Héctor I. Tapia
En Villahermosa octubre llega con el mismo calor pegado a la camisa de septiembre, pero en el gobierno el calendario sí cambia. Javier May Rodríguez cumple este jueves dos años al frente de Tabasco y, a las nueve de la mañana, ofrecerá desde el Centro Cultural Quinta Grijalva un mensaje para hacer el recuento de lo realizado desde aquel 1 de octubre de 2024 en que recibió el poder estatal.
No será todavía el Segundo Informe Constitucional de noviembre. Será una parada política en el camino, una oportunidad para que el gobernador explique dónde considera que se encuentra su administración después de 24 meses. May ha colocado por adelantado dos frases sobre la mesa: asegura que “cambiamos la forma de gobernar” y sostiene que “los resultados están a la vista”. Las dos pueden medirse.
La primera tiene elementos concretos. May ha hecho de los recorridos por comunidades, las audiencias públicas y los Centros Integradores una manera reconocible de ejercer el gobierno. De Cárdenas a Tenosique, de la Chontalpa a los Ríos, la escena se volvió habitual: gobernador, gabinete, mesas de atención, gente esperando turno y funcionarios obligados a escuchar problemas fuera del aire acondicionado de las oficinas.
Pero después de dos años el asunto ya no consiste solamente en contar cuántas veces salió el gobierno de Villahermosa. La pregunta empieza a ser otra: cuántos de aquellos problemas encontrados en rancherías, poblados y cabeceras terminaron resueltos y cuántas peticiones se convirtieron en agua, caminos, vivienda, escuelas, seguridad o mejores condiciones para que una familia pueda vivir de su trabajo.
De arrancar a demostrar
Primer año
Instalación del gobierno, arranque de programas, recorridos territoriales y una crisis de seguridad que condicionó buena parte de la agenda.
El despegueSegundo año
Seguridad con mejores indicadores, vivienda en entrega, programas funcionando y proyectos de infraestructura en distintas etapas.
Los resultadosTercer año
La evaluación se moverá hacia obra terminada, metas acumuladas, economía cotidiana y capacidad de ejecutar el presupuesto 2027.
La pruebaOtra vara
Hace un año el argumento todavía era el arranque. Al llegar al primer aniversario, May afirmaba que más de 90 por ciento de sus 50 compromisos estaban cumplidos o en marcha. En noviembre, durante su Primer Informe Constitucional, elevó la apuesta con una frase que hoy regresa como pagaré político: “si el primer año fue el despegue, en el segundo año ¡agárrense!, porque vamos a ir con más velocidad”.
Pues el segundo año terminó. Ahora toca mirar el velocímetro. Hay resultados que pueden ponerse sobre la mesa y hay proyectos que todavía necesitan obra, presupuesto o tiempo. Esa diferencia será importante mañana porque un gobierno que cumple 24 meses empieza a abandonar la cómoda categoría de lo que está “por hacerse”: cada mes aumenta el peso de lo terminado frente al anuncio.
May parece saberlo. Esta semana, al hablar de su gabinete, evitó repartir calificaciones individuales y condensó su evaluación en una frase: “los resultados están a la vista”. Defendió el trabajo de secretarias y secretarios, habló de un ritmo intenso y volvió sobre la definición que ha acompañado estos dos años: “somos un gobierno de territorio”. Mañana deberá explicar qué produjo ese modelo.
Porque gobernar desde el territorio tiene una consecuencia que quizá no se advierte al principio: mientras más escucha un gobierno, más compromisos acumula. Y mientras más comunidades visita, más memoria deja detrás. La gente puede olvidar una cifra pronunciada en Palacio, pero difícilmente olvida el camino que pidió reparar, el pozo que no sirve o la gestión entregada personalmente al gobernador.
Homicidios: baja el promedio diario
noviembre 2024
agosto 2026
Seguridad a prueba
Si existe un terreno donde el segundo aniversario encuentra una diferencia cuantificable respecto del momento más difícil del arranque, es la seguridad. El promedio diario de víctimas de homicidio doloso pasó de 3.5 en noviembre de 2024 a 1.6 en agosto de 2026, una reducción de 54 por ciento reportada el viernes pasado por el Gobierno federal.
No es un dato menor en un estado que durante el primer tramo del sexenio despertó demasiadas veces contando muertos, bloqueos, incendios y episodios violentos. Tampoco autoriza a dar el problema por resuelto. El propio punto de comparación, noviembre de 2024, corresponde al periodo de mayor incidencia registrado entonces, de modo que la caída necesita leerse junto con la evolución posterior y no como una fotografía aislada.
Entre el 1 de octubre de 2024 y el 15 de septiembre de este año, las operaciones federales y estatales dejaron además más de 6 mil 500 detenidos por delitos de alto impacto, 2 mil armas aseguradas y 13 toneladas de droga decomisadas. La Federación atribuye los resultados a coordinación, inteligencia, investigación, despliegue operativo y fortalecimiento de las instituciones locales.
Pero en la calle la seguridad tiene otra unidad de medida. No se conversa como gráfica ni se calcula con decimales. Se mide cuando alguien decide abrir temprano su negocio, cuando una familia vuelve de noche por carretera o cuando una colonia deja de hablar del último asalto. Ahí permanece una distancia que el tercer año tendrá que seguir acortando: la que existe entre la mejoría estadística y la tranquilidad cotidiana.
Entregar también abre la cuenta pendiente
Del territorio
El territorio, en cambio, ya quedó instalado como la marca política más reconocible de May. No apareció este año ni fue producto de una campaña de comunicación. Desde el arranque construyó alrededor de comunidades, audiencias y recorridos buena parte de su manera de gobernar: sacar funcionarios de las oficinas, llevar servicios, escuchar directamente y procurar regresar con alguna respuesta.
Eso establece una diferencia de método, pero no resuelve por sí solo la evaluación. El siguiente paso es más difícil: comprobar la eficacia de esa cercanía. Una audiencia puede recibir cientos de peticiones; lo relevante después es saber cuántas fueron atendidas. Una comunidad puede recibir al gabinete completo; la cuenta verdadera comienza cuando las camionetas oficiales se marchan.

Vivienda sirve para entender el cambio de etapa. Esta semana May entregó otras 89 casas en Tumbulushal y el acumulado reportado solamente en Centro llegó a 837 familias beneficiadas. Ya no se habla exclusivamente de una intención futura: existen viviendas construidas, beneficiarios identificables y una política pública que puede comenzar a medirse contra las metas establecidas.
Pero precisamente porque existen casas terminadas también comienza la otra cuenta: cuánto falta. El compromiso estatal de construir 20 mil viviendas rurales durante el sexenio permanece como referencia. Ésa será una constante a partir de ahora. Cada programa que avance producirá dos números: lo conseguido y lo pendiente. Y ambos pertenecen al mismo balance.

La obra
La obra pública será otra de las pruebas visibles del tercer año. En noviembre pasado May anunció que durante 2026 comenzarían proyectos de mayor escala, entre ellos Villahermosa 2030 y el nuevo Centro de Convenciones, dentro de un paquete que entonces estimó en 8 mil millones de pesos. También comprometió infraestructura carretera, deportiva, hidráulica, educativa y vivienda.
El primer año había dejado una base considerable. Durante la glosa correspondiente, la Secretaría de Ordenamiento Territorial y Obras Públicas reportó más de 3 mil 500 millones de pesos destinados a infraestructura en los 17 municipios; dentro de ese conjunto, la Junta Estatal de Caminos informó casi 727 millones en rehabilitación de carreteras, terracerías, pavimentos y puentes.
Pero a los dos años ya no conviene meter en la misma bolsa una carretera inaugurada, una obra en construcción, una licitación, un proyecto ejecutivo y un anuncio. No valen lo mismo. El balance serio tendrá que separar lo concluido, aquello donde ya trabajan máquinas y obreros, lo que cuenta con dinero presupuestado y aquello que continúa esperando fecha para comenzar.
Ahí estará buena parte de la prueba del tercer año. May confirmó que su gabinete trabaja ya con secretarios y presidentes municipales en la integración del presupuesto estatal de 2027, que llegará al Congreso en noviembre. En esos números aparecerá una parte de la respuesta: cuáles proyectos tendrán recursos para avanzar, cuáles deberán acelerarse y cuáles tendrán que esperar.

El bolsillo
Existe, sin embargo, otra cuenta que no se hace en Palacio ni necesita presentación de PowerPoint. Es la que aparece todos los días en la tienda, el mercado, la gasolinera, el recibo de luz o cuando llega la quincena. Los programas sociales pueden tener aceptación y la obra puede avanzar, pero el ingreso familiar mantiene su propia conversación con cualquier gobierno.
Por eso el tercer año deberá observarse también desde la economía cotidiana. No bastará conocer cuánto invierte el Estado: habrá que seguir qué ocurre con empleo, actividad productiva, inversión y capacidad de compra. Son indicadores menos agradecidos para la fotografía oficial porque no siempre producen listones que cortar, pero en Cárdenas, Comalcalco o Tenosique se entienden sin necesidad de explicación técnica.
En ese mismo terreno están los programas dirigidos al campo, la ganadería y la pesca. Sembrando Vida estatal, Crédito Ganadero a la Palabra y otros apoyos productivos forman parte importante de la apuesta del gobierno. Cumplidos dos años, la pregunta comienza a desplazarse naturalmente del número de beneficiarios hacia otra más exigente: cuánto produjeron, cuánto ingreso generaron y cuántos proyectos lograron sostenerse.
Es una diferencia pequeña en las palabras y enorme en la evaluación. Una cosa es entregar un apoyo y comprobar que llegó a manos del beneficiario. Otra es demostrar qué ocurrió después con ese dinero, ese animal, esa plantación o ese proyecto. El tercer año comienza a ser justamente el tiempo en que esas historias deberían producir resultados que puedan contarse más allá del padrón.
Un gobernador, distintos termómetros
El termómetro
May tampoco llega al segundo aniversario acompañado por una sola cifra capaz de resolver cómo lo ven los tabasqueños. Las encuestas ofrecen fotografías diferentes. El tablero construido por El Tabasqueño con las diez últimas mediciones disponibles arroja un promedio simple de 52.16 puntos, aunque las fechas, metodologías y preguntas utilizadas por las casas encuestadoras no son estrictamente comparables.
La dispersión obliga a la cautela. Algunas mediciones colocan al gobernador considerablemente arriba y otras bastante abajo. El promedio sirve como termómetro del conjunto, no como una encuesta nueva ni como una cifra oficial de aprobación. Lo que permite observar es que no existe una lectura única sobre el desempeño de May y que las diferencias entre casas siguen siendo amplias.
Enkoll aporta, sin embargo, una comparación útil porque permite mirar la misma medición contra sí misma: May tenía 66 por ciento de aprobación en 2025 y registra 68 por ciento en 2026. La diferencia es pequeña frente al margen de error, de modo que describe mejor estabilidad que crecimiento. Su calificación promedio, además, permanece en 6.3.
Ese dato convive con la declaración del secretario de Gobierno, José Ramiro López Obrador, quien sostiene que en Tabasco existe gobernabilidad y atribuye esa condición a la confianza ciudadana en el gobernador. Es la valoración del responsable de la política interna. Los meses siguientes permitirán contrastarla con seguridad, conflictividad, relación institucional, funcionamiento administrativo y capacidad gubernamental para procesar problemas.
Otro reloj
Hay además un cambio que probablemente no aparecerá mañana en las pantallas de Quinta Grijalva, pero ya comenzó. El reloj político corre distinto. El tercer año administrativo coincidirá con la preparación y ejercicio del presupuesto de 2027 y con un calendario electoral que llevará a partidos, aspirantes y grupos políticos a una dinámica cada vez más intensa.
Eso no permite convertir la aprobación de un gobernador en votos para candidatos ni anticipar resultados electorales. Son variables diferentes. Sí significa que administración pública, ejecución presupuestal y actividad partidista comenzarán a convivir mucho más cerca, y que cada decisión gubernamental ocurrirá en un ambiente político distinto al de los primeros dos años.
En ese contexto aparece otro dato que merece seguimiento: en la medición de Enkoll la aprobación de May permanece prácticamente estable, mientras la identificación partidista con Morena baja de 54 por ciento en 2025 a 43 por ciento en 2026. Las preguntas son distintas y no existe información suficiente para afirmar que esa diferencia constituya voto personal del gobernador.
Lo que sí puede decirse es algo más sencillo: en esas dos fotografías, evaluación gubernamental e identificación partidista no se están moviendo en la misma dirección. Saber qué significa electoralmente requerirá otras mediciones, intención de voto, candidatos concretos y cruces que hoy no tenemos. Por ahora es una señal para observar, no una conclusión que adelantar.
La prueba
Hace un año May todavía podía pedir tiempo. Había recibido el gobierno doce meses antes, varios programas apenas comenzaban, las grandes obras estaban en preparación y la crisis de seguridad seguía demasiado cerca. En su mensaje del primer aniversario afirmó que la gran mayoría de sus 50 compromisos ya eran realidad; semanas después habló del primer año como el “despegue” y prometió mayor velocidad para el segundo.
A los dos años cambia la conversación. Ya existen viviendas que contar, kilómetros que medir, programas que revisar, estadísticas de seguridad que contrastar, obras que visitar y presupuestos que seguir. También permanecen problemas que cualquier tabasqueño reconoce sin necesidad de abrir una hoja de cálculo. Eso vuelve más sencilla, pero también más exigente, la evaluación.
Mañana May hará su propio corte. Hablará de lo alcanzado y de lo que viene. Seguramente habrá números, obras, programas y anuncios. Después quedará la parte menos ceremonial del aniversario: poner lo dicho frente a lo realizado, distinguir lo terminado de lo que sigue en proceso y confrontar ambos con aquello que todavía falta.
Porque el tercer año tiene una particularidad sencilla, entendible lo mismo tomando café en los portales de Villahermosa que frente a un pozol en cualquier mercado del estado: el tiempo empieza a cobrar más caro. Después de dos años, gobernar ya no consiste solamente en explicar hacia dónde se quiere ir. Cada vez cuenta más demostrar cuánto camino se recorrió y cuánto falta para llegar.
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