Héctor I. Tapia
México venía respirando con dificultad. Entre la violencia de Uruapan, la crispación permanente en redes, los ataques dirigidos contra la presidenta y la sensación generalizada de un país con los nervios de punta, el ánimo nacional avanzaba con el freno de mano puesto.
Y entonces, desde un escenario a más de 15 mil kilómetros, una tabasqueña con un vestido rojo, serenidad y una respuesta impecable le devolvió a México un respiro inesperado. No fue un triunfo político, pero sí un acontecimiento emocional que México no sabía cuánto necesitaba: la coronación de Fátima Bosch como Miss Universe 2025.
En un país que se acostumbra con alarmante rapidez a sus peores noticias, el triunfo de la mexicana operó como una interrupción súbita del ambiente tenso. Por unas horas, desaparecieron los algoritmos de indignación, los discursos de colapso y los análisis catastrofistas.
La imagen de Bosch —firme tras el incidente con el directivo Nawat Itsaragrisil, elegante en su caminar, contundente en su respuesta sobre la seguridad de las mujeres— recordó algo que la política rara vez logra: que todavía somos capaces de celebrar juntos.
UN PAÍS CANSADO
La violencia exhibida en Uruapan había fracturado el clima nacional. En redes, la discusión se había convertido en una batalla campal. Grupos opositores intentaban reinstalar la narrativa del “México fuera de control”, mientras la presidenta Claudia Sheinbaum enfrentaba la presión de protestas mediáticas que buscaban convertir un caso trágico en una lectura política generalizada.
Ese era el país que llegó al certamen: un país irritado, saturado emocionalmente. Por eso, el triunfo de Bosch no cayó en vacío. Funcionó como una descarga social, un contrapeso sentimental que alteró, aunque fuera temporariamente, la respiración colectiva.
La coronación no resolvió nada de fondo, pero modificó el ánimo nacional, y en México el ánimo es un terreno de disputa política.
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LA NOCHE DE TAILANDIA
En Tailandia, la escena tenía una densidad inesperada. La polémica con el directivo tailandés —que la trató con desdén y provocó un momento tenso ante cámaras— colocó a Bosch en un reflector distinto.
Su respuesta serena, su defensa firme y su negativa a tolerar una falta de respeto hicieron que la audiencia conectara con ella en una dimensión que trasciende la estética.
Su mensaje final —sobre la seguridad de las mujeres, la autenticidad y el valor de creer en una misma— dialogó involuntariamente con una de las preocupaciones estructurales del país. Y su triunfo se convirtió en un gesto simbólico: una mexicana reivindicando dignidad en el escenario más observado del mundo.
TABASCO ENCENDIDO
Pero mientras en Tailandia se anunciaba el resultado, la verdadera explosión ocurrió en Tabasco. El Estadio Centenario 27 de Febrero estaba lleno desde horas antes: coronas de luces, banderas, cartulinas, niños con glitter, familias completas sosteniendo pancartas, jóvenes de la comunidad LGBT+ gritando su nombre. Más de siete mil personas celebraron como si se tratara de un campeonato mundial.
Y no solo en Centro: Cárdenas, Comalcalco, Balancán, Huimanguillo, Jonuta, Paraíso y Teapa se unieron en pantallas gigantes, bailes populares y festejos que se extendieron hasta la madrugada. Tabasco necesitaba una victoria emocional. Y la tuvo.
La Flor de Oro 2018 regresó convertida en la Flor del Universo, y ese salto simbólico encendió algo profundo en el estado.
LO QUE LA POLÍTICA NO PUEDE
La política no logró esto. La política no ha podido unir al país en años. La política no es capaz de producir júbilo colectivo. Pero una tabasqueña de 25 años sí lo hizo.
La coronación de Bosch funcionó como un “apagafuegos” emocional que ningún operador político podría haber diseñado. Cuando un estado o un país viven en tensión permanente, un evento cultural masivo puede modificar el clima, alterar el humor social y restarle fuerza a los discursos que intentan incendiarlo todo.
Claudia Sheinbaum no obtuvo un triunfo político directo, pero sí recibió un beneficio intangible: una pausa en la tormenta narrativa. En medio de ataques y presiones, el país celebró a una mexicana admirada globalmente. Y en política, una pausa emocional vale más que mil comunicados.
TABASCO Y EL EFECTO MAY
Para el gobernador Javier May Rodríguez, el beneficio tuvo otro matiz. No intentó apropiarse del momento, no lo usó para capitalizar políticamente. Convocó, acompañó y se hizo a un lado. Y esa decisión lo colocó del lado correcto: el lado de la gente.
El Centenario lleno, los municipios celebrando, las familias orgullosas, los jóvenes llorando de emoción… todo esto restituyó autoestima territorial en un estado que ha enfrentado retos de seguridad, conflictos internos y ajustes institucionales.
Tabasco llevaba meses en un clima de tensión narrativa. La coronación de Bosch fue un respiro que también oxigenó al gobierno estatal, aunque nadie lo haya diseñado así.
Tabasco recuperó algo esencial: la certeza de que también genera excelencia, talento y liderazgo, no solo problemas y crisis.
UN ESPEJO PARA TODOS
La coronación de Fátima Bosch no resuelve la violencia ni corrige la desigualdad. Pero sí nos recuerda algo que parece haberse extraviado: México es más grande que sus heridas. Por una noche, el país respiró mejor. Tabasco ardió de orgullo.
Y una mujer que comenzó como Flor de Oro terminó sosteniendo —sin proponérselo— el ánimo de millones
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