BALANCÁN.— La estrategia es de fondo, no de forma. Tabasco, uno de los estados con mayores rezagos estructurales del sur del país, está mostrando que la reconstrucción institucional puede empezar desde abajo, desde el territorio.
El gobierno de Javier May Rodríguez está decantando una tesis sencilla pero poderosa: si el Estado llega primero con bienestar, la violencia llega tarde o no llega. Y si llega, no se instala con facilidad.
Esa es la apuesta que se confirma en cada jornada de trabajo, como las de esta semana en Balancán y Emiliano Zapata, donde convergieron tres ejes fundamentales de la Cuarta Transformación: obra pública con sentido social, apoyo productivo con arraigo comunitario y programas de bienestar con justicia generacional.
LA OBRA QUE PERDURA
Durante años, la obra pública en Tabasco fue sinónimo de simulación: calles que duraban lo que una foto, drenajes que colapsaban antes de ser entregados. Esa práctica, que combinaba compadrazgo con desfalco, fue el modelo que Javier May prometió desmantelar.
Y en Balancán, con concreto hidráulico y redes sanitarias rehabilitadas, empieza a demostrarlo. Más de 13 mil habitantes se benefician de una inversión de 17.8 mdp.
El simbolismo no es menor: las calles inauguradas llevan nombres como Constitución, Diputados y Artículo 123. En ellas se condensa la idea de que el pacto social también se escribe sobre pavimento duradero. Y cuando las obras se terminan antes de la temporada de lluvias, hay eficiencia, no pretexto.
DEL JORNAL AL ARRAIGO
El modelo económico de la 4T no se agota en transferencias. Busca —idealmente— generar economías locales. Y eso parece comenzar a ocurrir con el programa estatal Sembrando Vida, que esta semana incorporó a 917 campesinas y campesinos de Balancán y Tenosique, quienes recibirán un jornal mensual de 5 mil pesos.
La meta es llegar a 4 mil beneficiarios en ambos municipios, lo que representará una nómina mensual de 20 mdp. Pero el verdadero saldo es cualitativo: en zonas donde la migración era la salida obligada, hoy se reconstruye arraigo con raíces productivas.
En la cabecera municipal de Balancán, acompañamos a la presidenta municipal Beatriz Castañón Félix en la inauguración de la pavimentación con concreto hidráulico de la calle Flores Magón, donde también se rehabilitó la red de drenaje sanitario. pic.twitter.com/8x4OYih9t0
— JAVIER MAY (@TabascoJavier) August 5, 2025
A eso se suma el programa Bienestar y Plenitud, que en Balancán entregó 42 tarjetas a hombres mayores de 63 años. La cifra es modesta, pero el mensaje es claro: no hay etapa de la vida excluida del modelo social tabasqueño.
EL GANADO, LA PALABRA Y LA HISTORIA
En Emiliano Zapata, 1,600 novillonas y 160 sementales fueron entregados a pequeños ganaderos de 11 comunidades. No se trata de beneficencia, sino de crédito a la palabra, un modelo de confianza mutua.
En un estado donde los ganaderos solían tocar puertas que nunca se abrían, el gobierno decidió abrirlas sin garantías hipotecarias, pero con exigencia moral: devolver con trabajo lo que se recibió con fe.

La entrega de semovientes tiene un valor estratégico: recuperar el hato ganadero e impulsar a Tabasco como potencia productora. Pero también reconstruye un contrato social deteriorado: el de un Estado que vuelve a mirar al campo con respeto y no con desprecio burocrático.
LA TENSIÓN DE FONDO
Javier May no evade la tensión: sabe que los adversarios apuestan a la nostalgia neoliberal. Aquella que ofrecía austeridad para el pueblo y privilegio para el funcionario. Por eso repite que la Cuarta Transformación no está garantizada: habrá que defenderla, no con discurso, sino con obra, jornal y justicia.
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La agenda desplegada en la frontera sur esta semana no es casual. Es una respuesta integral a un problema histórico: la expulsión silenciosa de tabasqueños por falta de futuro.
Donde antes se empacaban maletas, ahora se reciben tarjetas. Donde antes se pedía fiado, ahora se recibe crédito. Donde antes se caminaba en lodo, ahora hay pavimento.
Esa es la diferencia entre un sexenio que reparte y otro que repara.
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