CDMX.— El Senado cambió de manos sin estridencias y con un mensaje medular: la institucionalidad vuelve a ocupar el centro del salón. Con Laura Itzel Castillo al frente de la Mesa Directiva, la Cámara alta ensaya un giro de tono y método tras la etapa de Gerardo Fernández Noroña, opacada en el cierre por polémicas personales y un zafarrancho que volvió a trivializar el debate.
El dato duro —101 de 106 votos— describe un consenso amplio. El dato fino —22 ausencias, entre ellas la del coordinador de Morena, Adán Augusto López Hernández— revela que, ahí donde la estadística dicta triunfo, la política todavía escribe entrelíneas.
Aun nerviosa por el peso del acto, Laura Itzel abrió su mandato con tres claves: Constitución, pluralidad y reglamento. Prometió un parlamento de ideas sin el lastre del insulto.
Lo dicho suena a obviedad, pero, en un país donde el estribillo partidista suplanta la deliberación, aplicar las reglas es una decisión política. En ese terreno, la nueva presidenta se coloca —y coloca al Senado— frente a su prueba más severa: preservar el cauce institucional justo cuando la mayoría es tentada a confundir votos con razón.
Hoy asumo, con profunda emoción y sincera gratitud, la responsabilidad de presidir la Mesa Directiva de la Honorable Cámara de Senadores.
— Laura Itzel Castillo Juárez (@LauraI_Castillo) August 29, 2025
Pondré toda mi capacidad, experiencia y convicción democrática al buen funcionamiento de esta Asamblea. Este honor lo asumo con… pic.twitter.com/JeNd86r3XX
PESO DEL APELLIDO
El apellido pesa. Heberto Castillo simboliza aquella izquierda que eligió democracia, libertades y congruencia cuando otros desembarcaron en la comodidad del poder.
Laura Itzel, arquitecta por la UNAM, hereda esa vara y asume en un contexto invertido: la izquierda ya gobierna, administra recursos y decide sobre nombramientos, presupuestos y reformas. La 4T exige lealtad; el Senado, equilibrio. Acreditar ambos registros sin hacer de uno la coartada del otro será su oficio cotidiano.
La elección lanzó una señal hacia fuera y otra hacia dentro. Hacia fuera, la oposición avaló a Castillo y, con ello, habilitó un canal de interlocución: cuando el método es claro y el reglamento se respeta, el diálogo es posible.
Hacia dentro, la ausencia de un puñado de legisladores —y, en particular, la de Adán Augusto— deja una sombra estratégica sobre el piso de la mayoría. No se trata de personalizar; se trata de leer la política: cuando el líder de bancada no aparece en una votación simbólica, la pregunta no es dónde estaba, sino qué quiso decir no estando.
AUSENTE INCÓMODO
Hay tres lecturas razonables —no excluyentes— de ese ausente incómodo. La primera: distancia táctica. En un tablero donde la reforma electoral, la relación con los órganos autónomos y el manejo del debate corren por la misma vía, marcar la raya al inicio de la presidencia de Castillo preserva márgenes de maniobra.
La segunda: contabilidad de costos. Tras el episodio Moreno–Noroña, apoyar sin foto y sin aplauso evita contaminar la nueva etapa con el eco de la gresca. La tercera: equilibrios internos.
El relevo en la Mesa Directiva ordena fuerzas y acomoda ambiciones; ausentarse impide que la crónica lo instale como aval o como adversario inmediato de la nueva conducción.
Ninguna de estas hipótesis acusa, todas describen. Y todas desembocan en el mismo punto: la mayoría gobernante carece de sobra de legitimidad; lo que le falta, a ratos, es disciplina y relato. Los 101 votos confirman músculo; las 22 sillas vacías recuerdan que el consenso no puede darse por descontado.

QUIÉN ES LAURA ITZEL
Profesión: Arquitecta UNAM.
Herencia política: Hija de Heberto Castillo, referente de la izquierda democrática.
Promesa de mando: Institucionalidad sin renunciar a principios.
Reto central: Convertir la mayoría en legitimidad procesal, no en cheque en blanco.
Representante en la Asamblea del DF (1991–1994)
Diputada plurinominal (1997–1999 / 2009–2012)
Delegada en Coyoacán (1999–2000)
Secretaria de Desarrollo Urbano en el gobierno de AMLO (2000–2005)
CIERRE Y RELEVO
El cierre discreto de Fernández Noroña ayuda a precisar el punto. Agradeció la oportunidad “de servir al pueblo y a la Patria” y destacó el aval casi unánime que recibió al ser electo.
Sin embargo, la percepción pública terminó dominada por la polémica de su casa en Tepoztlán y por los exabruptos en el pleno. Justo ahí empieza la agenda de Castillo: restituir seriedad, cuidar la palabra, blindar el procedimiento.
La forma —quién habla, cómo ordena la sesión, qué se discute y cuándo— puede parecer secundaria; en un parlamento es fondo.
LECTURAS DE LA AUSENCIA
- Distancia táctica para preservar margen en reformas y nombramientos.
- Contención de costos tras el zafarrancho en el pleno.
- Equilibrios internos: evitar ser leído como aval o adversario inmediato.
TRAYECTORIA POLÍTICA
La nueva presidenta llega con trayectoria: legisladora, delegada, secretaria de Desarrollo Urbano en la Ciudad de México, consejera en Pemex, senadora desde 2024. No es una figura improvisada ni una cuota a resolver equilibrios inmediatos.
Si su promesa de “trabajar con institucionalidad sin renunciar a mis principios” se traduce en hechos, el Senado podría recuperar el prestigio que el espectáculo ahuyenta y el ciudadano reclama.
En el corto plazo, la prueba será doble. En lo legislativo, ordenar una agenda donde conviven reformas de alto voltaje con nombramientos que requieren mayorías calificadas.
En lo político, administrar tensiones sin que la Mesa Directiva se vuelva estación de pase de factura. Ahí se sabrá si las ausencias fueron coyunturales o el prólogo de un reacomodo más hondo.
No es menor que Castillo haya subrayado que la toma de protesta significa “cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes que de ella emanan”. En tiempos de mayorías holgadas, esa frase es una advertencia: el reglamento no es un trámite ni la Constitución un estorbo.
Morena gana cuando procesa su mayoría dentro de la ley; pierde cuando confunde el mandato con el capricho.
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INSTITUCIONALIDAD A PRUEBA
El Senado inicia así un tiempo de relojería fina. Con Laura Itzel Castillo al mazo, el país sabrá pronto si la congruencia heredada es combustible para la conducción democrática o un mito reconfortante.
Y sabrá, también, si las ausencias —la de ayer y las que vengan— significan cálculo, mensaje o simple desorden. En cualquiera de los casos, el desafío es el mismo: institucionalidad que no se pregona, institucionalidad que se ejerce.
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