Toma aérea de Javier May Rodríguez encabezando la Marcha de la Lealtad 2026 en Villahermosa, Tabasco.
La marea blanca de la lealtad serpentea por el corazón de Villahermosa en un cierre de filas sin precedentes hacia el proyecto de nación.

Crónica | Control territorial: el mensaje de Javier May desde el asfalto

Héctor I. Tapia

A las cinco de la tarde la luz ya venía de lado. No era el sol vertical del mediodía, sino ese resplandor cansado que alarga las sombras y tiñe la ciudad de amarillo suave. Villahermosa empezaba a recogerse cuando, desde el Centro Cultural Quinta Grijalva, comenzó a juntarse la gente. Como si la historia citara a todos al caer el día.

Ahí, entre los árboles que han guardado los secretos del poder estatal, el ambiente no era de estridencia, sino de una organizada expectación. No era solo una multitud; era una estructura política tomando posiciones en el tablero de ajedrez que es hoy el trópico. En medio de ese murmullo apareció el gobernador Javier May Rodríguez.

Vestía una guayabera blanca, impecable y fresca, la prenda que aquí iguala al caballero con el ciudadano sin perder el mando. Caminaba con un paso firme que marcaba el pulso de lo que vendría. Saludaba con la mano abierta, una coreografía de cercanía que evitaba la frialdad del protocolo de oficina que tanto daño hizo en el pasado.

Caminaba como quien conoce cada bache, con la seguridad de quien sabe que la seguridad en Tabasco no se le escurre de las manos. Bajo la resolana que todavía castigaba el rostro, May avanzaba sin el refugio de los cristales blindados. El mapa del estado se validaba ahí mismo, entre el olor a tierra mojada y el vapor de la tarde.

Los números oficiales —esa caída drástica en la incidencia delictiva del 70% que hoy es bandera de su administración—, se sentían reales en cada apretón de manos. Con la suela del zapato golpeando el pavimento, May dictaba su propia estadística. No hubo necesidad de templetes de arranque; solo la audacia de caminar a ras de suelo.

El gobernador Javier May saluda a una mujer de la tercera edad durante la caminata por el centro histórico.
El Gobernador detiene su paso para saludar a la ciudadanía; un gesto que valida la estadística de paz con contacto directo.

MANDO Y RITMO

El Gobierno de Tabasco exponía el pecho ante una ciudad que lo observa todo con lupa. Adelante, la Banda de Guerra del 37° Batallón de Infantería marcó el compás. Tac, tac, tac. El redoble de los tambores se metía en el pecho de los asistentes como un segundo corazón que latía al ritmo del trópico encendido.

Era un recordatorio de que el mando civil y el poder militar hoy caminan en la misma frecuencia. En la Marcha de la Lealtad 2026, esa simbiosis busca proyectar orden ante propios y extraños. Detrás de May avanzaba la plana mayor, todos con la frente perlada de sudor pero manteniendo un cierre de filas compacto.

Desde las alturas, el ojo del dron capturaba una marea blanca, una vena humana que serpenteaba por las arterias del centro histórico de Villahermosa. La toma aérea revelaba una “serpiente” de legitimidad que llenaba cuadras enteras, flanqueada por las fachadas que aguantan el salitre y el tiempo del viejo San Juan Bautista.

El gobernador avanzó flanqueado por la disciplina del verde olivo y el lino blanco de la guayabera. Era la coreografía perfecta de un control territorial bajo mando único. Una muralla humana que avanzaba bajo el cielo encendido, demostrando que la lealtad no es una efeméride, sino un ejercicio de presencia física.

Durante el trayecto de 1.3 kilómetros, May se detenía y escuchaba. Hubo un momento donde el rigor se rompió por un instante de humanidad: el Gobernador inclinándose para sostener las manos de una mujer con un chal morado. Ella le sostuvo la mirada y él le respondió con un gesto que no necesitaba micrófonos.

PODER EN CONTACTO

“¡No estás solo!”, gritó alguien, y esa frase dejó de ser consigna para volverse un dato político que pesaba más que cualquier reporte de escritorio. La ciudad no miraba pasar un desfile; presenciaba una toma de posesión simbólica del espacio público. La calle volvía a ser el termómetro real del apoyo popular.

La bajada de 27 de Febrero apretó el paso de la comitiva. El sol empezaba a bajar la voz y la ciudad se convertía en un coro espontáneo. En los balcones de los edificios antiguos, la gente se abanicaba y aplaudía; rostros conocidos de la sociedad civil se asomaban para ser testigos del respaldo popular a Javier May.

No se necesitaban fusiles al aire, sino la mirada directa bajo el rigor del sol. Porque hay actos que se decretan desde los despachos fríos de la capital, y otros que se ganan sudando en el trópico. Al cruzar la calle Mina, el aplauso se volvió largo, un reconocimiento al mando que no se esconde tras el aire acondicionado.

A las 17:23, la Plaza de Armas recibió al contingente con la solemnidad del Himno Nacional. El dron mostraba ahora una plaza saturada que rodeaba la bandera nacional, eliminando cualquier duda sobre la convocatoria. Bajo el cielo que amenazaba con la típica lluvia de tarde, el mensaje oficial fue el broche de oro.

En voz de Mileyli María Wilson Arias, el discurso no fue una simple reseña histórica. La titular de la Secretaría Anticorrupción vinculó la lealtad con la honestidad administrativa y la purga de las viejas formas de poder. Fue un golpe seco al pasado desde el corazón mismo del Palacio de Gobierno.

Mileyli María Wilson Arias pronuncia el discurso oficial de la Marcha de la Lealtad en Plaza de Armas.
Mileyli Wilson Arias, titular de Anticorrupción, selló el compromiso del estado con la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ante una plaza abarrotada.

BASTIÓN DE UNIDAD

Desde el estrado se lanzó la línea maestra hacia el centro del país: Tabasco es y seguirá siendo el bastión más sólido de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. No hubo matices; el respaldo fue absoluto. La lealtad se juró ante una multitud que cubría cada rincón del recinto, desafiando la humedad asfixiante.

Pero más allá de la oratoria, lo que quedó fue la estampa de autoridad real. Un gobierno que comparte la plaza sin muros, que se deja tocar, pero que sostiene las riendas con firmeza. Al bajar del templete, el gobernador volvió a mezclarse con la marea blanca de ciudadanos, sintiendo el calor de su gente.

Esa cercanía táctica define la nueva era del mandato de Javier May. La plaza quedó oliendo a jornada cumplida y a mando reafirmado. En este febrero de 2026, la lealtad en Tabasco ya no es un concepto antiguo; es la demostración visual de quién ejerce, realmente, el control en la calle.

La luz terminó de extinguirse mientras la gente se dispersaba hacia el malecón, pero el eco del paso redoblado permaneció en el aire. Fue una tarde donde la política se escribió con pasos y sudor. Villahermosa cerró el día con la certeza de que el mando ha vuelto a caminar por sus arterias principales.

Plaza de Armas de Villahermosa llena durante el evento de Javier May en febrero de 2026.
La Plaza de Armas convertida en un mar de rostros que ratifican el control territorial y político del actual gobierno.


CAJA DE DATOS: EL MÚSCULO INSTITUCIONAL

Indicador EstratégicoDetalle de la Jornada
Trayecto de Poder1,300 metros de ocupación territorial ininterrumpida.
Seguridad CiudadanaReducción del 70% en delitos validada con marcha sin vallas.
Oradora de LíneaMileyli Wilson Arias: “La lealtad es el escudo contra la corrupción”.
Alianza CastrenseCoordinación operativa con el 37° Batallón de Infantería.
Eje FederalRespaldo total al proyecto de Claudia Sheinbaum.

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