Itamar Ben-Gvir, ministro de Seguridad Nacional de Israel, sonríe durante una entrevista
Itamar Ben-Gvir, ministro de Seguridad Nacional de Israel, durante una entrevista reciente. Desde su cargo pidió matar a decenas de palestinos cada noche.

Ben-Gvir ordena matar por número: 30 a 40 gazatíes cada noche

JERUSALEN.— Hay una frase que resume mejor que cualquier análisis el punto en el que se encuentra hoy la guerra de Gaza, y la dijo, sin titubear, el propio ministro de Seguridad Nacional de Israel. Itamar Ben-Gvir propuso matar entre 30 y 40 palestinos cada noche, incluidos quienes “no representen una amenaza inmediata”, porque, según sus palabras, “no merecen vivir, ni siquiera son personas”.

Lo dijo en un pódcast conducido por un exrehén israelí, con la misma tranquilidad con la que otros hablan del clima. No es un exabrupto aislado: es la temperatura política real de un gabinete que sostiene, y a la vez sabotea, el plan de paz que Washington intenta salvar.

Para entender el peso real de esa frase hay que saber quién la dijo. Ben-Gvir, de 48 años, no es un legislador de segunda línea: dirige la policía de Israel desde el ministerio de Seguridad Nacional y es socio indispensable de la coalición que sostiene a Netanyahu en el poder. Viene de una historia judicial cargada: ocho condenas por delitos que incluyen racismo y apoyo a una organización considerada terrorista, y un pasado como seguidor del rabino ultranacionalista Meir Kahane, tan extremo que el propio ejército israelí lo eximió del servicio militar obligatorio por sus ideas.

Antes de llegar al gobierno se hizo célebre por arrancarle el emblema al auto del entonces primer ministro Isaac Rabin, semanas antes de que este fuera asesinado por otro extremista judío opositor a la paz con los palestinos. Ese historial es la clave para leer todo lo que sigue: no habla desde el margen, habla desde el control de la fuerza pública israelí.

El ultraderechista fue más allá del odio verbal. Pidió que los prisioneros palestinos condenados sean ahorcados “uno por uno” y celebró que las condiciones carcelarias para ellos se hayan endurecido. No habla desde la periferia del poder: dirige la policía israelí y, como socio clave de la coalición de Benjamín Netanyahu, tiene capacidad real de tumbar al gobierno y forzar elecciones anticipadas si algo lo incomoda demasiado. Esa amenaza silenciosa pesa sobre cada decisión que Netanyahu toma respecto de Gaza.

El respaldo institucional a ese discurso ya existe. El 30 de marzo pasado, el Parlamento israelí aprobó una ley que habilita la pena de muerte por ahorcamiento para palestinos condenados por asesinar israelíes, si un tribunal militar determina que hubo “terrorismo” o negación del Estado de Israel. Ben-Gvir no improvisa: legisla su discurso y después lo pronuncia en público, con la certeza de que el aparato legal ya lo respalda.

Y no se detiene en el enclave costero. “Toda Gaza es nuestra”, declaró, proponiendo asentamientos en toda la franja, “la mayor emigración posible” de su población hacia otros países y, para quienes considera terroristas, ninguna salida: “simplemente matarlos uno por uno”. Es la misma lógica de expulsión y exterminio que sostiene desde que empezó su carrera política.

La amenaza nocturna

Ben-Gvir propuso matar entre 30 y 40 palestinos cada noche desde su cargo de ministro.

Cifra propuesta 30 a 40 muertes por noche
Incluye a Personas sin amenaza inmediata, según el propio ministro
Pena solicitada Horca “uno por uno” para prisioneros
Cargo que ocupa Ministro de Seguridad Nacional, a cargo de la policía israelí

Ben-Gvir puede romper la mayoría parlamentaria de Netanyahu si decide abandonar la coalición.

Fuente: Declaraciones públicas de Itamar Ben-Gvir / Elaboración propia

Una negociación que camina sobre una cuerda floja

Mientras Ben-Gvir habla de exterminio, otro hombre cercano a la Casa Blanca trabaja, a contrarreloj, para que la guerra no se reactive del todo. Jared Kushner, yerno y asesor del presidente Donald Trump, llegó el fin de semana a Egipto en una visita no anunciada y sostuvo un encuentro inusual con Jalil al Haya, el líder político de Hamas, en la ciudad de El Alamein. La reunión, según fuentes citadas por medios internacionales, se extendió entre 90 minutos y más de dos horas, con la presencia de representantes de Egipto, Catar y Turquía.

El mensaje que Kushner llevó fue directo: el plan de 15 puntos impulsado por Trump “no está sujeto a renegociación alguna”. No se discuten sus términos, se implementan. Hamas, por su parte, puso condiciones propias: solo comenzará a desarmarse si Netanyahu se compromete públicamente, y por escrito, a respetar el acuerdo. Es un cruce de desconfianzas mutuas donde cada bando exige del otro una garantía que no está dispuesto a dar primero.

Un niño camina entre autos destruidos y escombros en Gaza
Un niño camina apoyado en un bastón entre vehículos destruidos y ruinas en Gaza, mientras la guerra sigue marcando la vida cotidiana en el enclave.

Netanyahu, mientras tanto, repitió ante el propio Kushner que las fuerzas israelíes no se retirarán de Gaza hasta que concluya el desarme de Hamas. Ambas partes acordaron que el primer paso sería pedirle al movimiento islamista que entregue sus armas para desmantelarlas bajo supervisión de un general estadounidense, aunque Washington todavía no confirmó ese detalle. El propio Netanyahu y la llamada Junta de Paz, el organismo que supervisa el alto el fuego, definieron además dos grupos de trabajo: uno para el desarme del enclave, que debe avanzar antes que cualquier reconstrucción, y otro para atender el colapso sanitario de Gaza, con el agua potable y el saneamiento como prioridad inmediata.

Ahí aparece otro dato que rara vez se menciona: la llamada Línea Amarilla, la demarcación del alto el fuego que Israel corrió unilateralmente hacia la costa para quedarse con más del 60% del territorio de Gaza, en los hechos por encima de lo pactado en octubre de 2025. Kushner, según diplomáticos árabes consultados, no tiene previsto plantear ese punto en su reunión con Netanyahu. Es la parte del plan que nadie quiere abrir todavía, porque hacerlo podría tumbar el frágil equilibrio logrado hasta ahora.

El plan que no se negocia

Kushner viajó a Egipto para exigir a Hamas el desarme sin abrir el plan a cambios.

Duración del encuentro Entre 90 minutos y más de dos horas
Mediadores presentes Egipto, Catar y Turquía
Condición de Hamas Compromiso público de Netanyahu antes de desarmarse
Grupos de trabajo Desarme y desmilitarización; sanidad y agua potable

El plan contempla 15 puntos y busca evitar toda renegociación de sus términos.

Fuente: Oficina del Primer Ministro de Israel / Elaboración propia

La condena diplomática y el terreno que arde

Ocho países de la región, entre ellos Arabia Saudita, Turquía, Catar, Egipto y Emiratos Árabes Unidos, firmaron un comunicado conjunto responsabilizando a Israel de trabar la paz en Gaza. El texto sostiene que el rechazo israelí a la hoja de ruta “confirma” quién obstaculiza el proceso, y remarca que las distintas facciones palestinas ya la aceptaron. Es una condena inusualmente unificada entre gobiernos que no siempre coinciden entre sí, y que llega justo cuando Washington necesita mostrar avances.

Sobre el terreno, la tensión no da tregua. Más de 150 colonos israelíes irrumpieron en la explanada de la mezquita de Al Aqsa, en Jerusalén Este ocupado, bajo protección policial, mientras el ejército impedía que un camión cisterna de Unicef llegara a viviendas sitiadas por colonos en Qusra, en Cisjordania. Son escenas que se repiten con la regularidad de un calendario, no de un accidente.

Desde el Vaticano, el papa León XIV volvió a pedir el cese de la violencia contra la población civil palestina en Cisjordania, sin señalar episodios concretos. La relatora especial de la ONU para los territorios ocupados, Francesca Albanese, fue más lejos: acusó a Israel de “subcontratar la coerción” a los colonos para promover lo que definió como “limpieza étnica”, y calificó esas acciones como terrorismo que debería ser investigado y juzgado.

Todo converge en la misma paradoja. Hay un plan de paz sobre la mesa, hay diplomáticos volando entre El Cairo, Doha y Jerusalén, hay grupos de trabajo definidos para el desarme y la reconstrucción. Y, al mismo tiempo, hay un ministro con poder de veto sobre el propio gobierno de Netanyahu proponiendo ejecuciones nocturnas en público. Esa convivencia es el verdadero estado de la negociación: no un proceso lineal hacia la paz, sino un equilibrio inestable entre quienes negocian y quienes, desde adentro del mismo gabinete, trabajan para que la negociación fracase.

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