El equipo médico administra medicamentos y realiza curaciones al ejemplar, que continúa con estado de salud reservado y avanza bajo un protocolo de atención intensiva.

Un delfín herido que expone vacíos ambientales y capacidad de respuesta

FRONTERA.— El rescate del delfín hembra varado en Playa Azul, en Centla, abrió un frente inesperado para las autoridades estatal y municipal: exhibió tanto los riesgos crecientes para la fauna marina como la capacidad institucional para reaccionar ante una emergencia ambiental compleja.

El caso, que inició el 26 de diciembre de 2025 con un reporte ciudadano, evolucionó en días a una operación coordinada entre Protección Civil, SEDESU, PROFEPA, la CONANP y especialistas de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT).

Detrás del episodio se asoma una lectura más amplia: las costas tabasqueñas, sometidas a temperaturas más extremas, cambios en salinidad y mayor presencia de embarcaciones, se han vuelto un territorio hostil para especies sensibles como los mamíferos marinos. El rescate del ejemplar no es un caso aislado; es un síntoma.

Funcionarios ambientales y personal técnico observan al delfín dentro del tanque de contención en la Estación Marina de la UJAT.
Autoridades ambientales y personal técnico revisan las condiciones del delfín varado, que presenta lesiones por deshidratación y estrés tras permanecer horas en la playa antes de su rescate.

UN RESCATE DE CINCO HORAS

El primer reporte movilizó a la Unidad Municipal de Protección Civil, que encontró al ejemplar en condición crítica: deshidratado, con lesiones en las aletas dorsales y signos de fatiga severa.

Permaneció en la arena más de cinco horas, mientras el personal evitaba que el orificio respiratorio se obstruyera y lo mantenía hidratado en espera de refuerzos técnicos.

La llegada de especialistas de la CONANP y veterinarios de la UJAT permitió estabilizar temporalmente al delfín. Allí se tomó la decisión clave: trasladarlo a la Estación Marina de Acuicultura en Jalapita para garantizar su recuperación.

La urgencia se combinó con prudencia: un mal movimiento podría provocar un colapso respiratorio o daños irreversibles.

LA EVOLUCIÓN Y EL RIESGO

El estado de salud del mamífero es reservado, confirmó este martes la secretaria de Medio Ambiente, Sheila Cadena Nieto, tras supervisar personalmente el tratamiento. El ejemplar, explicó, recibe medicamentos a través de los alimentos, consume en promedio dos kilos diarios y muestra avances lentos, aunque aún insuficientes para proyectar una liberación cercana.

El biólogo especialista en mamíferos acuáticos, Darwin Jiménez, lo planteó con precisión técnica: algunos ejemplares se recuperan en dos semanas; otros requieren meses; algunos nunca pueden volver al mar. Todo depende de la evolución y del impacto del varamiento en sus órganos internos.

El hecho de que el delfín pueda mantenerse con alimento asistido es una señal positiva, pero no concluyente. Los especialistas vigilan su peso, hidratación, ritmo respiratorio y respuesta a estímulos, indicadores indispensables para determinar si está en condiciones de ser reintegrado a su hábitat.

RESPUESTA INSTITUCIONAL Y LECTURA POLÍTICA

El episodio también dejó ver una coordinación estatal más articulada que en otros años: la presencia simultánea de PROFEPA, CONANP, SEDESU y UJAT no es menor. Para el Ejecutivo, el caso se convierte en un ejemplo tangible del compromiso con el bienestar animal y la protección de ecosistemas, temas que suelen quedar fuera del radar político.

La secretaria Cadena lo sintetizó durante la visita: “Este delfín venía herido y pasó muchas horas en varamiento. Hoy se está trabajando para sanar sus lesiones”. Un mensaje sobrio que evita triunfalismos, pero que envía una señal: la atención no se limitará al momento del rescate, sino que incluirá seguimiento hasta su potencial liberación.

El caso permitirá evaluar si el modelo de respuesta ambiental —que combina autoridad, academia y operación municipal— debe fortalecerse de manera permanente. El varamiento del ejemplar expone un terreno en el que Tabasco tendrá que decidir si transita a protocolos más robustos frente a un litoral cada vez más vulnerable.

LO QUE SIGUE

La posible liberación del delfín dependerá, literalmente, de día a día. El equipo de veterinarios y biólogos monitorea variables críticas, mientras las dependencias federales y estatales coordinan las gestiones necesarias para un eventual retorno al mar.

Más allá de la historia individual, el caso deja una lectura más amplia: los varamientos ya no son episodios aislados, sino eventos que pueden aumentar por presión climática, actividad humana y degradación ambiental. Tabasco tiene la oportunidad de convertir este episodio en un punto de inflexión para fortalecer su sistema de protección marina.

Por ahora, la misión inmediata es una: que el ejemplar sobreviva.

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