En Río Tinto, tercera sección de Centro, unos vecinos encontraron esta semana una cabeza humana en plena carretera, junto con restos dispersos en bolsas y un mensaje de amenaza. Mientras que para el Secretario de Gobierno, José Ramiro López Obrador, la violencia no ha aumentado en Tabasco, respaldado por las cifras oficiales. Sin embargo, la forma en que aparecen los cuerpos apunta a otra dinámica: no es solo volumen de violencia, es comunicación amenazante entre células.
El 30 de junio de 2026, el Secretario Ejecutivo del Sistema Estatal de Seguridad Pública (SESESP), Francisco Javier Zúñiga Hernández, presentó el balance trimestral comparando 2024, 2025 y 2026. La cifra central: los homicidios dolosos cayeron 37 por ciento.
No es un dato aislado. El propio funcionario desglosó municipio por municipio, con nombre y porcentaje, para blindar el mensaje frente al escepticismo ciudadano.
Centla encabeza la caída, de 11 a apenas 2 homicidios, más del 81% menos. Le siguen Comalcalco, de 66 a 21 casos, y Cárdenas, de 49 a 20. Centro, el municipio más poblado, pasó de 206 a 131 víctimas. En total, 13 de 17 municipios redujeron su incidencia.
Por ello, el discurso oficial se sostiene en algo verificable: la tendencia estatal es a la baja. No obstante, una estadística agregada no borra lo que ocurre en la carretera.

Tres municipios que rompen el patrón
Huimanguillo tuvo un repunte de dos homicidios, el 5.41% más. Se suman Jalpa de Méndez, con cuatro casos adicionales, y Emiliano Zapata, que pasó de uno a dos.
En este sentido, el patrón geográfico no es casual. Huimanguillo y Cárdenas están en la franja donde, desde 2022, La Barredora y el Cártel Jalisco Nueva Generación disputan el trasiego de combustible y las rutas hacia la Chontalpa.
La versión del Secretario de Gobierno
Cuestionado sobre los cuerpos desmembrados, “Pepín” López Obrador fue tajante: “No se ha incrementado, ha bajado la incidencia delictiva, eso hay que decirlo. No hay que decir que se ha incrementado, tienen que irse a la estadística”.
El hermano del expresidente Andrés Manuel López Obrador ofreció cifras propias: de un promedio de 3.7 homicidios dolosos diarios al inicio de la Administración a menos de dos casos por día. “Esto no es como con Peña Nieto, es menos”, afirmó.
Sobre los responsables no dejó dudas cuando un reportero le preguntó directamente cuáles bandas se disputan la plaza: “Las que tú conoces, es La Barredora y el Cártel Jalisco Nueva Generación, es un negocio y se están peleando la plaza”.
Además, defendió los resultados con otro dato: más de mil 500 presuntos integrantes de la delincuencia organizada detenidos.
La guerra que nadie declaró
La pugna entre CJNG y La Barredora, antes aliados, disparó la violencia en Tabasco con bloqueos, quema de vehículos y ejecuciones en la vía pública. Que hoy esos municipios muestren números mixtos no es casualidad: es la cicatriz de esa disputa todavía abierta.
Este hecho se suma a otros hallazgos recientes: una cabeza dentro de una nevera en la carretera Villahermosa-La Isla, cerca de un plantel escolar, y un cuerpo desmembrado en una hielera afuera de una primaria en Reyes Hernández, Comalcalco.
La estadística oficial y el hallazgo de un cuerpo descuartizado no son relatos contradictorios: son dos capas del mismo conflicto. Tabasco puede reducir su promedio diario de homicidios y, al mismo tiempo, seguir produciendo escenas de guerra entre cárteles. Ambas cosas conviven en la misma entidad.
Los hallazgos no son solo un conteo de víctimas: son señales. La cabeza en la carretera, el cuerpo en la nevera, la hielera afuera de una escuela, cada exhibición pública repite un patrón que las organizaciones criminales usan para marcar territorio y advertirse entre ellas.
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