Héctor I. Tapia
Mientras la discusión pública se concentra en robos y extorsión, una encuesta oficial del INEGI detecta que el robo de combustible y las conexiones ilegales de luz alcanzan en la capital tabasqueña niveles muy superiores al promedio nacional — un fenómeno que rara vez se lee como lo que es: inseguridad.
En las rancherías que bordean las carreteras Villahermosa-Comalcalco, Villahermosa-Chetumal y Villahermosa-Coatzacoalcos, el huachicol no es un rumor: es una ruta conocida. Ahí es donde en los últimos meses las autoridades han catado predios con miles de litros de combustible robado, cubitanques y pipas listas para distribuir. No es un fenómeno del primer cuadro de la ciudad, sino de sus periferias, de sus caminos de terracería y de una cadena que involucra a transportistas, expendios informales y, según documentos de inteligencia filtrados en años recientes, redes que “ordeñan” los ductos de Pemex en la región. Casi en paralelo, en cualquier colonia de Villahermosa, un poste con un cable de más —un diablito— es una escena tan cotidiana que ya casi no se registra como delito.
Ninguno de los dos hechos suele aparecer en el conteo de delitos que más preocupan a los tabasqueños. Pero el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) ya los está midiendo, y los números, comparados con el resto del país, son alarmantes.
Catorce de cada cien villahermosinos de 18 años o más vieron u oyeron sobre robo o venta ilegal de gasolina o diésel en los alrededores de su vivienda entre abril y junio de 2026. Es casi cuatro veces el promedio nacional. Y uno de cada cuatro reportó lo mismo sobre tomas irregulares de energía eléctrica —los llamados diablitos—, el doble que en el resto del país.
Son cifras de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU), el instrumento trimestral con el que el INEGI mide, ciudad por ciudad, no solo cuánto miedo siente la población sino qué conductas delictivas y antisociales dice haber presenciado directamente en su entorno. Y en ese renglón específico, Villahermosa no solo está por encima del promedio nacional: está en un nivel que la distingue del resto de las 91 áreas urbanas que el organismo mide en el país.

El hallazgo central: huachicol y diablitos
La ENSU no pregunta si el entrevistado cree que hay inseguridad en abstracto. Le pregunta, con una lista específica de conductas, cuáles vio u oyó que ocurrieron “en los alrededores de su vivienda” durante el trimestre. Es una atestiguación directa, no una opinión general —la diferencia importa porque estas cifras no describen miedo: describen algo que la gente dice haber presenciado con sus propios ojos u oídos.
De esa lista, dos conductas destacan sobre el resto no por ser las más mencionadas —el consumo de alcohol en la calle sigue siendo lo más reportado, con 68.6%— sino por la distancia que abren respecto al promedio del país. El robo o venta ilegal de gasolina o diésel alcanza 14.1% en Villahermosa frente a apenas 3.8% a nivel nacional. Las tomas irregulares de luz llegan a 24.5%, contra 14.4% en el resto de México.
Ninguna otra ciudad del país exhibe una brecha de esa magnitud en estos dos rubros específicos, de acuerdo con los datos comparativos que el propio INEGI publica junto con el reporte de Villahermosa.
ENSU · INEGI · 2º trimestre 2026
La brecha que nadie está contando
Conductas delictivas y antisociales atestiguadas por la población, Villahermosa vs. promedio nacional
A diferencia de los robos o asaltos —donde Villahermosa está casi a la par del país—, el huachicol y los diablitos muestran una brecha que no se explica por el promedio nacional.
Fuente: ENSU-INEGI, 2º trimestre 2026, área urbana de Villahermosa.
¿Qué implica, en términos prácticos, esta diferencia? El huachicol urbano —el robo de combustible para su venta informal, generalmente en envases no autorizados, fuera de estaciones certificadas— es un riesgo que combina lo delictivo con lo físico: los contenedores improvisados, el manejo sin protocolos de seguridad y la venta en la vía pública elevan el riesgo de incendios o explosiones. Las tomas irregulares de luz, por su parte, no solo representan un delito patrimonial contra la Comisión Federal de Electricidad: generan sobrecargas en la red que derivan en apagones y, en los casos más graves, en cortocircuitos que ponen en riesgo a los vecinos que sí pagan su servicio.
Es decir: no se trata de fenómenos menores frente al robo a transeúnte o el asalto a comercio. Se trata de una economía informal —y en buena medida criminal— que opera de forma sostenida entre la periferia y las colonias de la ciudad, y que la conversación pública sobre seguridad en Tabasco rara vez nombra con la misma urgencia que otros delitos.
ENSU · INEGI · 2º trimestre 2026
¿Qué tan lejos está Villahermosa del promedio nacional?
Posición relativa de la capital tabasqueña frente al resto del país, en las dos conductas con mayor brecha
Fuente: ENSU-INEGI, 2º trimestre 2026, área urbana de Villahermosa.
El mando que cambió y la confianza que no llegó
Hay un dato de contexto que le da otra dimensión al hallazgo anterior. En junio de 2026 —el mismo trimestre en que el INEGI levantó esta encuesta—, el municipio de Centro se integró formalmente al Mando Único Policial de Tabasco. Mediante un convenio publicado en el Periódico Oficial del Estado, la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) asumió la coordinación operativa de la policía preventiva en Villahermosa: mil 607 elementos distribuidos en tres guardias, con cerca de 198 patrullas, e incluyendo a la Policía Metropolitana con 120 elementos asignados a zonas como el Barrio Mágico del Centro Histórico y el mercado José María Pino Suárez.
Los elementos siguen formalmente adscritos al ayuntamiento, pero ya no operan bajo mando municipal independiente: la cadena de mando, la capacitación y los protocolos quedaron unificados bajo el estado. Es decir: cuando los villahermosinos respondieron esta encuesta, el cambio de mando llevaba apenas semanas de operar. Y el respaldo ciudadano, según la propia ENSU, no llegó con él.
La confianza en la Policía Estatal en Villahermosa se ubica en 43.0%, y en lo que la población todavía identifica como “policía municipal” en la encuesta, cae a 31.1%. Ambas cifras están muy por debajo del promedio nacional: 54.9% y 52.5%, respectivamente. El contraste se vuelve más nítido si se compara con las corporaciones de mando federal: la Fuerza Aérea Mexicana concentra 88.5% de confianza en la capital tabasqueña, la Marina 83.9%, el Ejército 81.6% y la Guardia Nacional 74.5% —todas iguales o cercanas al promedio del país.
La pauta se repite cuando la ENSU pregunta no por confianza sino por desempeño percibido: 34.9% considera efectiva a la Policía Estatal y apenas 29.9% a la Policía Preventiva, frente a 54.1% y 50.7% en el promedio nacional. Y ocurre incluso en el plano más básico, el de simple identificación: 60.1% de la población reconoce a la Policía Preventiva Municipal operando en su ciudad, contra 77.2% en el resto del país —es decir, cuatro de cada diez villahermosinos ni siquiera identifican con claridad a esta corporación en su entorno.
ENSU · INEGI · 2º trimestre 2026
La confianza que no cruzó del uniforme federal al local
Porcentaje de población que confía en cada corporación, Villahermosa vs. promedio nacional
Fuente: ENSU-INEGI, 2º trimestre 2026, área urbana de Villahermosa.
Aquí es donde conviene regresar al hallazgo del bloque anterior. El huachicol y los diablitos no son delitos de resorte federal: no los combate ni la Marina ni la Guardia Nacional como prioridad, sino las corporaciones estatales y municipales de proximidad —justamente las que menos confianza y menor efectividad percibida registran en Villahermosa. No es que la ENSU establezca una relación de causa y efecto entre ambos datos —la propia encuesta no lo hace—, pero la coincidencia entre “el delito que más se dispara respecto al promedio nacional” y “la corporación que debería atenderlo y que menos confianza genera” es, cuando menos, una pregunta que merece hacerse en voz alta.
Se buscó a la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana del estado y al Ayuntamiento de Centro para conocer si existen indicadores internos de percepción ciudadana posteriores a la entrada en operación del Mando Único, y si hay una estrategia específica contra el robo de combustible y las conexiones eléctricas irregulares en la capital. [Espacio reservado para respuesta institucional o, en su defecto, la leyenda: “Sin respuesta al cierre de esta edición”.]
Cuando hablar con la policía sale caro
Queda una pieza más que ayuda a explicar, aunque no a probar, por qué un fenómeno tan extendido como el huachicol y los diablitos convive con corporaciones que no logran ganarse la confianza ciudadana. La ENSU también pregunta a quienes tuvieron contacto directo con alguna autoridad de seguridad pública —por un incidente de tránsito, una infracción, una detención por riña o una falta administrativa— si en ese contacto experimentaron algún acto de corrupción.
En Villahermosa, 13.9% de la población de 18 años y más tuvo ese tipo de contacto durante el primer semestre de 2026. De ellos, 60.5% dijo haber experimentado algún acto de corrupción. El promedio nacional es 45.6%. Es decir: en la capital tabasqueña, cruzarse con una autoridad de seguridad no es la excepción a la corrupción, es más frecuente que lo contrario.
ENSU · INEGI · 1er semestre 2026
Cuando hablar con la policía sale caro
Corrupción reportada en el contacto directo con autoridades de seguridad, Villahermosa
villahermosinos que tuvieron contacto con una autoridad de seguridad pública experimentaron algún acto de corrupción
| Indicador | Villahermosa | Nacional |
|---|---|---|
| Tuvo contacto con autoridad de seguridad 1er semestre 2026 |
13.9% | — |
| De ellos, experimentó algún acto de corrupción | 60.5% | 45.6% |
Fuente: ENSU-INEGI, 2º trimestre 2026, área urbana de Villahermosa.
Este dato no explica por sí solo el fenómeno del primer bloque —la ENSU no permite establecer que la corrupción policial sea la causa directa de que el huachicol o los diablitos prosperen en la ciudad—, pero sí compone un cuadro coherente: una corporación con baja confianza, baja efectividad percibida, y una alta probabilidad de que el contacto directo con ella derive en un acto de corrupción, es una corporación con menos margen para disuadir o contener una economía informal que ya se instaló entre la periferia y las colonias.
Es aquí donde conviene ser explícito sobre los límites de esta lectura, tanto por rigor periodístico como para no convertir una correlación en una acusación: la ENSU mide percepción y atestiguación declarada por la población, no carpetas de investigación abiertas ni sanciones administrativas comprobadas. Lo que el instrumento del INEGI ofrece es un termómetro consistente y comparable en el tiempo —no un peritaje.
En la carretera a Comalcalco, alguien sigue vendiendo más barato que la bomba. En alguna colonia, el poste con el cable de más sigue ahí. Y mientras ese comercio invisible sigue funcionando entre la periferia y el centro de Villahermosa, la ciudad discute otra cosa.
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