Héctor I. Tapia
Jorge Orlando Bracamonte Hernández se mantiene al frente del Congreso. Daniel Casasús Ruz dejó el gabinete estatal para meterse de lleno en la pelea. Los dos llevan meses moviéndose alrededor de la misma pieza: Centro, la alcaldía de mayor exposición política del estado y uno de los primeros grandes pulsos de la sucesión de 2027. Pero la definición no se resolverá únicamente en Tabasco.
El Comité Ejecutivo Nacional de Morena abrió el procedimiento para las coordinaciones municipales y puso a la Comisión Nacional de Elecciones en el centro de la operación. Esa instancia recibirá solicitudes, revisará perfiles, decidirá quién supera los filtros y resolverá cuándo habrá encuestas. Los grupos locales pueden construir acuerdos, impulsar nombres y medir fuerzas, pero la decisión formal sobre las coordinaciones corresponde a la Comisión Nacional de Elecciones, conforme al esquema con el que Morena organiza sus procesos internos desde hace años.
No es un trámite menor ni una simple reorganización partidista. Es el primer filtro serio de una disputa que alcanzará los 17 ayuntamientos y que empezará a ordenar alianzas, grupos, respaldos y aspiraciones rumbo a 2027. Las coordinaciones todavía no son candidaturas constitucionales, pero colocan a quienes las obtengan varios pasos adelante cuando llegue la hora de definir las postulaciones.
La convocatoria, aprobada el 6 de octubre de 2026, confirma algo que los aspirantes deberán tener presente: en Morena las negociaciones territoriales pesan, pero no sustituyen los filtros nacionales. En Tabasco se construye la fuerza política; en la Comisión Nacional de Elecciones habrá que convertirla en una definición.
Centro concentra la pelea mayor
Centro no necesita explicación para un lector tabasqueño. Es la alcaldía con mayor exposición política, económica y mediática del estado, y gobernarla significa administrar servicios, obra pública y territorio bajo un reflector permanente. Una calle inundada, un mercado abandonado o una obra bien ejecutada puede escalar en cuestión de horas a conversación estatal.
Por eso Bracamonte y Casasús no disputan solamente una coordinación. Bracamonte llega desde la Junta de Coordinación Política del Congreso local, conserva su curul y mantiene una plataforma política desde la conducción legislativa. La convocatoria, además, le permite participar sin solicitar licencia, de modo que puede entrar al proceso sin abandonar una de las posiciones de mayor visibilidad en la Legislatura.
Casasús llega por otra vía. Dejó la Secretaría de Ordenamiento Territorial y Obras Públicas a finales de mayo y desde entonces intensificó recorridos, reuniones y presencia territorial. Salió del gobierno para colocarse de lleno en la competencia, pero no llega por primera vez: en 2024 ya buscó la nominación de Morena para Centro y no la consiguió.
La noche de este jueves 8 de octubre, Daniel Casasús Ruz confirmó su registro para buscar la Coordinación de los Comités de Defensa de la Transformación en Centro, con lo que formalizó su participación en el proceso interno de Morena rumbo a 2027. Acompañado de su familia, el exsecretario de Obras Públicas difundió el anuncio en sus redes sociales: “Servir con humildad y de la mano del pueblo: ese es el único camino para la Transformación”. Casasús aseguró que continuará recorriendo las colonias y comunidades del municipio.
Después de aquella derrota interna fue incorporado al gabinete de Javier May, desde una dependencia con fuerte presencia en obra pública e infraestructura. Dos años después vuelve a la misma pista con mayor exposición, experiencia administrativa y una estructura construida desde el gobierno. La diferencia es que ahora enfrente tiene a un Bracamonte que también ha acumulado presencia, relaciones y visibilidad desde el Congreso.
Dos rutas hacia la candidatura
Bracamonte llega arriba en mediciones
Hasta ahora, las mediciones públicas conocidas dibujan una diferencia que ya no puede tratarse como un dato lateral. Jorge Bracamonte ha aparecido de manera recurrente al frente entre los perfiles de Morena considerados para Centro, y la encuesta más reciente amplió esa distancia.
La medición de Demoscopia Digital, fechada el 5 de octubre de 2026, le asigna a Bracamonte 45.1 por ciento de las preferencias, frente a 14.2 por ciento de Daniel Casasús, 10.9 de Marcos Rosendo y 4.8 de Manuel Pérez Lanz. Un 15.2 por ciento respondió que todavía no decide, mientras otros nombres concentran porcentajes menores.
Bracamonte abre distancia
La diferencia es amplia dentro de ese ejercicio, pero lo políticamente relevante no está únicamente en una cifra. Bracamonte ha aparecido arriba en otros levantamientos difundidos durante el año, lo que permite hablar de una presencia sostenida en las mediciones públicas, aunque cada encuesta tenga metodología, muestra y momento distintos.
Eso obliga a ajustar la lectura de la competencia. Bracamonte entra al procedimiento con una ventaja demoscópica visible; Casasús, con el peso político de haber salido del gabinete para disputar Centro y con meses de trabajo territorial. Son dos formas distintas de acumulación que ahora tendrán que pasar por el mismo filtro nacional.
La encuesta tampoco puede convertirse en sentencia. Morena no ha establecido que una medición pública externa otorgue automáticamente una coordinación ni que quien aparezca arriba tenga derecho adquirido a la candidatura. Pero ignorar una diferencia de ese tamaño sería igualmente artificial: Bracamonte llega hoy mejor posicionado en varias fotografías demoscópicas y Casasús tendrá que cerrar esa brecha si la disputa termina resolviéndose en encuesta.
Otros nombres, como Marcos Rosendo Medina Filigrana, Ariel Cetina Bertruy y Evaristo Hernández Cruz, también han circulado en mediciones y columnas políticas. Eso confirma que Centro tiene más jugadores, pero no significa que todos estén formalmente dentro del procedimiento ni que llegarán a la etapa definitiva.
El CEN hará la primera criba
Aquí comienza la parte menos visible y probablemente más importante del proceso. La Comisión Nacional de Elecciones no está obligada a meter a todos los registrados en una encuesta ni a convertir cada solicitud en una competencia abierta. Primero revisará perfiles y podrá considerar trayectoria política y social, reconocimiento territorial, trabajo comunitario, antecedentes y cualidades éticas.
Después decidirá cuáles reúnen condiciones para continuar. Antes de medir popularidad, Morena puede reducir la baraja. Ese detalle desmonta una idea instalada con demasiada facilidad: registrarse no equivale a ser aceptado; ser aceptado tampoco garantiza encuesta; y aparecer arriba en una medición no convierte automáticamente a nadie en coordinador.
La convocatoria establece que las encuestas podrán utilizarse cuando exista más de un perfil considerado idóneo. Si son más de seis, la Comisión podrá realizar un sondeo previo para reducir participantes. En términos prácticos, el primer reto para cualquier aspirante no será ganar una encuesta, sino conseguir que lo dejen llegar a ella.
La Comisión conserva además facultades para incorporar perfiles durante el procedimiento. Eso significa que la lista inicial de registrados puede no ser la lista final de quienes terminen compitiendo. Cada municipio tendrá una sola coordinación y el conjunto de designaciones deberá ajustarse también al principio de paridad.
No basta con registrarse
La encuesta pesa, pero no manda sola
Ese diseño partidista vuelve especialmente interesante el caso de Centro. Si Morena considera idóneos a Bracamonte y Casasús y decide recurrir a encuesta, las mediciones públicas conocidas colocan al diputado con una base de salida favorable. Pero si la Comisión reduce previamente el grupo, incorpora otro perfil o aplica criterios adicionales, el procedimiento puede abrir una ruta distinta.
De ahí que el 45.1 por ciento de Bracamonte tenga peso político, pero no valor de nombramiento. Sirve para medir ambiente, reconocimiento y presencia pública; no sustituye la decisión partidista. Del otro lado, Casasús tampoco puede descansar únicamente en cercanía territorial, recorridos o antecedentes de gobierno si el método termina privilegiando opinión ciudadana.
La disputa, entonces, no se reduce a preguntar quién está arriba hoy. La verdadera pregunta es qué criterio terminará pesando más cuando Morena arme la terna real de perfiles competitivos: reconocimiento, estructura, territorio, trayectoria, acuerdos o una combinación de todos ellos. Ahí se juega Centro.
Quién pesa y quién decide
May pesa, pero no firma
¿Dónde queda Javier May Rodríguez en este tablero? La convocatoria no le concede facultades para aprobar registros, ordenar encuestas o designar coordinadores. Tampoco el Comité Estatal puede sustituir a la Comisión Nacional de Elecciones. Formalmente, la decisión no es del gobernador.
Pero reducir la política tabasqueña a lo que dice una convocatoria sería quedarse a medias. May gobierna el estado, conoce los equilibrios municipales y mantiene interlocución con alcaldes, diputados, funcionarios, operadores y liderazgos regionales. Esa influencia existe aunque no esté escrita en las bases.
Una cosa es tener peso político y otra muy distinta tener la firma formal de la designación. Si en Centro, Cárdenas o Comalcalco quedan fuera perfiles con fuerza, será la Comisión Nacional de Elecciones la que tendrá que sostener el procedimiento y explicar sus determinaciones. La conducción nacional permite al gobernador mantener distancia institucional frente a las inconformidades, aunque no lo convierte en espectador de una disputa donde su influencia política y sus relaciones con los grupos municipales seguirán contando.

Los grupos seguirán buscando acuerdos, construyendo respaldos y midiendo hasta dónde llega la interlocución del gobernador con la dirigencia nacional. El CEN tiene la firma; Tabasco seguirá pesando antes de que llegue.
El antecedente de 2024 ayuda a entenderlo. Aquella selección municipal estuvo acompañada por negociaciones entre grupos vinculados a Javier May y al entonces poderoso bloque político de Adán Augusto López Hernández. Las decisiones nacionales convivieron con acuerdos locales, y la convocatoria de 2026 tampoco hará desaparecer esa política: únicamente le pone un procedimiento encima.

Selván opera, pero no decide
También queda más claro el verdadero margen de Jesús Selván García, dirigente estatal de Morena. Durante meses fue quien informó fechas, adelantó calendarios y después explicó los aplazamientos ordenados por la dirigencia nacional. Todavía en septiembre reconocía que la convocatoria dependía de la Comisión Nacional de Elecciones.
La secuencia retrata bien su papel. Selván puede organizar estructuras, mantener comunicación con los municipios y acompañar el proceso, pero no decide quién encabezará Centro, Macuspana, Paraíso o cualquiera de las otras alcaldías. La conducción operativa del partido en Tabasco no equivale a tener la llave de las designaciones.
Su propio relevo en la dirigencia estatal continúa pendiente de una resolución nacional. Morena procesa así dos asuntos delicados al mismo tiempo: quién conducirá territorialmente las coordinaciones municipales y quién terminará encabezando al partido en Tabasco.
Los aspirantes se mueven en los municipios, Selván conduce la operación estatal y la Comisión Nacional de Elecciones conserva las facultades de selección que históricamente le reconocen los estatutos de Morena.
Las 17 piezas del tablero
Centro
La disputa más visible hasta ahora. Jorge Bracamonte y Daniel Casasús concentran buena parte de la atención, junto con otros nombres mencionados en distintas mediciones.
Los otros dieciséis ya se mueven
Centro concentra reflectores, pero la pelea es estatal. Morena también tendrá que definir coordinaciones en Balancán, Cárdenas, Centla, Comalcalco, Cunduacán, Emiliano Zapata, Huimanguillo, Jalapa, Jalpa de Méndez, Jonuta, Macuspana, Nacajuca, Paraíso, Tacotalpa, Teapa y Tenosique.
Las reglas son las mismas; las disputas no. Cada municipio llega con sus grupos, alcaldes, exalcaldes, funcionarios, legisladores y operadores. En unos habrá competencia claramente visible; en otros, los acuerdos pueden comenzar a cerrarse antes de que aparezcan todos los nombres. Las reglas vienen del CEN, pero cada municipio trae su propia pelea.
En Cárdenas ha sido mencionada Mayra Paloma López Hidalgo, quien salió de la Secretaría de Bienestar estatal. En Paraíso ha circulado el nombre de Bernardo Barradas Ruiz, exfuncionario del sector salud y expresidente municipal, mientras que en Comalcalco se ha mencionado a Lorena Méndez Denis, vinculada con la operación de programas sociales federales.
Son nombres que forman parte de la conversación política local, no una lista oficial de registros aprobados. Morena puede recibir muchas solicitudes y terminar validando sólo una parte. Esa diferencia será importante cuando comience la verdadera criba y algunos aspirantes descubran que registrarse no significaba necesariamente entrar a competir.
El cargo no puede volverse estructura
La convocatoria permite participar sin licencia a presidentes municipales, síndicos, regidores y legisladores. Otros funcionarios deberán cumplir requisitos distintos de separación, pero conservar un cargo no significa disponer de él como plataforma partidista.
Las bases prohíben utilizar presupuesto público, programas sociales, bienes gubernamentales o mecanismos de presión para favorecer una aspiración. Esa regla tendrá especial relevancia en municipios donde la disputa involucre a funcionarios en activo, legisladores o figuras con acceso cotidiano a estructuras públicas.
El punto no es menor. Conforme avance la competencia, la vigilancia deberá centrarse no sólo en quién aparece arriba en una encuesta, sino en cómo construyó esa posición y qué recursos utilizó para hacerlo. En una elección interna tan cargada de funcionarios y representantes populares, esa frontera puede convertirse en uno de los principales focos de tensión.
No todos llegarán a encuesta
Morena ha convertido la encuesta en sinónimo de método interno, pero la convocatoria deja claro que el sondeo está lejos de ser el primer paso. Antes habrá revisión de documentos, residencia, trayectoria, currículum, declaraciones y evidencias de trabajo territorial.
Después vendrá una valoración política de perfiles. La Comisión podrá considerar reconocimiento popular, antecedentes, cercanía con las comunidades y cualidades ético-políticas. Si considera necesarias mediciones, podrá ordenar hasta dos encuestas e incluso ejercicios espejo realizados por empresas especializadas.
Eso coloca una aduana antes de los sondeos. El verdadero primer corte no será quién tenga más puntos, sino quién consiga mantenerse dentro del procedimiento. El acuse electrónico únicamente acredita que la solicitud fue recibida; no garantiza aceptación, encuesta ni coordinación.
Morena difundirá únicamente los registros aprobados y fijó como fecha límite el 31 de diciembre de 2026. Hasta entonces habrá una zona menos visible, pero mucho más importante, de revisión, negociación y filtrado. Ahí se sabrá cuáles aspiraciones tienen estructura suficiente para sobrevivir al proceso y cuáles sólo alcanzaron a formar parte del ruido inicial.
Unidad afuera, disciplina adentro
El procedimiento comienza justo cuando Morena cumple 15 años y su dirigencia vuelve a insistir en la unidad como condición rumbo a las siguientes elecciones. Alfonso Durazo, presidente del Consejo Nacional, pidió evitar que las disputas por posiciones terminen debilitando al movimiento, mientras Cuitláhuac García cuestionó la “vulgar pelea por los cargos”.
La convocatoria traduce esa preocupación en reglas. Prohíbe espectaculares, gastos excesivos de promoción, ofrecimientos de dinero y utilización de recursos públicos, pero incorpora además una disposición especialmente sensible: los aspirantes no podrán lanzar acusaciones públicas contra Morena, sus órganos o sus competidores internos.
La sanción puede llegar hasta la cancelación del registro y la remisión del asunto a la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia. Ahí habrá una zona delicada porque una cosa es impedir campañas de denostación y otra determinar cuándo una denuncia pública constituye una irregularidad legítima y cuándo se considera un ataque partidista.
La convocatoria deja escrita la disciplina; los conflictos mostrarán cómo piensa aplicarla Morena. Todavía no hay sancionados en este procedimiento, pero la advertencia está colocada antes de que comiencen las exclusiones y aparezcan los primeros inconformes.
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Después del registro viene lo duro
El registro estará abierto del 8 al 18 de octubre mediante la plataforma nacional. El primer día, por razones técnicas, el horario se amplió hasta las 23:59 horas. Esa será apenas la parte visible, porque permitirá contar aspirantes; lo verdaderamente importante comenzará después.
Vendrán la revisión de expedientes, la valoración de trayectorias, los descartes, la selección de perfiles y la decisión sobre si habrá encuestas. En ese tramo empezará a verse qué nombres sobrevivieron al ruido inicial y cuáles sólo alcanzaron a registrarse.
También será el momento en que los grupos tabasqueños intentarán hacer valer sus acuerdos. Porque una cosa es quién tiene jurídicamente la decisión y otra quién logra llegar con suficiente respaldo a la mesa donde se toma. Ahí se jugará buena parte de la política que no aparece escrita en la convocatoria.
Para Javier May, la ecuación conserva dos caras. El procedimiento no le entrega la designación, pero tampoco borra su peso político ni las relaciones construidas desde el gobierno con liderazgos municipales. La estructura nacional puede cerrar el proceso; el tablero tabasqueño seguirá influyendo antes de ese cierre.
Centro será la prueba mayor
Y Centro será el caso que todos mirarán. Bracamonte entra con una ventaja visible en las mediciones públicas y con la plataforma política que le da la conducción del Congreso. Casasús llega después de dejar el gabinete, con trabajo territorial y con la experiencia de haber buscado ya esa nominación en 2024.
La diferencia demoscópica obliga a colocar hoy a Bracamonte en una posición distinta dentro del análisis, pero no permite confundir encuesta con candidatura. Morena todavía debe decidir quién pasa los filtros, si habrá medición propia y qué peso asignará al resto de los criterios partidistas.
Ahí estará la verdadera definición. Si la competencia llega a encuesta entre ambos, Bracamonte parte de una posición pública más sólida; si el CEN modifica el tablero antes, el proceso puede tomar otra ruta. Lo único claro por ahora es que Centro dejó de ser una conversación de aspirantes y entró ya en una fase de selección real.
Las coordinaciones son posiciones partidistas de organización territorial y las candidaturas constitucionales vendrán después, sujetas a las reglas electorales correspondientes. Pero eso no disminuye lo que está ocurriendo ahora: la política municipal empieza mucho antes del registro ante el IEPCT, con renuncias, recorridos, pactos, estructuras, mediciones y conversaciones que rara vez llegan completas a los boletines.
Por eso la convocatoria de Morena es mucho más que un formulario digital. Es el primer gran filtro de la sucesión municipal de 2027 en Tabasco. En Centro se juega la alcaldía más visible del estado y, en los otros 16 municipios, cada grupo intentará colocar a sus perfiles dentro de un procedimiento que promete medir reconocimiento, revisar trayectorias y preservar la unidad.
La Comisión Nacional de Elecciones tendrá la última palabra formal. Pero antes de que esa palabra llegue desde el CEN, la pelea seguirá ocurriendo donde realmente se construyen las candidaturas: en los municipios de Tabasco.
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