Héctor I. Tapia
El secretario de Gobierno de Tabasco, José Ramiro ‘Pepín’ López Obrador, puso el punto en la “i”: aseguró que el verdadero objetivo del Gobierno de Estados Unidos no es su sobrino, Andrés Manuel López Beltrán, sino su padre, el ex Presidente Andrés Manuel López Obrador. Con esa frase, retira al joven aspirante del centro del tablero y coloca ahí a quien considera el blanco real. “Al que quieren es no al chico, sino al grande”, declaró.
Esa lectura no es exclusiva del entorno familiar. Coincide con una interpretación que ha ganado terreno en el análisis político: que el aspirante a diputado, con base social todavía limitada y representación apenas distrital, difícilmente sería el destinatario natural de un golpe diplomático de este calibre. El peso real, sugiere esa lectura, recae en lo que su apellido representa: el ex Presidente y el proceso de la 4T que él fundó.
Lo que ocurrió y lo que él mismo dijo
El jueves, López Beltrán informó mediante una carta a Donald Trump que Estados Unidos le había cancelado la visa. Responsabilizó al secretario de Estado Marco Rubio y al subsecretario Christopher Landau, y calificó la medida de “politiquera y propagandística, al estilo hitleriano”. Un día después, en un video desde Teapa, agradeció la solidaridad recibida y sostuvo que lo ocurrido confirma una “inminente embestida” a la soberanía nacional. Después, retomó su gira por el Distrito 6, la misma que ya enfrentaba cuestionamientos de la oposición por el calendario electoral.
Familia y partido han manejado versiones que coinciden en el fondo pero varían en el enfoque. Sheinbaum exige pruebas. Los legisladores hablan de soberanía. Pepín López Obrador, en cambio, personaliza: ya no es México contra Washington, es Trump contra el ex Presidente.
Que dos lecturas independientes —la familiar y la analítica— coincidan no confirma la tesis, pero la vuelve difícil de descartar como ocurrencia aislada.
El tono de la respuesta —carta directa, confrontación abierta, apelación a la soberanía— no es nuevo en la familia. Es continuidad del estilo que caracterizó a López Obrador en el poder: ante la presión, redoblar la apuesta. La carta de López Beltrán no rompe ese guion; lo hereda.
Ese mismo patrón relativiza el riesgo que Pepín López Obrador le dio a su propia situación. “Yo tengo visa, pero si me la retiran, ¿qué problema hay? No iremos”, dijo, en tono opuesto a la gravedad que su sobrino le dio al mismo hecho un día antes.
¿Debe AMLO responder directamente?
Si el verdadero destinatario es el ex Presidente, como sostiene su hermano, surge una pregunta obligada: ¿por qué ha sido el hijo, y no el padre, quien encabeza la respuesta? Guardar silencio le permite sostener el papel de estadista retirado en Palenque, mientras el aparato completo del movimiento absorbe el costo político de la confrontación.
Ese silencio, sin embargo, tiene un límite. Si los señalamientos contra López Beltrán escalan, la pregunta dejará de ser retórica: un ex Presidente que interviene directamente convierte una disputa distrital en un choque frontal entre dos jefes de Estado, algo mucho más costoso diplomáticamente que dejar que la 4T hable en su nombre.
Pepín López Obrador anticipó que la relación con Washington se pondrá “color de hormiga” conforme avancen los calendarios electorales de ambos países, y recordó que gobiernos estadounidenses de distinto signo, incluidos los demócratas, han usado a México como bandera de campaña. Cuestionó, además, por qué esa herramienta no se aplicó contra políticos alineados al neoliberalismo en sexenios anteriores: “¿Cuándo vieron ustedes que le retiraran una visa a uno de los políticos que estaban apoyando al neoliberalismo?”, preguntó.
No obstante, ese argumento tiene el mismo límite señalado sobre la postura de Sheinbaum: la falta de casos similares en el pasado no prueba, por sí sola, que el criterio sea político y no judicial. A ello se suma algo que nadie discute: cancelar una visa es facultad discrecional y soberana de cualquier país.
Descartó, eso sí, escribir una carta a Trump. Mientras López Beltrán eligió el reclamo directo y personal, su tío prefirió el señalamiento político sin interpelar al mandatario. Dos formas de responder al mismo golpe, con dos cálculos distintos sobre qué tan lejos llevar el reclamo.
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