Adán Augusto López Hernández, rodeado de reporteros, camina por el Centro de la Ciudad de México tras los señalamientos por La Barredora.

‘¡La Barredora!’, el grito que persigue a Adán Augusto en las calles

CDMX.— Lo que parecía un paseo discreto por las calles del centro histórico de la Ciudad de México terminó convertido en un recordatorio brutal de cómo la política puede marcar de por vida.

Adán Augusto López Hernández, senador y coordinador de Morena en la Cámara Alta, salió de la sede parlamentaria de Xicoténcatl para ejercitarse tras una cirugía de meniscos. Caminó despacio, cruzó hacia el Callejón de la 57, se detuvo en un puesto de gorditas y siguió por República de Cuba.

Apenas había avanzado unos metros cuando un empleado lo señaló: “Es el de La Barredora”. Desde otro portón alguien más remató: “Saludos a La Barredora”. Adán no contestó. Preguntó, molesto, quién había sido, pero la respuesta nunca llegó.

El episodio bastó para confirmar lo que desde hace semanas se intuía: el caso Bermúdez, con cateos en propiedades de lujo, expedientes abiertos y la sombra del crimen organizado, se convirtió en un estigma político que lo acompaña dentro y fuera del recinto legislativo.

En el Senado, la oposición lo marca con ese nombre en cada intervención; en la calle, los ciudadanos se lo gritan como si fuera su verdadero apellido.

UN PODER EN DESCENSO

El grito callejero sintetiza lo que ha ocurrido con Adán en los últimos dos años: de gobernador de Tabasco, a secretario de Gobernación y corcholata presidencial, se desplomó a un escaño que hoy pende de un hilo. La caída no se explica solo por el caso Bermúdez.

Es el resultado de una cadena de fracturas: el distanciamiento con Claudia Sheinbaum, la imposibilidad de imponer sucesor en Tabasco, el desgaste de su grupo político y una campaña presidencial que lo dejó en tercer lugar con apenas 11.18 por ciento de apoyo interno.

La muerte de sus padres y de su hermana Rosalinda agravaron ese desgaste. A la intemperie política se sumó la vulnerabilidad personal. La maquinaria que antes respondía a su ritmo se fragmentó en cuanto perdió el control presupuestal de la gubernatura.


ESCENARIOS POSIBLES

  1. Archivo político: el expediente se apaga y Adán negocia su salida de la coordinación.
  2. Procedimiento penal: se avanza contra los responsables, arrastrando a su grupo.
  3. Salvavidas temporal: se sostiene en el cargo, pero marcado para siempre.

EL RETORNO DE LOS FANTASMAS

El caso Bermúdez no apareció de la nada. Desde los años de Manuel Gurría y las cajas de dinero de la CIAR-100, el nombre de Adán estuvo ligado a episodios difíciles de borrar. Como notario, vinculó propiedades de Ponciano Vázquez Lagunes, cacique de Veracruz relacionado con el crimen y asesinado en 2006 en Huimanguillo.

Entonces se mencionó a Hernán Bermúdez como presunto implicado, pero sus conexiones políticas lo libraron. Años después, sería Adán quien lo colocara al frente de la seguridad en Tabasco.

El círculo se cerró con los cateos recientes: primero en el fraccionamiento Campestre, luego en Luna Park. Fueron señales de que el expediente sigue vivo y de que se mueven piezas que, en la práctica, miden hasta dónde llegan las lealtades que lo acompañaron en la cúspide.

EL GEN SUICIDA

En Tabasco, dicen los viejos políticos, opera un gen suicida que empuja a quienes tocan la cima a desafiar las reglas que les sostienen. Adán lo encarnó: tensó su relación con Sheinbaum, gastó millones en una campaña personalísima, intentó imponer sucesor y abrió frentes que ni el respaldo presidencial pudo contener. El resultado fue doble: perdió la candidatura y con ella la estructura que lo sostenía.

El grito de “La Barredora” lo demuestra: el poder que parecía inamovible se desplaza rápido cuando la narrativa pública cambia. No es el expediente en sí lo que lo debilita, sino el peso del mote convertido en símbolo.

ESCENARIOS EN JUEGO

Hoy, el dilema para Morena es claro. O se deja que el expediente se enfríe hasta el archivo, o se procede con todo, incluso contra quienes lo protegieron. En los pasillos del Senado, voces internas advierten que mantenerlo como coordinador puede costar más de lo que aporta.

En la política real, los precios se pagan con cargos, con silencios… o con salidas pactadas. En cualquier caso, Adán ha quedado marcado. Y en la memoria colectiva, eso es ya una condena.

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