Héctor I. Tapia
Chihuahua quedó hasta el final. Después de una jornada de casi doce horas en el World Trade Center, Morena reservó para cerca de la medianoche la definición que acumulaba mayor tensión: Cruz Pérez Cuéllar contra Andrea Chávez. Cuando llegó el anuncio, sólo uno de los dos tenía frente a sí el asiento reservado al ganador. Era el alcalde con licencia de Ciudad Juárez. Morena había cerrado así las 17 coordinaciones estatales rumbo a 2027.
La escena fue menos tersa de lo que reclamaban los discursos de unidad. Simpatizantes de Chávez lanzaron gritos de “¡fraude!”, mientras seguidores de Pérez Cuéllar respondían con porras al nuevo coordinador. Andrea subió al estrado, pero no acompañó con entusiasmo la celebración. Al término del acto, cuando le preguntaron si respaldaba a Cruz, respondió reivindicando a los chihuahuenses que la acompañaron, a la Cuarta Transformación y a la presidenta Claudia Sheinbaum, sin formular un apoyo personal directo al vencedor.
No era únicamente el desenlace de una competencia estatal. Desde meses antes, la disputa había colocado frente a frente dos proyectos dentro de Morena. Chávez estaba públicamente asociada con Adán Augusto López Hernández; el propio tabasqueño había anticipado en febrero que la senadora sería la próxima gobernadora. Pérez Cuéllar reaccionó entonces con una frase que adelantaba la disputa por el control de la sucesión: en Chihuahua, dijo, decidirían los chihuahuenses y no “un senador que ni siquiera vota aquí”.

Por eso la derrota adquirió una dimensión distinta a la de otros aspirantes que quedaron en el camino. Con la designación de Pérez Cuéllar, Andrea perdió la posibilidad inmediata de disputar la gubernatura, pero el grupo político con el que ha sido identificada perdió también su apuesta territorial más visible. El mapa de Morena quedó completo y, tras revisar las 17 definiciones, no aparece hasta ahora una coordinación que pueda atribuirse inequívocamente al núcleo político de Adán Augusto.
Andrea llegó a la definición de Chihuahua después de casi dos años de campaña anticipada de facto. Su imagen recorrió el estado en ambulancias y unidades médicas, hubo consultas gratuitas, espectaculares y una estrategia territorial que generó denuncias y obligó incluso a Claudia Sheinbaum a pedir que nadie se adelantara a los tiempos de 2027.
Chávez moderó después la promoción personal, pero no abandonó el territorio. Por eso su derrota frente a Cruz Pérez Cuéllar adquiere otra dimensión: después de tolerar durante meses una precampaña adelantada y muy visible, el nuevo centro político de Morena terminó demostrando en Chihuahua que tener presencia, recursos y exposición no bastaba para imponer una candidatura.
La última ficha
Cruz Pérez Cuéllar obtuvo la coordinación. Andrea Chávez quedó fuera de la candidatura que durante meses representó la principal apuesta territorial asociada al grupo de Adán Augusto.
Chihuahua era oxígeno
Andrea había convertido Chihuahua en una carrera de largo aliento. Su presencia política y territorial comenzó mucho antes del proceso formal, y su cercanía con Adán Augusto transformó la sucesión en algo más que la competencia entre una senadora y un alcalde. Para el exsecretario de Gobernación representaba la posibilidad de conservar alrededor de su grupo una figura con proyección nacional y, sobre todo, acceder a un gobierno estatal de primera importancia.
La apuesta cobraba más valor por el momento político de Adán Augusto. El 1 de febrero de 2026 dejó la coordinación de Morena en el Senado y la presidencia de la Junta de Coordinación Política; Ignacio Mier asumió la conducción de la bancada. López Hernández permaneció como senador y anunció que se dedicaría al trabajo territorial para fortalecer al movimiento rumbo a 2027. El cambio significó dejar una de las posiciones institucionales desde las que había ejercido influencia nacional.
Chihuahua podía compensar una parte de esa reducción, aunque no devolviera automáticamente a Adán Augusto al centro de las decisiones federales. Una eventual gubernatura encabezada por Chávez habría significado territorio, estructura política y una aliada con seis años por delante al frente de uno de los estados más extensos del país. Para un grupo que ya no controlaba los espacios que tuvo durante Gobernación y la conducción del Senado, no era una candidatura menor.
La primera prueba, sin embargo, no estaba frente al PAN ni frente a la gobernadora Maru Campos. Estaba dentro de Morena. El PVEM había tomado partido por Pérez Cuéllar e incluso condicionó meses antes su eventual alianza en Chihuahua a que él encabezara la candidatura. Cuando llegó la decisión final, Morena optó por Cruz y Andrea quedó fuera. Antes de intentar recuperar poder hacia afuera, el grupo de Adán necesitaba demostrar que todavía podía ganarlo hacia adentro. Chihuahua mostró los límites de esa capacidad.
La disputa final
- Senadora con licencia
- Respaldada públicamente por Adán Augusto
- Construyó anticipadamente su aspiración
- Su grupo llegó al cierre con alta exposición nacional
- Alcalde de Ciudad Juárez con licencia
- Con estructura territorial propia
- Respaldado públicamente por el PVEM
- Encabezará la ruta oficialista en Chihuahua
La última ficha
La importancia de Chihuahua creció conforme Morena fue llenando los demás casilleros. Aguascalientes, Baja California, Baja California Sur, Campeche, Colima, Guerrero, Michoacán, Nayarit, Nuevo León, Querétaro, Quintana Roo, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala y Zacatecas fueron encontrando coordinador. Algunos resultados favorecieron a gobernadores; otros fortalecieron aliados o grupos internos. Chihuahua permaneció pendiente hasta el cierre.
El contraste resulta relevante. El PVEM terminó con mayor presencia dentro de las definiciones y consiguió colocar o respaldar perfiles en varias entidades; el PT, en cambio, reclamó espacios y cuestionó distintos momentos del procedimiento. La distribución demuestra que la construcción del tablero de 2027 no respondió únicamente a una lógica de encuestas: pesaron también alianzas, paridad, equilibrios locales y decisiones de las dirigencias.
El Verde no salió de este proceso como simple acompañante. En Nayarit obtuvo la candidatura pese a que el mejor resultado general de la encuesta correspondía a un morenista; en Baja California Sur colocó a Manuel Cota; y en Chihuahua ejerció presión pública a favor de Cruz Pérez Cuéllar. Más que un socio testimonial, terminó comportándose como una fuerza con capacidad para condicionar el reparto.
Para Adán Augusto, Chihuahua era distinta porque su relación política con Andrea estaba expuesta desde antes de comenzar formalmente el proceso. No había que interpretar padrinazgos ocultos: él mismo había dicho públicamente que ella sería gobernadora. Cuando Morena eligió a Pérez Cuéllar, lo que desapareció del tablero fue una candidatura cuya vinculación con el exsecretario de Gobernación estaba documentada y había sido motivo de confrontación interna desde febrero.
El resultado no permite decretar la desaparición política de López Hernández ni demostrar que existiera una operación de la dirigencia para marginarlo. Sí permite constatar algo más preciso: terminó la primera distribución de las 17 gubernaturas sin que Andrea Chávez —su apuesta más explícita— obtuviera una de ellas. Chihuahua, que durante meses podía convertirse en una nueva plataforma territorial para su grupo, terminó ofreciendo una medida distinta: hasta dónde llega hoy su capacidad para incidir en las grandes decisiones de Morena.
17 estados, una apuesta perdida
Aguascalientes
Baja California
BCS
Campeche
Chihuahua
Colima
Guerrero
Michoacán
Nayarit
Nuevo León
Querétaro
Quintana Roo
San Luis Potosí
Sinaloa
Sonora
Tlaxcala
Zacatecas
No bastó ganar
Morena terminó de definir sus 17 coordinaciones rumbo a 2027 con un método que no puede explicarse únicamente con la frase “ganó la encuesta”. En distintos estados pesaron también la paridad, la competitividad, los acuerdos con aliados y, en algunos casos, decisiones de consenso. El resultado fue un tablero donde el primer lugar demoscópico no siempre terminó convertido en candidato.
Nayarit ofrece uno de los ejemplos más claros. Héctor Santana encabezó las mediciones internas, pero la coordinación terminó en manos de Jasmine Bugarín, del PVEM, bajo el argumento de aplicar el criterio de género en una de las entidades donde Morena consideraba tener mayor competitividad. La decisión fortaleció además a un aliado que terminó con una presencia relevante en el reparto de candidaturas.

La lectura de Palacio Nacional fue distinta. Un día después de que Morena concluyera las definiciones, la presidenta Claudia Sheinbaum sostuvo que el proceso había dejado “mucha unidad”, pese a las protestas, reclamos y desacuerdos registrados en varias entidades. “Pienso que fue un proceso donde hubo mucha unidad y eso fue muy bueno”, afirmó en su conferencia matutina. El contraste resulta significativo: mientras la dirigencia daba por cerrada la etapa de selección, dentro del propio movimiento todavía quedaban inconformes con la forma en que se habían tomado algunas decisiones.
La tensión había quedado expuesta incluso dentro del World Trade Center. La senadora Guadalupe Chavira cuestionó en conversaciones con compañeros el manejo político de las designaciones y advirtió que, sin una mesa de operación encabezada por Ariadna Montiel y Citlalli Hernández, el movimiento podía resentir el desgaste. Su crítica apuntaba menos al resultado de una candidatura específica que a la capacidad de la dirigencia para procesar las derrotas y evitar que las diferencias internas se trasladaran a las campañas.
San Luis Potosí mostró una lógica distinta. Carlos Arreola aparecía por encima en las encuestas, pero Morena terminó designando a Elí César Cervantes, quien ni siquiera había participado originalmente en el proceso y fue incorporado por una decisión de consenso. La selección confirmó que, al menos en algunas entidades, la encuesta funcionó como referencia y no como mandato automático.
San Luis Potosí demuestra que la dirigencia también usó la candidatura para fijar posición política. Cervantes no llegó como ganador natural de la encuesta, pero su designación permitió a Morena desmarcarse de una sucesión familiar dentro del gobierno aliado del PVEM. Allí, más que premiar al mejor medido, la candidatura terminó funcionando como definición estratégica frente a otro proyecto de poder.
Ese patrón ayuda a leer Chihuahua con mayor precisión. Para cuando llegó la última definición, Morena ya había acomodado buena parte de sus obligaciones de género y podía seleccionar a un hombre sin que la candidatura tuviera que recaer necesariamente en Andrea Chávez. Eso hizo posible la designación de Cruz Pérez Cuéllar; otra cosa distinta sería demostrar que el acomodo previo fue diseñado deliberadamente para impedir el paso de la senadora. Esa prueba no existe públicamente.
Las reglas del reparto
Encuesta
Paridad
Competitividad
Alianzas
Consenso
Quién ganó qué
La fotografía final de las 17 candidaturas revela algo más importante que la lista de nombres: muestra cómo se redistribuyó el poder dentro del oficialismo. No todos los coordinadores pueden adjudicarse mecánicamente a un “padrino” o a una corriente, pero sí es posible identificar relaciones políticas, respaldos públicos y acuerdos de coalición que ayudan a explicar por qué unos grupos ampliaron presencia mientras otros terminaron con menos posiciones.
El Partido Verde fue uno de los beneficiados más visibles. Obtuvo Nayarit con Jasmine Bugarín y Baja California Sur con Manuel Alejandro Cota, además de una posición relevante en Quintana Roo con Eugenio Segura. El peso del Verde también quedó expuesto en Chihuahua, donde respaldó abiertamente a Cruz Pérez Cuéllar frente a Andrea Chávez.

Los gobernadores conservaron influencia desigual. En Sonora, Lorenia Valles llegó a la coordinación en medio de señalamientos sobre su cercanía con Alfonso Durazo; en Tlaxcala, en cambio, Ana Lilia Rivera se impuso pese a las acusaciones previas de que el gobierno de Lorena Cuéllar favorecía al alcalde Alfonso Sánchez. Baja California Sur presentó una tensión similar: Cota había acusado al gobernador Víctor Castro de operar en favor de Milena Quiroga y, aun así, terminó siendo el elegido.

El poder de los gobernadores tampoco tuvo una regla uniforme. En Sonora, la opción asociada con Durazo prosperó; en Tlaxcala, ocurrió lo contrario. El proceso fue menos una fórmula nacional única que una negociación estado por estado.

Nuevo León exhibe otro tipo de decisión: Morena no apostó por renovación, sino por reincidencia. Clara Luz vuelve seis años después de una derrota electoral y con un antecedente que dañó su credibilidad pública en 2021. La pregunta no es si Morena “quiere perder”, porque eso sería especulación, sino por qué prefirió una candidatura conocida —con fortalezas y negativos igualmente conocidos— frente a otros perfiles competitivos.
En ese reparto, el grupo de Adán Augusto López Hernández ofrece el contraste más llamativo. La candidatura cuya vinculación con él era más pública y comprobable era la de Andrea Chávez, y esa opción terminó derrotada. Hasta ahora, entre las 17 coordinaciones no aparece una gubernatura que pueda identificarse con la misma claridad como una posición propia del exsecretario de Gobernación. Ése es el dato que convierte Chihuahua en algo más que una derrota estatal.
El nuevo reparto
Nayarit y Baja California Sur quedaron en manos de perfiles del PVEM; Quintana Roo añadió otro espacio relevante y, en Chihuahua, el partido respaldó públicamente a Cruz Pérez Cuéllar.
Algunos mandatarios vieron avanzar perfiles cercanos; otros no consiguieron que prosperaran las opciones identificadas con sus grupos. Sonora, Tlaxcala y BCS muestran que no existió una sola regla.
Distintas corrientes conservaron espacios en estados como Baja California, Tlaxcala y Aguascalientes, aunque las relaciones políticas deben revisarse caso por caso.
Andrea Chávez era la candidatura más públicamente vinculada con Adán Augusto. Su derrota en Chihuahua dejó al grupo sin una gubernatura que pueda identificarse con la misma claridad como propia.
La sombra de la barredora
Después de la derrota de Andrea comenzó a circular entre algunos de sus simpatizantes una interpretación mucho más dura: que Morena había acomodado previamente las candidaturas femeninas en otros estados para dejar Chihuahua disponible para un hombre. La frase utilizada por algunos fue que a la senadora le habían aplicado “la barredora”, una lectura que vinculaba su exclusión no sólo con ella, sino con el grupo político de Adán Augusto.
Hay un hecho que alimenta esa percepción. Morena utilizó la paridad para modificar resultados en entidades como Nayarit y, antes de llegar a Chihuahua, ya había distribuido varias candidaturas femeninas. Eso permitió que la última decisión pudiera recaer en Pérez Cuéllar sin convertir el género de Andrea en una obligación para la dirigencia. El dato explica el margen político de la decisión, pero no demuestra por sí mismo una operación diseñada contra ella.
La diferencia es importante. Está documentado que Cruz Pérez Cuéllar fue seleccionado, que Andrea Chávez quedó fuera y que Morena utilizó criterios adicionales a las encuestas en distintos estados. También está documentado que Adán Augusto había respaldado públicamente a la senadora. Lo que no está probado es que desde la dirigencia nacional existiera una instrucción específica para bloquearla o castigar políticamente al exsecretario de Gobernación.
El resultado, sin necesidad de asumir esa hipótesis, ya tiene peso suficiente. Andrea era la apuesta más visible de un grupo que buscaba conservar una posición territorial importante y no obtuvo la candidatura. La paridad hizo posible que Morena eligiera a Cruz; demostrar que fue utilizada deliberadamente para producir ese desenlace requeriría una evidencia que hasta ahora no ha aparecido en público.
Palacio Nacional abrió, sin embargo, una salida para quienes perdieron las gubernaturas. Sheinbaum recordó que el ciclo electoral apenas comienza y que habrá nuevas convocatorias para presidencias municipales, diputaciones locales y diputaciones federales. “Quien no obtuvo el triunfo en la encuesta pues puede participar como coordinador”, señaló. La advertencia cambia parcialmente el tamaño de las derrotas: quedar fuera de una gubernatura no significa necesariamente quedar fuera del reparto de 2027.
Pero tampoco todas las derrotas pesan igual. Para muchos aspirantes, una diputación o una alcaldía puede funcionar como ruta de continuidad; para Andrea Chávez, después de casi dos años construyendo una aspiración a gobernadora y del respaldo político que recibió de Adán Augusto, cualquier nueva posición tendría un significado distinto. Podría mantenerla dentro del juego, pero no sustituiría la plataforma territorial que representaba Chihuahua para ella y para el grupo con el que ha sido identificada.
Lo que sabemos
Del centro a la periferia
Hubo un tiempo en que Adán Augusto López Hernández concentró algunas de las posiciones más relevantes del oficialismo. Gobernó Tabasco, dejó Plaza de Armas para hacerse cargo de la Secretaría de Gobernación, compitió por la candidatura presidencial de Morena y, después, encontró en el Senado una nueva plataforma: coordinó la bancada mayoritaria y presidió la Junta de Coordinación Política. Era poder territorial, interlocución federal y control parlamentario acumulados en una misma trayectoria.
Chihuahua terminó funcionando como un termómetro de la correlación interna de fuerzas. Andrea Chávez llegaba con el respaldo público de Adán Augusto; Cruz Pérez Cuéllar contaba con respaldo territorial propio y con el apoyo del Verde. La decisión final no prueba una confrontación directa entre Palacio y el exsecretario, pero sí muestra qué opción tuvo mayor capacidad para imponerse en el nuevo equilibrio de Morena.
La sucesión presidencial modificó aquella ruta. Claudia Sheinbaum ganó la candidatura que Adán también buscó y, ya en el nuevo sexenio, el tabasqueño conservó una posición central en el Legislativo, pero no regresó al gabinete. Desde la coordinación senatorial participó en la construcción de la mayoría calificada con la que Morena procesó buena parte de su agenda constitucional, una tarea que él mismo reivindicó cuando anunció su relevo.

El siguiente cambio llegó el 1 de febrero de 2026. López Hernández comunicó a sus compañeros que dejaba la coordinación parlamentaria y la presidencia de la Jucopo; Ignacio Mier fue elegido para sustituirlo. Adán permaneció como senador y explicó que iría al territorio para fortalecer a Morena rumbo a 2027, especialmente en tareas de organización electoral. Formalmente no abandonaba la política; sí dejaba una posición desde la que había negociado diariamente con el Gobierno, aliados y oposición.
Ocho meses después, ese trabajo territorial llegó a una primera medición concreta: las candidaturas a gobernador. Morena llenó los 17 casilleros y Andrea Chávez, la aspirante cuya cercanía con Adán había sido más pública, no entró en ellos. Eso no demuestra que López Hernández haya dejado de tener influencia ni que exista una decisión para expulsarlo del movimiento. Sí exhibe una diferencia verificable respecto de otros momentos de su carrera: hoy dispone de menos posiciones institucionales propias y Chihuahua no le entregó la plataforma territorial que podía compensarlas.
Del poder al territorio
2019 Gobierno de Tabasco
2021 Secretaría de Gobernación
2023 Sucesión presidencial
2024 Senado y Jucopo
2026 Deja la coordinación
2026 Chihuahua
Tabasco ya no alcanza
Para entender por qué Chihuahua tenía ese valor hay que volver a Tabasco. Desde aquí comenzó la construcción nacional de Adán Augusto y aquí permaneció buena parte de su red política después de dejar la gubernatura. Durante varios años, su condición de exmandatario, secretario de Gobernación y posteriormente líder senatorial convirtió al adancismo en una referencia inevitable para explicar candidaturas, cargos y negociaciones dentro del oficialismo estatal.
El escenario de Javier May Rodríguez es distinto. El gobernador llegó con estructura propia y ha construido una relación directa con la Presidencia de Sheinbaum; durante la visita presidencial de mayo, ambos gobiernos exhibieron públicamente coordinación institucional y respaldo mutuo. En paralelo, el proceso local hacia 2027 ha comenzado a mostrar una competencia entre corrientes por diputaciones, alcaldías y espacios partidistas, en la que el grupo de Adán ya no aparece como el único ordenador de las decisiones.

Esa pérdida de centralidad local es precisamente lo que daba a Chihuahua una dimensión adicional. En nuestros propios seguimientos sobre la disputa tabasqueña habíamos documentado movimientos atribuidos al grupo de Adán para conservar candidaturas e incluso explorar acuerdos con otras fuerzas cuando sus espacios dentro de Morena parecían reducirse. Son movimientos y versiones de negociación, no prueba de que el exgobernador haya perdido toda capacidad de operación; pero sí describen un ecosistema más competido que el de sus años de mayor ascendencia.
Por eso Andrea Chávez importaba también en Villahermosa. Una eventual gobernadora en Chihuahua no habría devuelto a Adán el control político de Tabasco ni su antigua posición en el Senado, pero habría demostrado que su grupo todavía podía producir poder nuevo fuera de su territorio original. Habría significado una estructura estatal propia o cercana, seis años de horizonte y una figura con proyección nacional. La candidatura de Cruz Pérez Cuéllar cerró, al menos por esta vía, esa posibilidad inmediata.
Los espacios que cambiaron
La gubernatura fue la plataforma desde la que se construyó el grupo político original.
El salto a Bucareli llevó esa red al centro de las decisiones nacionales.
Adán compitió por la candidatura, pero Morena eligió a Claudia Sheinbaum.
La coordinación parlamentaria le devolvió una posición institucional de gran peso.
El escenario local muestra ahora más centros de decisión y estructuras que compiten entre sí.
La derrota de Andrea cerró la vía más visible para construir una nueva plataforma territorial asociada al grupo.
El día después
Andrea quedó fuera de Chihuahua, pero no necesariamente fuera del tablero de 2027. Al día siguiente de las designaciones, Claudia Sheinbaum recordó que Morena todavía deberá resolver candidaturas a presidencias municipales, diputaciones locales y federales, y señaló que quienes perdieron las encuestas para gobernador podrán participar en esas nuevas convocatorias. Es, en los hechos, la primera ruta institucional ofrecida a los derrotados.
La posibilidad adquiere otra dimensión en el caso de Chávez. Su reacción tras el anuncio fue cuidadosa: refrendó su pertenencia a la Cuarta Transformación y su respaldo a la Presidenta, pero evitó entregar un apoyo personal entusiasta a Cruz Pérez Cuéllar. Alrededor suyo comenzaron además a circular versiones sobre otras posiciones, incluida una eventual responsabilidad en el Senado. Ninguna puede considerarse todavía un acuerdo cerrado.

Una candidatura legislativa, una posición partidista o un cargo parlamentario podrían mantener a Andrea en la primera línea nacional. Pero ninguno tendría el peso territorial de la gubernatura que buscaba. Ahí está la diferencia que importa para este reportaje: Morena puede encontrar una nueva posición para Chávez; encontrar otra Chihuahua para el grupo de Adán Augusto será bastante más difícil.
Para Adán Augusto la pregunta es diferente. Sigue siendo senador, conserva relaciones construidas durante décadas y él mismo decidió trasladar parte de su actividad al trabajo electoral; por eso sería prematuro presentar Chihuahua como un epitafio político. Pero la política se mide también por posiciones: ya no coordina el Senado, no obtuvo la Presidencia, su grupo compite por espacios en un Tabasco gobernado desde otra estructura y la candidatura estatal más públicamente asociada con él terminó en otras manos.
La noche del World Trade Center dejó esa secuencia concentrada en una sola imagen. Cruz Pérez Cuéllar salió con la constancia; Andrea Chávez, sin la candidatura. Morena había terminado de llenar las 17 casillas de 2027 y el grupo de Adán Augusto ya no tenía la carta que durante meses podía proporcionarle una nueva plataforma territorial. El mapa quedó lleno de nombres. El suyo, esta vez, no quedó inequívocamente detrás de ninguno.
17 candidaturas, ninguna claramente propia
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