CDMX.— La renuncia de Ariadna Montiel a la Secretaría de Bienestar no fue un simple relevo administrativo. Fue un movimiento político calculado desde el centro del poder. La presidenta Claudia Sheinbaum apareció en un video grabado en Palacio Nacional rodeada por operadores, coordinadores y cuadros de la dependencia más poderosa del aparato social del gobierno federal. El mensaje fue terso. El fondo, mucho menos.
La Secretaría de Bienestar administra hoy cerca de un billón de pesos en programas sociales. No es solo una oficina de apoyos: es la estructura territorial más extensa del oficialismo, el puente entre el gobierno y millones de beneficiarios en colonias, ejidos y comunidades donde Morena consolidó su hegemonía electoral. Cuando una figura sale de ahí, la pregunta no es quién se va, sino hacia dónde se mueve el poder.
“Sheinbaum quiere avanzar en otras tareas del movimiento”, dijo la Presidenta al explicar la salida de Montiel. La frase pareció diseñada para evitar turbulencias internas, pero al mismo tiempo abrió la puerta a lo que en Morena ya se procesa como un escenario casi definido: el arribo de Montiel a la presidencia nacional del partido el próximo domingo.

La operación rumbo a Morena
El relevo no ocurre en un vacío político. Morena entra en una etapa delicada: elecciones estatales complejas, tensiones internas por candidaturas y un entorno económico internacional incierto por la presión de Donald Trump, la disputa comercial y el endurecimiento del discurso estadounidense hacia México. En ese contexto, controlar el partido significa controlar el reparto futuro del poder.
Montiel llega con algo que pocos poseen dentro de la 4T: estructura territorial propia. Su formación política viene del bejaranismo, pero su consolidación ocurrió bajo el paraguas directo de Andrés Manuel López Obrador, quien la colocó al frente de la maquinaria social más sensible del obradorismo. Desde ahí construyó una red de operadores que conocen el territorio, los programas y las necesidades electorales de Morena.
El eventual salto hacia la dirigencia partidista también confirma algo que dentro y fuera del oficialismo ya se comenta sin demasiados rodeos: Sheinbaum aún gobierna compartiendo equilibrios heredados. Los perfiles anunciados muestran continuidad antes que ruptura. La Presidenta acomoda piezas, pero todavía dentro de un tablero construido durante el sexenio anterior.
Leticia Ramírez y la continuidad obradorista
La llegada de Leticia Ramírez a Bienestar tampoco representa un giro inesperado. Su trayectoria está profundamente ligada al obradorismo histórico. Fue responsable de Atención Ciudadana con López Obrador en Ciudad de México y en Palacio Nacional; después encabezó la SEP y más recientemente ocupó la Coordinación General de Asuntos Intergubernamentales.
“No llegamos aquí de la nada”, parece ser el mensaje implícito del relevo. Sheinbaum optó por una figura de absoluta confianza política, con experiencia en operación territorial y bajo perfil mediático. En tiempos de turbulencia interna, la discreción vale más que los reflectores.
El problema es que Morena enfrenta una presión que ya no proviene únicamente de la oposición. La disputa real ocurre dentro del propio movimiento. Gobernadores, grupos parlamentarios, alcaldes y corrientes regionales comenzaron desde hace meses la batalla silenciosa por candidaturas de 2027 y 2030. La presidencia nacional del partido será la aduana de esa pelea.
Me siento muy orgullosa de formar parte de la Cuarta Transformación y de contribuir a que el bienestar sea un derecho para el pueblo de México.
— Ariadna Montiel Reyes (@A_MontielR) April 29, 2026
Les comparto que hoy presenté mi renuncia a la presidenta @Claudiashein, con la intención de participar en la elección de la… https://t.co/cCziFhJcHx
El riesgo que viene
La salida de Montiel ocurre justo cuando Morena empieza a resentir el desgaste natural del poder. El pragmatismo con el que el partido ha incorporado perfiles polémicos en distintos estados ha generado tensiones entre militancia histórica y operadores electorales. Ese choque podría convertirse en el principal riesgo interno del oficialismo.
La apuesta de Sheinbaum parece clara: mantener cohesionada la estructura territorial mientras el entorno político se complica. Pero también revela que el movimiento atraviesa una transición delicada. Como los ríos tabasqueños cuando suben sin hacer ruido, el problema no siempre aparece en la superficie; muchas veces avanza por debajo hasta romper el borde menos esperado.
¡Mantente informado en WhatsApp!
Recibe las noticias más importantes de Tabasco y México directamente en tu celular.


