Donald Trump frente a banderas de Estados Unidos con datos sobre incremento de fortuna, depósitos extranjeros e indultos vinculados a negocios familiares durante su primer año de regreso a la Casa Blanca.
El primer año del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca estuvo marcado por un fuerte aumento en la fortuna familiar, depósitos millonarios desde el extranjero y decisiones políticas que hoy alimentan el debate sobre conflictos de interés y ética presidencial.

La presidencia como negocio: la familia Trump sumó hasta 4 mil mdd en 1 año

WASHINGTON.– El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca no se parece a una restauración política sino a una reapertura corporativa. Como si la presidencia fuera una marca licenciable, el primer año del republicano transcurrió entre decretos y balances, indultos y rondas de inversión, recepciones oficiales y reuniones que se parecen demasiado a “pitch days” financieros.

La frontera entre Estado y negocio se volvió porosa. Y cuando eso ocurre, el poder deja de ser institucional y pasa a ser patrimonial.

Los números explican mejor que los discursos. Cálculos de The New York Times estiman que la fortuna familiar creció al menos 1.4 mil millones de dólares desde su regreso. Otros, como The New Yorker, elevan la cifra por encima de los 4 mil millones. No es una sospecha ideológica: es contabilidad política. Inversiones, contratos, criptomonedas, indultos y capital extranjero orbitando alrededor del despacho oval.

Lo notable es la transversalidad de las críticas. Incluso National Review, faro histórico del conservadurismo, publicó una serie sobre cómo Trump “monetiza la presidencia”. Cuando una revista fundada por William F. Buckley cuestiona a un presidente republicano por enriquecerse desde el poder, no estamos ante una pelea partidaria: estamos ante una alarma sistémica.

Y el patrón se repite: empresarios con causas judiciales que se convierten en socios, fondos soberanos extranjeros que aterrizan en empresas vinculadas al clan presidencial, donantes que compran acceso directo. No son filtraciones aisladas. Es un método.

NEGOCIOS Y PERDONES

Uno de los casos más gráficos es el de Changpeng Zhao, fundador de Binance. Se declaró culpable por lavado de dinero. El Departamento de Justicia describió a la plataforma como un canal para criminales y redes ilícitas. Meses después, ya con Trump de vuelta, llegó el indulto. En paralelo, Zhao ayudó a lanzar World Financial Liberty, la aventura cripto de la familia presidencial. De acusado a socio estratégico. De expediente penal a mesa de negocios.

En Medio Oriente, la trama suma capas geopolíticas. The Wall Street Journal reveló que un miembro de la realeza de Emiratos Árabes Unidos pactó discretamente una inversión de 500 millones de dólares con Eric Trump días antes del inicio del mandato. Poco después, Washington relajó restricciones tecnológicas clave para ese país. La secuencia temporal habla sola.

La Casa Blanca niega conflictos de interés. Sostiene que los negocios los manejan los hijos. Pero el problema no es jurídico, es político: la sola apariencia de intercambio erosiona la credibilidad institucional. Cuando la firma familiar crece al mismo tiempo que se levantan sanciones o se conceden favores, la sospecha se vuelve estructura.

“Es imposible saber cuándo una decisión oficial responde al interés público o al bolsillo presidencial”, editorializó el Times. Y esa incertidumbre, en democracia, ya es daño.

EL DINERO COMPRA ACCESO

En el Capitolio, legisladores demócratas montaron una página para rastrear esquemas de “pay to play”. El diputado Robert Garcia calcula 2.25 mil millones de dólares en depósitos vinculados a intereses extranjeros, cifra que trepa a 9.7 mil millones si se suman activos digitales. Son montos que no se explican por simpatía ideológica sino por expectativa de retorno.

Los festejos por el 250 aniversario de la independencia se convirtieron, según reportes, en otra plataforma de recaudación. Donaciones de un millón garantizan acceso; 2.5 millones, incluso la posibilidad de hablar en actos oficiales. El simbolismo patriótico como paquete premium.

Algo similar ocurre con el proyecto de un gran salón de baile en la Casa Blanca. Public Citizen documentó que la mayoría de los donantes corporativos mantiene contratos federales por 279 mil millones de dólares. Filantropía estratégica, la llaman en Washington. En cualquier otro lugar se llamaría inversión con expectativa de favores.

La tradición estadounidense siempre tuvo lobby y puertas giratorias. Lo nuevo es la falta de pudor. Antes se disimulaba. Hoy se factura.


CLAVES DEL MODELO TRUMP

• Indultos a socios estratégicos
• Inversiones extranjeras en empresas familiares
• Acceso político a cambio de donaciones
• Proyectos oficiales financiados por contratistas del Estado


NORMALIZAR LO ANORMAL

Tal vez lo más inquietante no es el monto sino la naturalización. Escándalos que en otras épocas hubieran paralizado una presidencia hoy apenas ocupan un ciclo noticioso. La saturación mediática funciona como anestesia.

Los indicadores acompañan. Transparency International bajó a Estados Unidos del puesto 28 al 29 en su índice global de corrupción, su peor registro histórico. No es una caída dramática, pero sí simbólica: la democracia que solía dar lecciones ahora empieza a recibirlas.

Trump gobierna como negociante. La pregunta ya no es si se enriquece –eso lo sugieren los números– sino cuánto daño institucional deja esa lógica. Cuando la presidencia se comporta como holding familiar, la política exterior se vuelve cartera de clientes y la justicia, moneda de cambio.

Estados Unidos no eligió sólo a un presidente. Eligió, otra vez, a un empresario que cree que el Estado es una oportunidad de negocio. Y el mundo mira, porque cuando Washington privatiza su ética pública, las reglas globales también se devalúan.

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