CDMX.— Hay fiestas que se miden en goles y hay fiestas que se miden en cuerpos. México venció 2-0 a Ecuador, avanzó a octavos de final y desató, la noche del martes, la concentración más grande que registra la Ciudad de México: cifras oficiales hablan de 1.4 millones de personas en las calles. Esa misma marea, capaz de convertir un partido de futbol en un fenómeno demográfico, dejó siete personas muertas antes de que amaneciera. El resultado deportivo ya es un dato viejo. Lo que queda, lo que de verdad pesa esta mañana, es esa cuenta doble: la del júbilo y la del duelo, ocurridas la misma noche, en el mismo país.
La euforia llegó primero, como siempre. La presidenta Claudia Sheinbaum se mezcló otra vez entre la gente, esta vez en el Fan Fest de Tezozomoc, en Azcapotzalco: gritó, saltó, cantó. “Jugaron con el corazón, con el alma y con orgullo”, escribió después en sus redes, junto a un video con una sola palabra alargada hasta las ocho oes: “Gooooooool”. El gobernador de Tabasco, Javier May Rodríguez, celebró desde la distancia el “lleno total” del Estadio Centenario 27 de Febrero, que se abarrotó por cuarta ocasión consecutiva para ver el partido en pantalla gigante.
Terminado el encuentro, la afición tabasqueña caminó hasta el monumento a Gregorio Méndez, “El Caballito”, para seguir la fiesta al ritmo de batucada, la misma escena que se repite generación tras generación cada vez que la selección avanza: la capital tiene su Ángel, la provincia tiene el suyo, y ambos cumplen la misma función de convertir un resultado deportivo en ritual colectivo.

El otro lado de la misma noche
En la Ciudad de México, donde la fiesta se concentró en Paseo de la Reforma y en los alrededores del Ángel de la Independencia, esa misma multitud terminó por cobrarse cuatro vidas. La secretaria de Salud capitalina, Nadine Gasman Silverman, confirmó tres muertes por asfixia en medio de las aglomeraciones —una mujer de 19 años, un hombre de 44 y una mujer de 48— y una cuarta, un hombre de alrededor de 30 años, por un cuadro de estatus epiléptico con sangrado del tubo digestivo.
La jefa de Gobierno, Clara Brugada, descartó que el alcohol estuviera detrás de los decesos y admitió que la Fiscalía capitalina todavía investiga cómo se formó la aglomeración que asfixió a tres personas en plena celebración. Ordenó, de inmediato, reforzar los protocolos de salud y seguridad de cara al próximo partido.
A un centenar de kilómetros de la capital, en Yautepec, Morelos, la fiesta se convirtió en otra cosa. Un grupo armado irrumpió en una cancha comunitaria del barrio de Rancho Nuevo, donde decenas de familias veían el partido en un fan fest improvisado, y disparó contra los presentes.
Murieron Miguel Tijera, esposo de la precandidata morenista Sandra Fernández —quien resultó herida—, una mujer cuya identidad no se dio a conocer, y Fernanda, una adolescente de 17 años que falleció mientras era trasladada al hospital. Nueve personas más resultaron heridas. La Fiscalía de Morelos abrió investigación, pero hasta el cierre de esta nota no había detenidos.
Son siete nombres, siete historias sin más relación entre sí que la fecha y la coincidencia de estar viendo el mismo partido. Esa cifra, no el marcador, es la que debería acompañar cualquier balance honesto de esta jornada mundialista.
🙌⚽ El Ángel de la Independencia se tiñe de verde, blanco y rojo. Cientos de aficionados siguen atentos el duelo entre México y Corea del Sur, listos para celebrar una posible victoria del equipo dirigido por Javier Aguirre. 🇲🇽🎉#CDMX pic.twitter.com/bhEvkqgHkf
— Webcams de México (@webcamsdemexico) June 19, 2026
El fenómeno que también inquieta a Inglaterra
Esa misma multitud que en Morelos se cruzó con la tragedia y en la capital rebasó su propia capacidad de contenerse, es la que ya empieza a pesarle a Inglaterra antes de pisar la cancha. México espera, el domingo 5 de julio, en el Estadio Ciudad de México, a un rival que llega hablando del ambiente como quien habla de un examen. Harry Kane, autor de un doblete para eliminar a Congo, lo dijo con las palabras justas: “México en México se hace tan grande como puede ser, el ambiente va a ser increíble, va a ser muy duro, por muchas razones diferentes”.
El extremo Anthony Gordon habló de una experiencia “posiblemente única en la vida”. Ningún equipo europeo entrena para jugar contra un país entero, y eso —para bien y para mal— es exactamente lo que México pone sobre la mesa: una fuerza que no cabe en una alineación ni, según quedó claro esta semana, en la infraestructura de una sola ciudad.
Con esta clasificación, además, México llega a la instancia en la que había caído en siete Mundiales consecutivos, desde Estados Unidos 1994 hasta Rusia 2018, y está a un triunfo de igualar su mejor actuación histórica.

El vecino con el que no se habla
El partido, de paso, tuvo una capa política que Sheinbaum no eludió. México no tiene relaciones diplomáticas con Ecuador desde 2024, cuando Andrés Manuel López Obrador rompió el vínculo después de que fuerzas ecuatorianas irrumpieran en la embajada mexicana en Quito para detener al entonces asilado Jorge Glas. Cuestionada sobre la carga simbólica de vencer justo a ese país, la Mandataria defendió la ruptura sin matices: “Es muy grave lo que hicieron, muy, muy grave, y por eso no hay relaciones con Ecuador”. Y cerró cualquier expectativa de acercamiento: “No es así nada más, tiene que haber varias consideraciones previas”.
El domingo, el Azteca volverá a ser esa fuerza que Inglaterra ya empezó a mirar con respeto. Pero antes de que se juegue un solo minuto, la ciudad tiene una tarea más urgente que ganar un partido: administrar la próxima multitud sin que vuelva a cobrarse vidas. Siete personas no volvieron a casa la noche en que un país entero gritó de alegría. Ese es el saldo que ningún resultado deportivo puede borrar.
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