CDMX.— En política, los anuncios suelen repetirse hasta convertirse en promesas que pierden filo. La integración del sistema de salud en México es uno de esos compromisos que han pasado por sexenios como una consigna pendiente.
Tanto el gobierno de Enrique Peña Nieto como el de Andrés Manuel López Obrador hablaron de unificar servicios, pero el país sigue funcionando como un archipiélago hospitalario: el IMSS, el ISSSTE y el IMSS-Bienestar comparten territorio, pero rara vez cruzan pacientes.
Ayer, desde Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum colocó nuevamente sobre la mesa ese viejo anhelo, con una novedad: un calendario que arranca en 2027 y un discurso que busca no solo corregir inercias, sino fijar una narrativa política.
En Palacio Nacional, analizamos con gobernadoras y gobernadores los avances de IMSS-Bienestar; la transformación avanza con salud universal, gratuita y de calidad. pic.twitter.com/pP6JMYuTzD
— Claudia Sheinbaum Pardo (@Claudiashein) August 7, 2025
La meta es que un trabajador afiliado al IMSS pueda atenderse en un hospital del ISSSTE si está más cerca; que un paciente del IMSS-Bienestar sea recibido sin trabas en cualquier clínica pública; y que la ubicación geográfica, más que la adscripción institucional, defina el acceso a la atención.
El gobernador de Sonora, Alfonso Durazo, lo resumió a su salida de la reunión: “La idea es que para ese año iniciemos el proceso de integración en todo el sistema”. El énfasis, sin embargo, no está en la fecha sino en la palabra “proceso”. Integrar estructuras tan rígidas implica algo más que decretos: choca con resistencias sindicales, inercias administrativas y un presupuesto siempre insuficiente.
RETO ANTIGUO
Lo que marca diferencia es el contexto político y el momento. Sheinbaum llega a este punto con un capital político fresco, con gobernadores alineados a su proyecto y con un plan de inversión que ya echó a andar bajo la bandera del IMSS-Bienestar.
Este modelo, que absorbe hospitales estatales y centraliza la compra de medicamentos, ha empezado a ofrecer una base operativa para la unificación de servicios.
En su gira por Zacatecas el pasado 26 de julio, Sheinbaum reiteró que “la salud no es un privilegio, sino un derecho”, una frase que más allá del acento ideológico funciona como hoja de ruta para unificar criterios en un país donde los derechos muchas veces dependen del presupuesto de cada estado.
En Palacio Nacional, asistimos a una reunión con la Presidenta @Claudiashein y con Gobernadoras y Gobernadores del país, donde revisamos los avances del programa @IMSS_Bienestar. pic.twitter.com/TbLSbgAm6L
— JAVIER MAY (@TabascoJavier) August 7, 2025
Aquí entra Javier May Rodríguez, gobernador de Tabasco, quien en la reunión subrayó la importancia de que la integración no se limite a un decreto federal, sino que aterrice en la operación cotidiana de clínicas y hospitales.
Tabasco ya entregó la administración de su red hospitalaria al IMSS-Bienestar, lo que lo convierte en un laboratorio de la reforma. Para May, este es un punto de evaluación: cada avance o tropiezo en el servicio local será observado como ejemplo para otros estados.
TABLERO DESIGUAL
No es casualidad que la reunión en Palacio Nacional incluyera un seguimiento mensual a temas críticos como el abasto de medicamentos y la infraestructura hospitalaria. Durazo lo dijo sin rodeos: “Vamos avanzando de manera extraordinaria”.
El optimismo contrasta con las cifras que todavía ensombrecen el panorama: en el Estado de México, Delfina Gómez reconoció un 23% de desabasto; en Baja California Sur, Víctor Castro anunció que apenas el 19 de agosto iniciarán caravanas para repartir medicinas en zonas alejadas.
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May ha insistido en que el éxito del plan depende de que el medicamento llegue no solo a las farmacias centrales, sino hasta la comunidad más apartada. En ese sentido, Tabasco, con su geografía dispersa y zonas de difícil acceso, puede aportar lecciones clave sobre logística de distribución.
LOGÍSTICA Y RUTAS
El abasto sigue siendo la piedra en el zapato, no tanto por la compra, sino por la logística de distribución, un punto que Sheinbaum intenta resolver con el programa Rutas de la Salud, una red de transporte que llevará medicamentos directamente a los hospitales del IMSS-Bienestar.
En Tabasco, la aplicación de estas rutas podría convertirse en un caso testigo: si el sistema funciona en una entidad con regiones inundables y zonas de difícil conectividad, tendría más posibilidades de éxito a nivel nacional. May sabe que esta vitrina también implica un alto riesgo político: cualquier fallo se leerá como debilidad del modelo.
JUGADA POLÍTICA
Para Sheinbaum, la apuesta por un sistema de salud unificado es también una jugada política de largo alcance. En el imaginario colectivo, un presidente que “cura” al sistema de salud se coloca en el panteón de los reformadores sociales. Pero el riesgo es alto: cualquier falla en el abasto, cualquier escándalo de corrupción en compras o construcción, puede erosionar el discurso de “salud universal”.
El hecho de que la presidenta involucre directamente a gobernadores en reuniones periódicas —y que estos salgan a dar cuentas— revela un intento de corresponsabilidad política. Para May, este esquema representa una oportunidad de fortalecer su perfil como operador confiable de políticas nacionales, pero también un recordatorio de que la visibilidad aumenta el escrutinio.
Los próximos tres años serán un pulso constante entre promesa y ejecución. La experiencia indica que la integración real no es solo un asunto de voluntad, sino de capacidad técnica, flexibilidad burocrática y disciplina presupuestal. En ese terreno, el país arrastra un historial complicado.
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