No es solo un cambio de dirigencia. Es una disputa por el control del crecimiento de Movimiento Ciudadano en Tabasco y, sobre todo, por definir quién administrará su expansión rumbo a 2027 y 2030 en un estado donde el poder no da segundas vueltas.
La señal más clara no está en la convocatoria —ya aprobada pero aún no publicada— sino en que la definición podría no resolverse aquí, sino en una mesa en Ciudad de México donde los intereses van bastante más allá de la entidad.
El proceso lleva al menos mes y medio gestándose en la capital. Gerardo Gaudiano, ex alcalde de Centro y figura central en las negociaciones, lo confirmó en entrevista de radio este lunes: “Hace aproximadamente mes y medio tuvimos una primera reunión en México para unificar esfuerzos”.
Rechazó que Jorge Álvarez Máynez y Dante Delgado no tomen con seriedad lo que ocurre en Tabasco: “Al contrario. Yo creo que reconocen mucho los liderazgos que hay aquí y el crecimiento que ha tenido Movimiento Ciudadano”.
En la superficie hay nombres. Debajo, bloques. El propio Gaudiano los enumeró sin rodeos: “Se puso el nombre de Juan Pablo en algún momento como una candidatura de unidad. He escuchado a Fanny Vargas, Paty Lanestosa, Karla Rabelo, Juan Pablo de la Fuente, Hernán Pérez, la misma Casilda”.
El actual dirigente estatal, Pedro Palomeque, confirmó por su parte que hasta el momento han levantado la mano Karla Rabelo, Fanny Vargas, Minés de la Fuente, Juan Pablo de la Fuente y Hernán Pérez Soto.
En medio de ese mapa aparece Juan Pablo de la Fuente, impulsado desde la dirigencia nacional, lo que introduce una variable incómoda: la posibilidad de que el relevo no se resuelva por equilibrio interno, sino por instrucción desde el centro.
El propio De la Fuente lo reconoció: el Comité Nacional busca un consenso unánime, no solo una mayoría. Cuando un partido necesita unanimidad es porque no tiene control pleno de sus corrientes. Y cuando no tiene ese control, el margen de maniobra sube hacia arriba.
El reacomodo interno
El relevo ocurre en un momento en que MC intenta consolidar lo que tiene: tres alcaldías y tres diputados locales que no configuran todavía una fuerza dominante, pero sí un punto de partida para construir estructura territorial real. De ahí la línea de Gaudiano, dicha sin ambigüedad: “Quien esté en la dirigencia debe abocarse al cien por ciento a los trabajos de la dirigencia. Y los que estén en el legislativo deben de abocarse a eso”.
La advertencia apunta directo a Fanny Vargas. Patricia Lanestosa solicitó licencia por tiempo indefinido a su curul en el Congreso local el 14 de abril, movimiento que abre la puerta para que Vargas entre al Legislativo como diputada propietaria.
Sobre su salida, Lanestosa fue lacónica pero deliberada: «La palabra de un político creo que es lo más importante que se tiene. Si no tienes eso, pues estás perdido.» Palomeque, por su parte, dijo desconocer el acuerdo: “Yo siempre fui respetuoso y lo dije ante ustedes: ‘Yo desconozco el acuerdo, no lo sé’”.
Nada de esto es espontáneo. El reacomodo redistribuye en tiempo real quién controla las decisiones estratégicas del partido en la entidad: si Vargas entra al Congreso, su candidatura a la dirigencia se complica por la propia lógica que Gaudiano acaba de sentar. Si no entra, el tablero de nombres se recorre. En cualquier caso, las piezas se mueven antes de que la convocatoria siquiera se publique.
En ese mismo tablero, la figura de Juan Pablo de la Fuente arrastra una historia que no se olvida fácil en los pasillos del poder tabasqueño. En 2016 fue electo diputado local por Morena.
En 2017 renunció a esa bancada y se sumó al PRD —movimiento que le entregó el control de la JUCOPO al gobierno perredista de Arturo Núñez, cuyo gabinete incluía a Alejandro de la Fuente Godínez, padre del aspirante, hoy bajo investigación por presuntos desvíos en el CEAS. Después del PRD no vino Morena de regreso. Vino Movimiento Ciudadano, donde ahora quiere ser dirigente. El recorrido habla por sí solo.
El patrón nacional
Lo que ocurre en Tabasco no es excepción. En distintos estados del país, MC atraviesa procesos similares de renovación donde la dirigencia nacional mantiene papel decisivo. En papel, el partido cuenta con mecanismos claros —asambleas distritales, convenciones estatales, órganos colegiados— para renovar sus estructuras. En la práctica, esos procesos se resuelven estado por estado, dependiendo de la capacidad de los grupos locales para cerrar acuerdos sin romperse.
En varios estados del sureste las dirigencias operan todavía bajo figuras de transición o encargos, lo que mantiene abierta la posibilidad de intervención nacional. No es un diseño accidental: los propios estatutos establecen que la Comisión Operativa Nacional dirige y coordina el funcionamiento del partido en todo el país, lo que convierte los relevos estatales en procesos supervisados, no plenamente autónomos. La última palabra puede no estar en la militancia local.

El crecimiento del partido —alimentado por la incorporación de perfiles de distintos orígenes políticos— ha ampliado su presencia territorial pero también ha complicado sus equilibrios internos. Gaudiano lo resumió en términos que no dejan mucho espacio a la interpretación: “Movimiento Ciudadano es el único partido que está creciendo a nivel nacional.
Pero hoy somos la segunda fuerza. Y hoy Morena no está como estaba hace unos años. Aquí se creó un cártel dentro del gobierno. Problemas de inseguridad, problemas de corrupción, el sistema de salud con problemas. Pero esto tiene que cambiar, no podemos seguir siendo un estado tan rico con un gobierno tan malo”.
El diagnóstico explica la urgencia del orden interno: un partido que se presenta como alternativa no puede llegar a 2027 con una dirigencia impugnada o designada a la fuerza.
El punto de quiebre
El calendario es concreto. Pedro Palomeque lo trazó el 8 de abril: convocatoria publicada la semana siguiente, diez días de inscripciones, seis asambleas distritales —dos por día—, una convención estatal. “A más tardar en un mes debe ya haber quedado el nuevo coordinador. Yo considero que en mayo debe estar listo todo”, dijo. La Comisión Permanente del partido sesiona este jueves.
Pero el calendario formal no resuelve la pregunta de fondo: si los bloques internos no alcanzan acuerdo, ¿quién decide? Gaudiano lo dijo sin rodeos el lunes, y en esa frase está todo: “Si no hay esa posibilidad, tendrá que nombrar un delegado”.
Una sola oración. El proceso local termina y la dirigencia nacional entra a designar. No sería anomalía dentro de la lógica del partido —los estatutos lo permiten— pero sí sería la confirmación de que MC todavía no alcanza autonomía política real en Tabasco, pese a tres alcaldías y tres curules ganadas.
Quien llegue a la dirigencia, por la ruta que sea, enfrentará una militancia que ya sabe distinguir entre una decisión construida y una impuesta. Y en un estado donde Gaudiano lleva mes y medio viajando a Ciudad de México para intentar cerrar un acuerdo que todavía no cierra, esa distinción importa más de lo que parece.
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