Héctor I. Tapia
Un día después de la protesta llamada Generación Z, que dejó choques, heridos y cuestionamientos sobre el uso de la fuerza en el Zócalo, la presidenta Claudia Sheinbaum eligió regresar a Tabasco, cuna de la 4T, para recomponer el clima político y cerrar filas desde el corazón simbólico del movimiento. El mensaje no fue improvisado ni localista: fue una corrección de rumbo con resonancia nacional.
En esa misma línea de cohesión interna, la Presidenta no pasó por alto la labor del gobernador Javier May Rodríguez, a quien describió como “compañero del movimiento, honesto, trabajador y siempre cercano a su pueblo”, subrayando que la estabilidad del estado es resultado de una reorganización presupuestal que permitió ampliar apoyos al campo, la ganadería, la pesca y las obras de infraestructura.
Desde el Festival del Chocolate, donde anunció la nueva planta procesadora de cacao en Comalcalco, Sheinbaum hiló un discurso que combinó soberanía, legitimidad social y reafirmación histórica.
En un momento en que la narrativa pública parecía abrir una grieta entre gobierno y juventud, la Presidenta buscó restablecer la ecuación básica del obradorismo: pueblo y gobierno son uno solo.

“No hay divorcio entre gobierno y pueblo… somos invencibles”, sentenció. No fue una respuesta a los jóvenes, sino a la lectura política del episodio: la oposición intentando instalar que la 4T había perdido cercanía con la gente.
Sheinbaum devolvió el golpe con un argumento simple: el verdadero pulso del país no está en la avenida Madero, sino en los indicadores que presume —crecimiento del empleo formal, inversión extranjera récord, salario mínimo aumentado 125%— y en la aprobación que, afirma, se sostiene en esa base social.
Luego afiló el mensaje. “México es libre, independiente y soberano; no somos protectorado de nadie”, advirtió. El dardo apuntó a quienes buscan internacionalizar las críticas al manejo de la protesta juvenil.


TABASCO COMO ESCENARIO
Nada del discurso hubiese tenido el mismo efecto si se hubiera pronunciado en otra entidad. Tabasco no es sólo territorio político: es altar, origen, mito fundacional. Aquí nació la narrativa que sostiene a la 4T, y aquí volvió la Presidenta a recargar legitimidad después del episodio que pretendió abrir dudas sobre la cohesión del movimiento.
También es una señal hacia dentro: el gobernador Javier May ha estabilizado el estado tras una apertura convulsa; la violencia cayó, la gobernabilidad regresó y el territorio volvió a ser útil como escenario político sin ruido. Por eso la gira adquirió un valor doble: discurso nacional, sostenido en geografía local.
El énfasis en el “no divorcio” fue más que una frase: fue un cierre simbólico del ciclo que abrió la protesta juvenil. En Tabasco, el concepto “pueblo” tiene un peso casi religioso. Decir allí que la unidad sigue viva es una forma de blindar el proyecto donde más eco tiene.


Sheinbaum amarró las piezas: celebró la herencia de López Obrador, llamó a explicar a los jóvenes el éxodo por la democracia, recordó fraudes electorales y sostuvo que la 4T se mantiene como la opción mayoritaria. Todo sin variar el tono institucional, pero sí calibrando la carga política.
Con el anuncio de la planta procesadora —80 millones de pesos, a concluir en 2026— la Presidenta convirtió un evento económico en plataforma política. No sólo trajo inversión: recompuso el mando.
La gira dejó otras señales de fondo: Sheinbaum anunció la construcción del campus de la Universidad Rosario Castellanos en Jonuta, supervisó el avance del tramo Macuspana–Escárcega, con una inversión superior a 21 mil millones de pesos, y confirmó la reactivación del Hospital IMSS-Bienestar de Cárdenas, cuya obra —abandonada durante años— será terminada en el primer trimestre de 2026 con apoyo del Ejército.
Más que recibirla, Tabasco la sostuvo: le permitió reafirmar discurso, restaurar clima y recordar que el movimiento, pese a tensiones generacionales, conserva anclajes profundos.
La frase clave del día —“somos invencibles pueblo y gobierno”— no describió una realidad, sino que marcó la que la 4T quiere defender en la narrativa nacional.
El cierre de la gira reforzó el tono político y emocional. Entre porras y mantas, Sheinbaum refrendó su compromiso con Tabasco, mientras el gobernador May le respondió con una frase que sintetiza la relación: “amor con amor se paga”. Más que cortesía, fue la confirmación de que Tabasco se volvió un territorio clave para consolidar la narrativa presidencial después de una semana complicada en la capital.
Con mucha emoción recorrimos en compañía de la Presidenta de México, @Claudiashein, la ‘nave Cacao’, del @FestivalChoco 2025. Pudimos dar muestra de por qué esta semilla nos da origen, y el reconocimiento que le hacemos con un evento de esta magnitud que reúne a las familias. pic.twitter.com/xkxlricUlq
— JAVIER MAY (@TabascoJavier) November 16, 2025
El cierre de la gira reforzó el tono político y emocional. Entre porras y mantas, Sheinbaum refrendó su compromiso con Tabasco, mientras el gobernador May le respondió con una frase que sintetiza la relación: “amor con amor se paga”.
Más que cortesía, fue la confirmación de que Tabasco se volvió un territorio clave para consolidar la narrativa presidencial después de una semana complicada en la capital.
En Tabasco, la Presidenta no solo anunció obras: recompuso el clima político, apuntaló a su gobernador y dejó claro que, en la cuna de la 4T, pueblo y gobierno siguen marchando en la misma dirección.


