CDMX.— La pregunta incómoda no es cuántos partidos jugará México en el Mundial. La pregunta es otra: ¿qué revela la distribución del Mundial 2026 sobre quién manda realmente en la FIFA y para quién se organiza hoy el futbol?
Cuando Joseph Blatter, ex presidente del organismo, califica como “una miseria” que México y Canadá reciban apenas 13 partidos cada uno, frente a los 78 encuentros en Estados Unidos, no está hablando solo de logística. Está señalando un reacomodo de poder. Y eso, en el ecosistema del futbol profesional, nunca es inocente.
“Es una miseria lo que le dan a Canadá y México”, declaró a Radio Canadá. “Uno pensaba que tendrían aproximadamente la misma cuota de partidos. Esto no beneficia al desarrollo del futbol”.
La frase puede parecer nostálgica viniendo de un dirigente de 89 años vinculado al FIFAgate, pero el fondo es más complejo. El Mundial ampliado a 104 partidos no es una decisión deportiva: es una decisión económica.
Y la concentración de casi el 75% del calendario en territorio estadounidense confirma que el centro financiero del futbol ya no está en Zúrich ni en París. Está en Washington, en Nueva York, en el mercado de consumo más poderoso del planeta.

El Mundial como instrumento político
Blatter va más allá. “La intervención del presidente Trump en los asuntos del Mundial es lo peor que le ha pasado a la FIFA, no hay oposición”.
La afirmación es explosiva, pero abre un debate real: ¿puede un torneo global mantenerse neutral cuando el país anfitrión concentra el control migratorio, los ingresos por hospitalidad, los derechos comerciales y la narrativa diplomática?
De los 104 encuentros, 78 se jugarán en Estados Unidos. Eso significa que la mayor parte de la derrama económica, la venta premium de boletos, el turismo corporativo y la exposición mediática quedarán en suelo estadounidense. México y Canadá operan, en términos estructurales, como socios secundarios.
El futbol dejó de ser un evento cultural compartido para convertirse en un activo estratégico. La frase de Blatter —“La Copa no es una máquina tragamonedas, pero en eso se ha convertido”— no es ingenua. Es una acusación directa al modelo Infantino: expansión de partidos, ampliación de sedes, crecimiento de ingresos, centralización del negocio.
La paradoja Blatter
Ahora bien, hay que poner las cosas en contexto. Blatter fue el rostro de una FIFA golpeada por el escándalo de sobornos, fraude y lavado de dinero en 2015. Él mismo defendió que la ofensiva judicial estadounidense fue una reacción a la derrota de su candidatura para albergar los Mundiales de 2018 y 2022.
“No soy responsable de la corrupción de otros”, dijo recientemente.
La paradoja es brutal: quien encabezó una organización señalada por corrupción ahora acusa una politización excesiva. Sin embargo, eso no invalida el debate de fondo. El hecho de que Blatter tenga un pasado cuestionado no significa que el modelo actual esté libre de intereses.
Infantino ha consolidado una FIFA más cercana al poder político estadounidense que nunca. El Mundial 2026, con formato ampliado, se diseñó para maximizar ingresos en el mercado más lucrativo del planeta. La narrativa oficial habla de globalización. La distribución real habla de concentración.
México, el socio menor
Para México, la lectura es incómoda. Será sede por tercera vez en la historia —algo que ningún otro país puede presumir— pero su peso en el torneo es simbólico, no estructural. 13 partidos en un calendario de 104 representan poco más del 12%.
La pregunta que debería hacerse la dirigencia mexicana es otra: ¿qué poder real tiene hoy la Federación Mexicana de Futbol dentro de la estructura FIFA? Porque el reparto no es casual. Es producto de negociación política, capacidad económica y posicionamiento institucional.
El Mundial 2026 no es solo un evento deportivo. Es un espejo del nuevo orden del futbol global: más partidos, más dinero, más influencia del mercado estadounidense y menos equilibrio entre socios.
Blatter lanzó la piedra. Puede que lo haga desde una biografía controvertida, pero el fondo del debate permanece: ¿quién gana realmente con este Mundial? Si el gran beneficiado es Estados Unidos, como él sostiene, entonces el torneo no es tripartita en términos de poder. Es tripartita en el papel.
Y en el futbol moderno, el papel rara vez cuenta más que el negocio.
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