Tomás Garrido Canabal en retrato simbólico
Ilustración editorial que representa al exgobernador tabasqueño Tomás Garrido Canabal en un close up hiperrealista con elementos simbólicos que aluden a su figura polémica en la historia política de Tabasco.

25 escándalos del origen ateo: cuando la Feria de Garrido sustituyó a Dios

Héctor I. Tapia

Para entender la Feria Tabasco, hay que despojarse de la idea romántica de que siempre fue un evento de zapateado y alegría. En su origen, fue una herramienta de ingeniería social diseñada por el “Sagitario Rojo”, Tomás Garrido Canabal, para extirpar la fe del alma del tabasqueño a punta de decreto y asfalto. La belleza de las “Mensajeras del Progreso” no era un fin estético; era un caballo de Troya enviado para introducir el ateísmo y el racionalismo en los hogares más tradicionales, ahí donde el rosario aún se rezaba en susurros.

Lo que hoy conocemos como nuestra máxima fiesta fue, en realidad, un experimento político que se extendió por más de 15 años de puño de hierro. Garrido no solo gobernó formalmente en tres periodos (1919-1920, 1923-1926 y 1931-1934), sino que extendió su sombra anticlerical imponiendo gobernadores títeres como Santiago Ruiz Blanco y Ausencio C. Cruz. En total, Tabasco vivió casi dos décadas bajo una influencia atea absoluta que demolió templos para levantar naves ganaderas.

En este “laboratorio de la revolución”, la corona de flores convivía con la quema de santos en las plazas públicas. Las embajadoras eran las nuevas deidades de un estado que había decretado que Dios había muerto en el trópico y que el progreso agrícola era el único altar permitido. A continuación, exploramos los episodios más crudos y reales de este pasado que la historia oficial, por comodidad o por miedo, siempre prefiere matizar.

  1. El nombre original: “Mensajeras del Progreso”

    En 1928, las jóvenes no iban a representar la belleza de su municipio, sino a dar fe de la derrota de la religión. Su título oficial era “Mensajeras del Progreso” y su labor principal consistía en entregar un informe al gobernador sobre cuántas escuelas se habían abierto y cuántas iglesias se habían clausurado o convertido en escuelas “racionales”. No eran modelos; eran cuadros políticos juveniles entrenados en la retórica del garridismo para demostrar que la mujer tabasqueña ya no necesitaba de la confesión ni del rosario para ser digna.

    Fotografía histórica recreada de una Mensajera del Progreso en la Feria Tabasco 1930, joven tabasqueña en tribuna de madera con pancarta atea frente a iglesia clausurada.

  2. El bautizo con cerveza: La parodia de los sacramentos

    Durante las ferias de los años 30, se realizaban eventos públicos conocidos como “bautizos rojos”. En lugar de agua bendita y sacerdotes, las Mensajeras del Progreso presidían ceremonias donde se utilizaba cerveza o alcohol para “bautizar” a los niños con nombres de líderes socialistas o héroes de la revolución (como Lenin, Juchimán o Libertad). Esta era una mofa directa a los sacramentos católicos, diseñada para secularizar la vida cotidiana desde la infancia, utilizando la figura amable de la embajadora como validación socialFotografía vintage recreada de un bautizo rojo en la Feria Tabasco, joven Mensajera del Progreso sostiene niño mientras Camisa Roja vierte alcohol con pancarta atea de fondo.

  3. La quema de los santos en el recinto ferial

    Uno de los momentos más oscuros y reales documentados en la historia de la exposición regional era la pira funeraria de imágenes religiosas. Mientras las embajadoras desfilaban, se organizaban fogatas donde se arrojaban cuadros de la Virgen de Guadalupe y estatuas de madera de diversos santos extraídas de los templos locales. Muchas de estas jóvenes, a veces por convicción y otras por presión política, debían presenciar y vitorear estos actos como símbolo de que Tabasco se había liberado de lo que Garrido llamaba “el fanatismo oscurantista”.Fotografía histórica de la quema de santos y reliquias religiosas durante la época del garridismo en Tabasco, con multitud observando una pira en un campo abierto.

  4. El Mito del “Hechizo” de la Flor de Oro

    Antes de ser la “Flor de Oro”, el certamen se llamaba “La Flor de la Raza”. Bajo la influencia de corrientes pseudocientíficas de la época, el concurso buscaba premiar no solo la estética, sino la “pureza” y fortaleza física del tipo racial tabasqueño. Se creía que la ganadora debía ser el ejemplo de una nueva raza mestiza, sana y trabajadora, alejada de los “vicios morales” de la iglesia. Los discursos de las participantes incluían términos sobre la higiene, la fuerza biológica y la superioridad del hombre nuevo socialista.Fotografía analógica de 1930 de una joven tabasqueña hablando frente a un micrófono rústico en una tribuna, con una pancarta que dice "LA MUJER TABASQUEÑA TIENE VOZ. RAZÓN Y PROGRESO", estilo sepia con grano de época.

  5. El ganado con nombres de santos

    En la exposición ganadera, que era el corazón de la feria, Garrido implementó una de las burlas más famosas y blasfemas de la historia. Mandaba a rotular los nombres de figuras sagradas en los costados de los animales de exhibición. Era común ver un buey llamado “Papa Pío XI”, un cerdo gordo rotulado como “Jesucristo” o vacas con el nombre de “María”. Las embajadoras caminaban entre estos animales, normalizando la profanación ante los ojos de los visitantes que, aterrados o divertidos, veían cómo lo sagrado se volvía mercancía o ganado.Fotografía histórica recreada de 1930 de una exposición ganadera en Tabasco. Un gran toro Cebú tiene un cartel handmade rústico que dice "TORO SAN IGNACIO", con otros animales con nombres de santos y una pancarta que dice "EXPOSICIÓN GANADERA RACIONAL", estilo sepia con grano.

6. La demolición de la Catedral para la fiesta

La sede de las primeras ferias en Villahermosa no fue elegida al azar. Se utilizaron los terrenos ganados tras la demolición de templos. La antigua Catedral de Esquipulas fue derribada y su espacio se convirtió en parte de los recintos de exhibición. Los cimientos de la fe tabasqueña fueron literalmente pavimentados para dar paso a los stands de agricultura y los escenarios donde las flores bailaban. La feria era, físicamente, una construcción levantada sobre las ruinas de la Iglesia Católica en el estado.

– Terry a O’Neal

Fotografía vintage en blanco y negro que muestra los cimientos de la antigua Catedral de Esquipulas en Villahermosa siendo cubiertos con tierra y escombro para construir los stands de la exposición agrícola de 1930.




Fotografía vintage recreada de una joven aspirante a Flor de la Raza en Tabasco 1930, llorando frente a un clérigo oculto en una casa de adobe sombría, con un crucifijo y un altar secreto de fondo.

10. La “maldición” de la Flor y la soltería

A raíz de la fuerte persecución religiosa, las familias más conservadoras que aún practicaban su fe en la clandestinidad crearon el mito de que las jóvenes que participaban en la feria “quedaban malditas”. Se decía que, por haber servido como imagen de un gobierno ateo y blasfemo, estas mujeres no encontrarían felicidad en el matrimonio o serían castigadas por Dios. Aunque suena a leyenda, fue una narrativa real difundida por el clero oculto para intentar disuadir a las familias de enviar a sus hijas al certamen.

11. El Himno de la Feria: Oda a la tierra, no al cielo

Incluso la música fue seleccionada para evitar cualquier referencia espiritual. Las canciones que hoy son clásicos de la feria, como “El Tigre” o los zapateados tradicionales, fueron promovidos intensamente en esta época para sustituir los cantos litúrgicos y las fiestas patronales. El objetivo era que el tabasqueño canalizara su necesidad de ritual hacia el baile y el culto a la tierra, convirtiendo el zapateado en la nueva “oración” oficial del estado.


12. La iconografía de los carros: La quema del clero

Existen registros de carros alegóricos en los años 30 que llevaban representaciones caricaturescas de sacerdotes y monjas en situaciones ridículas o degradantes. Las embajadoras iban montadas sobre estas plataformas que celebraban la “expulsión de los zánganos” (como llamaba Garrido a los curas). Era un espectáculo visual donde la belleza de la mujer tabasqueña se usaba como contraste frente a la “fealdad” y “oscuridad” del pasado religioso que se pretendía enterrar.


13. El trofeo: La Flor de Oro vs. Las Reliquias

Cuando se instituyó la Flor de Oro, el valor del metal precioso tenía una connotación materialista. En un estado donde se habían fundido cálices, copones y campanas de oro y plata de las iglesias para financiar obras públicas y escuelas, entregar una flor de oro era el símbolo máximo del triunfo de la riqueza terrenal sobre la “falsa” riqueza espiritual. La flor no era solo un premio; era el metal de la iglesia transformado en un adorno para la mujer nueva.


14. El discurso de 1930: La mujer como motor ateo

Un dato histórico poco difundido es el discurso de la representante de Centro en 1930. En lugar de hablar de amor o hermandad, hizo un llamado a las madres tabasqueñas para que no “envenenaran” la mente de sus hijos con cuentos de infiernos y cielos. Este nivel de politización en el certamen es real y está documentado en los periódicos de la época como Redención. Las embajadoras eran, literalmente, las oradoras del ateísmo oficial.


15. El fin del Garridismo y la supervivencia de la Flor

A la caída de Garrido en 1934, muchos esperaban que la feria y el concurso desaparecieran por su carga política. Sin embargo, la tradición ya se había enraizado tanto en la identidad tabasqueña que el pueblo la defendió. Lo que ocurrió fue una “limpieza” de imagen: se quitaron los discursos ateos y la quema de santos, pero se mantuvo la estructura del concurso. La embajadora pasó de ser una comisaria política a un icono cultural, pero su ADN sigue siendo el de aquella “Mensajera del Progreso” que desafió a los cielos.


16. El “Velo” Prohibido: La estética de la mujer liberada.

Incluso en los años 40, tras la salida de Garrido, quedó una regla no escrita en el certamen: las embajadoras no podían usar velos, mantillas ni accesorios que recordaran a la indumentaria religiosa de “la mujer sumisa”. Mientras en el resto de México las reinas de belleza posaban con estilos recatados y casi coloniales, en Tabasco se impulsó una estética de hombros descubiertos y flores exuberantes en el cabello. Era el triunfo visual de la “Eva del Edén” sobre la “Virgen Dolorosa”, una herencia directa del pensamiento racionalista que buscaba que la mujer tabasqueña fuera vista como un ser terrenal y fértil, no celestial.

17. La Guerra de las Urnas: El fraude como deporte estatal.

En los años 50, antes de que hubiera un jurado “experto”, la Flor de Oro se elegía por votos físicos que se compraban o se obtenían mediante cupones de periódicos. Esto generó una dinámica de corrupción casi electoral: las familias adineradas de los municipios compraban camiones enteros de periódicos para llenar las urnas. Se dice que en la elección de 1953, el fervor fue tal que hubo connatos de bronca y robo de urnas, replicando las mañas de la política estatal en un certamen de belleza. La Flor no era la más bella, sino la que tuviera el “aparato político” más fuerte detrás.

18. El “Baile de Embajadoras” como la nueva Misa Social.

Con la desaparición de las grandes procesiones religiosas, el “Baile de Embajadoras” (hoy la Imposición de Bandas y la Elección) se convirtió en el evento litúrgico del estado. Durante las décadas de los 50 y 60, asistir a este evento era obligatorio para la alta sociedad. Era el momento de “ver y ser visto”. La jerarquía social se definía por qué tan cerca estabas de la mesa del Gobernador y las Embajadoras. Se dice que las familias invertían fortunas en vestidos traídos de Nueva York o la Ciudad de México solo para este evento, reemplazando el fervor por los santos por un fervor casi fanático hacia la figura de la Embajadora.

19. El “Miedo” de la Iglesia a la Flor de Oro

Durante mucho tiempo, la Iglesia Católica de Tabasco mantuvo una relación gélida con la Feria. En los años 60, algunos sacerdotes aún lanzaban advertencias desde el púlpito sobre la “vanidad pecaminosa” del concurso. Era común que, si una joven de familia muy católica quería ser embajadora, tuviera que pedir una especie de “permiso espiritual” o realizar actos de desagravio después de la feria. La tensión radicaba en que la embajadora representaba el orgullo mundano, algo que el clero veía como el último vestigio del orgullo garridista que tanto daño les hizo.

20. Los Carros Alegóricos y los Cables de la Muerte

En la década de los 70, la ambición por hacer los carros más altos y espectaculares rozó lo trágico. Debido a que las calles de Villahermosa no estaban diseñadas para tales estructuras, muchas embajadoras vivieron momentos de terror al pasar centímetros debajo de cables de alta tensión. Existe la crónica de un carro que se incendió parcialmente por un corto circuito al rozar una línea eléctrica, obligando a la joven a saltar del carro en pleno desfile. Estos incidentes eran vistos por los más ancianos como “señales divinas” contra la fiesta que seguía ocupando el lugar de las antiguas fiestas patronales.

21. El Clasismo de la “Gente Bien” en el Recinto Ferial

Cuando la Feria se mudó al parque “La Choca”, se acentuó una división social muy marcada. Mientras el pueblo disfrutaba de los juegos mecánicos y los antojitos, la élite se encerraba en los “stands” de los municipios, que eran verdaderos clubes privados con aire acondicionado y meseros. Las embajadoras eran las “reinas” de estos búnkeres de lujo. Esta exclusividad fue una herencia del garridismo, donde los líderes del partido tenían privilegios prohibidos para el resto, manteniendo la estructura de una casta divina en un estado que se decía socialista y ateo.

Fotografía hiperrealista de los años 70 en la Feria Tabasco. Se muestra el interior de un stand climatizado con meseros y hombres en traje conviviendo con una embajadora, mientras a través de un gran ventanal se observa la feria popular con juegos mecánicos y puestos de comida bajo el sol.

22. La Flor de Oro que “No existió”: El año del silencio

Existe el dato curioso de años en los que la situación política era tan inestable (por huelgas o cambios de gobierno abruptos) que el certamen se suspendía o se realizaba de manera casi secreta. En esos periodos, el pueblo sentía un vacío mayor que si faltara un servicio básico. La ausencia de la “Flor” provocaba una sensación de orfandad social, demostrando que el experimento de Garrido de sustituir la fe por la feria había funcionado: el tabasqueño podía vivir sin obispo, pero no sin embajadoras.

Fotografía hiperrealista de una feria suspendida en Tabasco. Un gran escenario vacío y sombrío bajo la lluvia, con pancartas de propaganda política desgastadas, simbolizando los años sin certamen de la Flor de Oro. Estilo melancólico.

23. El mito de la “Belleza de Agua”: El Río Grijalva

Se dice que las embajadoras de los municipios de la Chontalpa y los Ríos traían consigo una “mística” diferente por llegar a través del agua. En los años previos a la construcción de todas las carreteras, el arribo de las jóvenes al malecón de Villahermosa en barcos decorados recordaba a las antiguas deidades prehispánicas de los ríos. Esta conexión con el agua le daba a la feria un aire pagano que molestaba a los puristas religiosos, pues la gente adoraba a la “mujer del río” con un fervor que ya no le profesaban a ninguna virgen de madera.

Fotografía histórica reconstruida de 1928 que muestra a las primeras embajadoras de los municipios de Tabasco alineadas en un campo de pasto. Visten trajes de época y bandas con los nombres de sus municipios (Teapa, Jalapa, Tacoalpa, Paraíso, Nacajuca, Jonuta, Centla, Cárdenas). Estilo sepia analógico con grano.

24. El Escándalo del Jurado Comprado (Mito o Realidad)

A partir de los 70, la leyenda de que el jurado estaba “arreglado” por el gobernador en turno se volvió parte del folclore. Se decía que la Flor de Oro se decidía no en la pasarela, sino en cenas privadas semanas antes, basándose en acuerdos políticos entre el estado y los caciques municipales. Aunque nunca se ha comprobado un soborno directo, la sospecha constante es una extensión de la desconfianza hacia el poder que nació en la era de los Camisas Rojas. La Flor de Oro siempre ha sido, en el fondo, una corona política.


Fotografía moderna y vibrante de un abrazo grupal en el escenario de la Feria Tabasco. Varias jóvenes candidatas del certamen Flor de Oro, vestidas con trajes de noche de gala brillantes y bordados, se abrazan eufóricas. Se aprecian los detalles del confeti y la audiencia tomando fotos. Estilo moderno con marco redondeado.

25. La Resiliencia de la Tradición: ¿Fiesta o Ritual?

Al llegar al 2025, la Feria Tabasco ha sobrevivido a inundaciones, crisis económicas y pandemias. Lo que empezó como un acto de “blasfemia” y control social se transformó en la columna vertebral de la identidad del estado. Lo más escandaloso no es su origen ateo, sino cómo una fiesta diseñada para destruir la religión terminó convirtiéndose en la religión misma de los tabasqueños. Hoy, la “Flor” es intocable; es el símbolo de un Tabasco que, aunque recuperó sus iglesias, nunca dejó de rendir culto a la belleza, la tierra y el poder.


Fotografía moderna de la ganadora del certamen Flor de Oro en la Feria Tabasco 2025. Una joven sonriente en un vestido plateado con flecos desfila por la pasarela mientras cae confeti colorido. Lleva una banda con el texto parcial 'TABASCO 2025'. Primer plano de la audiencia tomando fotos.

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