de imagen pública.
Sin embargo, en cuestión de horas el error dejó de discutirse como error y comenzó a utilizarse como argumento para reclamar la cabeza del secretario Ejecutivo.
Ese salto es el que merece atención.
Porque una cosa es exigir al árbitro electoral un estándar superior de cuidado —obligación indiscutible— y otra convertir un estado accidental de WhatsApp, sin mensaje de respaldo añadido, en prueba automática de militancia, operación electoral o subordinación política.

Van por su salida
El PRI pidió una investigación institucional y planteó incluso la separación o renuncia de Zavala mientras se esclarecen los hechos. Movimiento Ciudadano fue más lejos. Su vocero, Juan Pablo de la Fuente Utrilla, calificó el episodio de “gravísimo” y exigió directamente la renuncia del secretario Ejecutivo.
Formalmente, ambas posiciones pueden sostenerse sobre una preocupación legítima: la imparcialidad del organismo. Políticamente, sin embargo, la consecuencia sería mucho mayor que la sanción por una publicación equivocada: sacar del tablero a una de las pocas figuras de conducción del IEPC que no es identificada con el grupo que durante años ha gravitado alrededor del instituto. Ahí es donde el viernes deja de ser una historia de WhatsApp. Y empieza una disputa por el árbitro.
La presión llegó al punto de meter incluso al obispo de Tabasco en la controversia. Gerardo de Jesús Rojas López fue consultado sobre el caso y sostuvo que quienes trabajan en los órganos electorales deben mantenerse imparciales. “Inclinarse a uno ya no hay imparcialidad”, señaló, y añadió que cualquier conducta de ese tipo debe encontrar sanción en la legislación. La declaración amplió todavía más un episodio que había comenzado con un error en WhatsApp: de los partidos y los medios, la discusión terminó alcanzando hasta al jerarca católico.
LAS POSTURAS
QUIÉN DICE QUÉ
Cinco voces muestran cómo el error terminó convertido en disputa institucional.
Jorge Zavala
Fue un error involuntario
Fue un error involuntario que se presentó al estar revisando en lo personal una red social.
El secretario Ejecutivo sostiene que el material no fue elaborado por él, que apareció accidentalmente y que fue retirado inmediatamente.
PERMANECE EN EL CARGOFUENTE: declaraciones públicas de los actores involucrados.
El IEPC cierra filas
Mientras afuera crecían las exigencias de renuncia y la controversia alcanzaba incluso al obispo de Tabasco, dentro del IEPC la respuesta fue cerrar filas en torno a Jorge Zavala.
La consejera presidenta, Elizabeth Nava Gutiérrez, confirmó su permanencia en el cargo y redujo el episodio a un error humano. “Un error lo comete cualquiera”, sostuvo, al tiempo que negó que dentro del instituto existan sesgos o favoritismos partidistas.
Sin embargo, la propia Nava reconoció que los funcionarios electorales tienen una responsabilidad mayor frente a la ciudadanía. “Sabemos que tenemos nuestra doble investidura: de ciudadanos, pero también de funcionarios públicos. Sabemos que tenemos un deber mayor de cuidado”, expresó.
La señal interna fue clara: el IEPC no compró la exigencia de removerlo. Y eso colocó la disputa en otro nivel: ya no sólo se discutía el error de Zavala, sino también si ese episodio bastaba para sacar del tablero a una pieza que no forma parte del bloque identificado con Montaño-Adán.
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