Héctor I. Tapia
Durante 46 años, Tabasco ha sido sinónimo de una sola palabra: petróleo. Ahora, debajo de esos mismos pozos, Pemex encontró algo que nadie buscaba: litio, el mineral más codiciado del mundo para la transición energética, disuelto en el agua salada que sale junto con el crudo. La cifra que arrojan los estudios oficiales no es menor: alcanzaría, en teoría, para abastecer el consumo mundial de litio durante casi una década.
El anuncio llegó en agosto de 2025, cuando Víctor Rodríguez Padilla, entonces director general de Pemex, presentó el Plan Estratégico 2025-2030 de la empresa. Ahí reveló que, durante perforaciones rutinarias para extraer crudo, se habían detectado altas concentraciones de litio en cinco campos del sureste mexicano. “Concentraciones similares a las que tiene Bolivia”, dijo el funcionario, en referencia al país con las mayores reservas del planeta.

No se trata de un yacimiento nuevo ni de una mina que haya que abrir desde cero. El litio está disuelto en lo que la industria llama agua congénita —también conocida como salmuera petrolera—: un agua salada que se encuentra de forma natural junto con el petróleo y el gas en el subsuelo, y que sube a la superficie mezclada con el crudo en cada extracción. Durante décadas, esa agua se separaba y se desechaba o se reinyectaba al pozo. Ahora resulta que, en algunos campos tabasqueños, esa misma agua trae oro blanco disuelto.
Uno de esos campos tiene nombre y apellido: Jujo-Tecominoacán, entre los municipios de Cárdenas y Huimanguillo, descubierto en 1980. Ahí se han registrado concentraciones superiores a 100 partes por millón de litio en las salmueras generadas por la actividad extractiva, de acuerdo con la información oficial de Pemex.
Ese dato tiene una lectura de fondo que no conviene pasar por alto: si el litio depende del agua que acompaña al crudo, su futuro está atado al ritmo de un campo que lleva casi medio siglo en producción y que, como todo yacimiento maduro, camina hacia su declive. Es, literalmente, un mineral que nace de la vejez del petróleo tabasqueño.

¿Qué tan grande es el hallazgo?
Puesto en perspectiva mundial, Tabasco no compite con el llamado Triángulo del Litio sudamericano —Argentina, Bolivia y Chile— pero tampoco se trata de una cifra decorativa.
Es agua salada —llamada también agua congénita— que se encuentra de forma natural junto con el petróleo y el gas en el subsuelo. Sale a la superficie mezclada con el crudo durante la extracción. Contiene sales disueltas, y en algunos campos del sureste mexicano, también litio. Hasta ahora, esta agua se separaba del petróleo y se desechaba o reinyectaba al pozo.
Los 2 millones de toneladas de la Región Sur representan cerca del 5% de las reservas mundiales de litio y equivalen a casi una cuarta parte del recurso confirmado en Sonora, el yacimiento más grande de México y uno de los más grandes en desarrollo del mundo.
La cifra que más dimensiona el hallazgo, sin embargo, es otra: si todo el litio detectado en los campos del sureste se pudiera extraer y verterse al mercado mundial de golpe, alcanzaría para abastecer el consumo global de litio durante casi una década, de acuerdo con los datos de producción y consumo mundial de 2024 (220 mil toneladas anuales, según el Servicio Geológico de Estados Unidos).
Conviene decirlo con honestidad: no está confirmado todavía si esa cifra de 2 millones de toneladas corresponde a litio elemental o a carbonato de litio equivalente, la unidad estándar de la industria. Es una precisión técnica pendiente que puede cambiar la magnitud exacta de la comparación, pero no cambia el hecho central: hay litio, y hay bastante, en el subsuelo tabasqueño.
¿Es el plan después del petróleo?
Aquí está la pregunta que de verdad le importa a Tabasco, más allá de la cifra: ¿esto significa que el estado tiene, por primera vez, una alternativa económica distinta al petróleo?
La respuesta honesta es: todavía no, o no antes de tiempo. El propio cronograma de la Secretaría de Energía (Sener), incluido en el Plan de Desarrollo del Sector Hidrocarburos publicado en el Diario Oficial de la Federación, contempla el inicio de la inversión hasta 2028 y el arranque de operaciones hasta 2030. Es decir: aunque el hallazgo ya es un hecho, el beneficio económico —si llega— está a años de distancia.
Tampoco hay, hasta ahora, ninguna mención pública de participación estatal, empleo garantizado o derrama municipal en los documentos oficiales revisados para este reportaje. Es una pregunta que Tabasco tiene derecho a hacer en voz alta, porque es la misma que debió haberse hecho hace 90 años con el petróleo: ¿qué le toca al territorio que lo tiene bajo sus pies, más allá de la extracción?
Hay, además, un mecanismo que todavía no está resuelto públicamente. La reforma constitucional de 2023 estableció que el litio es propiedad de la Nación, y desde 2022 existe LitioMx, la única empresa facultada por ley para explorar y explotar litio en México. Pemex, que es quien encontró el litio y quien tiene la infraestructura y los pozos, no cuenta con esa facultad legal. Ambas son empresas del Estado mexicano, así que no hay disputa de propiedad, pero sí una pieza de coordinación que, a la fecha de esta investigación, no se ha anunciado: ¿cómo van a operar juntas dos empresas públicas para sacar adelante un mismo proyecto?

El yacimiento de litio más grande del mundo en desarrollo lleva más de una década en promesas, sin producción comercial hasta hoy. Es la referencia obligada para medir con realismo el cronograma 2028-2030 anunciado para Tabasco.
La lección que deja Sonora
Antes de emocionarse, vale la pena mirar el espejo más cercano. En Bacadéhuachi, Sonora, se encuentra el yacimiento de litio más grande del mundo en desarrollo, con un recurso confirmado de 8.8 millones de toneladas. Desde que el Gobierno mexicano confirmó su existencia en 2019, y aun después de la nacionalización del litio en 2023, ese yacimiento sigue sin producir una sola tonelada comercial.
Especialistas consultados en la cobertura nacional del tema —entre ellos investigadores del Instituto Mexicano del Petróleo— coinciden en que separar el litio de la salmuera petrolera es, hoy, más costoso que extraerlo de los salares sudamericanos o de la minería de roca dura. El geólogo Armando Ernesto Alatorre, especializado en minería, ha señalado que este tipo de extracción ya se practica desde hace años en países de Sudamérica, y que representa una oportunidad de negocio real para Pemex de cara a lo que resta del siglo, aunque no exenta de estos retos técnicos.
Es decir: el litio tabasqueño existe, es real y es más grande de lo que la mayoría imaginaba. Pero entre el anuncio y la primera tonelada comercial hay, si el precedente de Sonora sirve de referencia, un camino más largo del que el cronograma oficial sugiere.
Por primera vez en casi medio siglo, Tabasco tiene bajo tierra algo distinto al petróleo. Falta, todavía, que ese hallazgo se convierta en inversión, en empleo y en una respuesta clara sobre quién lo va a operar y qué le va a tocar al estado. Mientras eso se resuelve, el litio tabasqueño sigue disuelto en la misma agua que ha salido de los pozos durante 46 años, esperando su turno.
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