Manuel Andrade Díaz, exgobernador de Tabasco, en una aparición pública reciente, en sus redes sociales.
Manuel Andrade Díaz, gobernador de Tabasco entre 2002 y 2006, hoy sin cargo público ni militancia partidista activa.

Manuel Andrade: el proyecto juvenil de Madrazo extraviado en el odio

Héctor I. Tapia

Manuel Andrade lleva un par de semanas escribiendo en sus redes que a Javier May lo van a enfermar y lo van a cambiar. El fin de semana pasado subió un mensaje más: que “está fuertísimo el rumor que el enfermo no pasa del 31 de este mes” y que “ya hasta los tamalitos tienen listos” para el relevo. No hacía falta que nombrara a nadie: todo Tabasco entendió que hablaba del gobernador.

Fue el periodista tabasqueño Fernando Vázquez quien, el lunes 27 de julio de 2026, llamó al noticiero Telereportaje de la estación XEVT para pedir un espacio y opinar al aire sobre lo publicado por Andrade. Lo atendió Hugo Triano, quien conducía ese día en sustitución de Emmanuel Sibilla. Ahí, en vivo, Vázquez dijo lo que nadie del gobierno de May, tal vez por respeto a la institucionalidad de sus funciones, se había atrevido a decir en público: que con esas publicaciones, Manuel Andrade le estaba deseando la muerte al gobernador.

No es la primera vez que Manuel Andrade genera ruido sin evidencia. Pero sí es la primera vez que un colega del propio gremio periodístico tabasqueño le exige, en público, un mínimo de decencia.

Para entender cómo un ex gobernador terminó ahí —sin cargo, sin partido fuerte, acusando por escrito de un golpe de Estado y jugando con la salud de su sucesor— hay que retroceder 24 años, hasta el día en que Roberto Madrazo Pintado decidió que Manuel Andrade sería gobernador de Tabasco.

De la oratoria al poder

Un campeón de oratoria que a los 36 años ya gobernaba Tabasco por decisión de Madrazo

Nombre completo Manuel Andrade Díaz
Nacimiento 6 de octubre de 1965, Villahermosa
Formación Licenciado en Derecho, UJAT; diplomados en Derecho Electoral y Parlamentario
Esposa Elvira Pola Acuña
Gobernador de Tabasco 2002-2006 (electo en 2000, elección anulada por el TEPJF, repetida y ganada en 2001)
Edad al tomar protesta 36 años
Cargos posteriores 3 veces diputado local (LIV, LVI, LVIII); candidato al Senado 2018 (PRI, derrotado); candidato a alcalde de Centro 2021 (PRD, tercer lugar)
Partidos PRI (hasta febrero de 2021) → PRD (2021 en adelante)

Fuente: Congreso de Tabasco, Wikipedia y hemerografía citada en el reportaje.

El proyecto

Manuel Andrade no llegó a la gubernatura de Tabasco por una trayectoria construida desde abajo. Llegó porque alguien más lo necesitaba ahí.

Desde adolescente destacó en los concursos de oratoria y declamación del país, disciplinas en las que fue campeón nacional en varias ocasiones, un dato que quienes lo conocen repiten y que, visto desde 2026, adquiere un filo distinto: el hombre que hoy construye rumores en Facebook empezó su vida pública siendo, literalmente, el mejor con la palabra. Militó en el PRI desde finales de los años ochenta, escaló las estructuras juveniles del partido —secretario general del Movimiento Nacional de la Juventud Revolucionaria, presidente estatal del Frente Juvenil Revolucionario— y para 1996 ya era dirigente estatal del tricolor en Tabasco.

Manuel Andrade Díaz durante la toma de protesta como gobernador de Tabasco en 2002
Andrade tomó protesta como gobernador constitucional el 1 de enero de 2002, a los 36 años, con el respaldo de Roberto Madrazo Pintado.

Ese año conoció a quien determinaría el resto de su vida política: Roberto Madrazo Pintado. Andrade coordinó en Tabasco la campaña interna de Madrazo rumbo a la candidatura presidencial de 1999, y a cambio recibió el respaldo del entonces gobernador para ser él, y no Arturo Núñez —el otro aspirante fuerte de esa generación priista—, quien encabezara la boleta tricolor para la gubernatura del año 2000.

La apuesta le salió cara al PRI antes de salirle bien. Andrade ganó la elección del 15 de octubre de 2000 por un margen mínimo —44.05% contra 43.27% del perredista César Raúl Ojeda—, pero el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación determinó, el 29 de diciembre de ese año, que el gobierno de Madrazo había usado la estructura estatal, incluida la Comisión de Radio y Televisión de Tabasco, para inclinar la elección a su favor. Fue la primera anulación de una elección de gobernador en la historia de México.

Lo que siguió fue un episodio que Tabasco no había vivido nunca: dos gobernadores en funciones al mismo tiempo, un Congreso dividido, negociaciones de madrugada. Adán Augusto López Hernández —entonces secretario general del PRI estatal— llegó a ser designado gobernador interino por una coalición de PRD, PAN, PT y disidentes priistas, antes de declinar en favor de Enrique Priego Oropeza. El desenlace llegó con la elección extraordinaria del 5 de agosto de 2001, que Andrade ganó esta vez con un margen amplio: 50.67% contra 45.95% de Ojeda. Tomó protesta como gobernador constitucional el 1 de enero de 2002, a los 36 años, con Vicente Fox presente y las bancadas de oposición ausentes.

El dato que circula con más fuerza en la memoria pública tabasqueña —que Andrade llegó al poder a los 32 años— no resiste la revisión: tenía 36 cumplidos, a punto de cumplir 37. La distancia entre la leyenda y el hecho no es menor: importa porque toda la narrativa del “niño prodigio” que después se construyó alrededor de su figura arrancó, ya desde entonces, con un margen de exageración.

Gobernó hasta el 31 de diciembre de 2006. Durante su gestión fue uno de los mandatarios que fundó la Confederación Nacional de Gobernadores de México, un organismo del que no quedó, con el paso de los años, mayor rastro público. Fue, en resumen, el proyecto perfecto para Madrazo: joven, elocuente, leal, y suficientemente controlable como para extender por seis años más el control del tricolor sobre los recursos públicos de Tabasco después de que la anulación de 2000 estuvo a punto de arrebatárselo.

Lo que Madrazo no calculó —o no le importó— fue qué pasaría con Manuel Andrade una vez que el proyecto ya no lo necesitara. Y ahí, exactamente ahí, empieza la otra historia de Manuel Andrade: no la del poder que tuvo, sino la del poder que se acostumbró a tener y después nunca dejó de esperar.

Un campeón de oratoria a los veinte años, un gobernador a los treinta y seis: pocas biografías políticas tabasqueñas arrancan con esa cantidad de reflectores tan pronto. El problema de subir así de rápido no es la subida. Es todo lo que viene después, cuando el reflector se apaga y el hombre que se acostumbró a él tiene que aprender a vivir sin. Andrade nunca aprendió.

La cadena de derrotas

Después de 2006, a Manuel Andrade ya no le alcanzó ni su elocuencia ni su cercanía con Madrazo.

Pasó casi una década sin un cargo de peso, hasta regresar como diputado local por tercera vez en la LVIII Legislatura (2015-2018). En 2016 fue delegado del Comité Nacional del PRI en Quintana Roo y, de vuelta en Tabasco, coordinador de la fracción parlamentaria priista en el Congreso estatal. Manuel Andrade nunca fue logró ser diputado federal. Toda su carrera legislativa, sin excepción, se desarrolló en el Congreso de Tabasco.

La siguiente ambición suya fue el Senado. En febrero de 2018 el PRI nacional lo postuló como candidato por Tabasco, en fórmula con Candita Gil, bajo el eslogan “Seré tu voz en el Senado. Pon a Tabasco en buenas manos”. Hizo campaña activa, defendió su gestión como gobernador ante señalamientos de enriquecimiento, y admitió en entrevista que “el efecto AMLO” les estaba costando remontar.

No lo remontó nadie: el 1 de julio de 2018, Javier May Rodríguez arrasó en Tabasco por el Senado. Su fórmula con Mónica Fernández Balboa se quedó con los dos escaños de mayoría relativa. Manuel Andrade, el hombre que veinte años antes había llegado a gobernador por decisión de Madrazo, perdió el Senado frente a Javier May. Hoy, ya gobernador, ese mismo Javier May es al que Andrade acusa en redes de estar enfermo y a punto de ser relevado.

Vino después la ruptura. El 23 de febrero de 2021, tras casi 25 años de militancia, renunció al PRI acusando a la dirigencia nacional de Alejandro Moreno de bloquear su aspiración a una diputación federal, la misma dirigencia que meses antes le había ofrecido, y luego le retiró, ese respaldo. El PRD —al que criticó y combatió abiertamente durante su gobierno— lo recibió con los brazos abiertos: el 11 de abril de 2021 lo registró como su candidato a la alcaldía de Centro.

Un ex gobernador que ya había gobernado el estado entero volvía ahora a competir por un cargo municipal. La paradoja no pasó inadvertida entonces, ni pasa inadvertida ahora. Perdió: tercer lugar, detrás de Andrés Granier Melo (PRI) y de la ganadora, Yolanda Osuna Huerta (Morena).

Veinticuatro años de derrotas

Cada intento posterior a 2006 fue una escala menor al cargo anterior

Año Cargo en disputa Partido Resultado
2000 Gobernador PRI Elección anulada por el TEPJF
2001 Gobernador (extraordinaria) PRI Ganó (50.67%)
2015 Diputado local PRI Ganó (3ª ocasión)
2018 Senador PRI Perdió — arrasado por Morena
2021 Alcalde de Centro PRD Perdió — 3er lugar

Fuente: Wikipedia, El Universal, La Jornada, Proceso y XEVT, citados en el reportaje.

Visto en conjunto, el patrón no admite otra lectura: cada intento de Manuel Andrade después de 2006 fue una escala menor al anterior. De gobernador a buscar ser senador. De buscar ser senador a alcalde de una capital que él mismo ya había gobernado como jefe de todo el estado. No es una racha de mala suerte electoral: es la curva descendente de un proyecto político que, sin la mano de Madrazo detrás, nunca volvió a ganar por su propia fuerza.

Perder una vez es un accidente. Perder cuatro veces seguidas —el Senado, la alcaldía, la irrelevancia dentro de su propio partido, la irrelevancia dentro del partido que lo recibió después— es una biografía. Y las biografías de derrota prolongada, cuando les toca a hombres que un día lo tuvieron todo, no se quedan en el terreno de lo político. Se filtran a otra parte. Se acumulan en algún lugar del cuerpo.

Los escándalos personales

Manuel Andrade ha protagonizado, en los últimos seis años, dos episodios que lo expusieron ante Tabasco de una forma muy distinta a la de sus derrotas electorales: uno en la carretera, otro en un hospital, y este último con una confesión que tardó cuatro meses en llegar completa.

La noche del jueves 13 de agosto de 2020, Andrade chocó su camioneta contra un “pochimóvil” —un mototaxi— sobre la carretera Villahermosa-La Isla, a la altura de la colonia Miguel Hidalgo. Lo acompañaba su primo, el ex diputado local Javier Díaz Hernández. Videos grabados por vecinos circularon de inmediato: se le ve bajado del vehículo con la camisa cubriendo el rostro, aparentemente aturdido, mientras la gente que se congregó exigía a la policía que lo esposara y lo acusaba de estar bajo los influjos del alcohol.

Hubo un intento de linchamiento —los vecinos llegaron a voltear el vehículo e intentar incendiarlo— que la policía estatal impidió. Andrade pasó esa noche en observación médica. El caso no derivó en un proceso penal conocido: el portal Tiempo, La Noticia Digital reportó después que llegó a un acuerdo con la pareja afectada. La cobertura alcanzó medios nacionales: Proceso, El Universal, El Financiero, Expansión, Sipse y Reforma.

Mosaico de cuatro imágenes del accidente de Manuel Andrade en la carretera Villahermosa-La Isla: el mototaxi destruido, el vehículo volcado, Andrade dentro del auto y el momento del rescate.
Cuatro imágenes documentan el accidente de Manuel Andrade la noche del 13 de agosto de 2020 en la carretera Villahermosa-La Isla: el pochimóvil destrozado por el impacto, el vehículo del exgobernador volcado sobre la vía, Andrade dentro del auto momentos después del choque, y el instante en que pobladores intentaron lincharlo antes de que la policía lo rescatara.

Cuatro años más tarde llegó el episodio de salud, contado en público en tres tiempos distintos.

Primer tiempo, 4 de junio de 2024: ingresó de urgencia al Hospital Ángeles de Villahermosa. Las primeras versiones, atribuidas a fuentes familiares, hablaron de un preinfarto cerebral con parálisis del lado izquierdo. Andrade minimizó el diagnóstico en entrevista con El Heraldo de Tabasco: dijo que fue por entumecimiento de una pierna, un pequeño trombo, anticoagulante, y de vuelta a casa.

Segundo tiempo, 10 de junio de 2024: reingresó, ahora a terapia intensiva. El médico Luis Felipe Graham Zapata, autorizado por la familia para hablar del caso, lo explicó como un desajuste de diabetes mellitus y presión arterial, y descartó expresamente que fuera un aneurisma. En ningún momento de esa declaración pública se mencionó un infarto cerebral.

Tercer tiempo, 28 de octubre de 2024: Andrade rompió el silencio en entrevista con Telereportaje y contó una versión más grave y más personal que las dos anteriores. Dijo que los excesos de su vida —incluidos los meses de junio, entre la Feria, sus salidas a municipios, y al béisbol— derivaron en una cetoacidosis, una combinación de triglicéridos altos, presión alta y azúcar descontrolada que lo puso en coma.

Al despertar, contó, estaba paralizado, no podía hablar, y pasaron 15 días antes de que los médicos lo dieran de alta; salió en silla de ruedas. Fue en esa misma entrevista donde, por primera vez, usó el término con el que hoy se documenta el episodio: “A mí me dio un infarto cerebral”. Bajó 32 kilos durante la rehabilitación, ocho horas diarias de terapia, y reconoció que le quedó un desfase facial. Habló también de sus hijos, de 18 y 12 años, y de su esposa, Elvira Pola Acuña, a quien dijo estarle “en deuda” por todo lo que hizo por él durante la crisis.

Tres versiones, una crisis

De un trombo menor a la confesión, cuatro meses después, de un infarto cerebral

4 de junio de 2024

Entumecimiento de una pierna, pequeño trombo, anticoagulante

Manuel Andrade, a El Heraldo de Tabasco

10 de junio de 2024

Desajuste de diabetes mellitus y presión arterial; se descarta aneurisma

Dr. Luis Felipe Graham Zapata

28 de octubre de 2024

Cetoacidosis, coma, infarto cerebral, 15 días hospitalizado

Manuel Andrade, a Telereportaje

Fuente: El Heraldo de Tabasco, declaración médica pública y entrevista en Telereportaje-XEVT.

El propio Andrade, sin proponérselo, dejó la pista de por dónde hay que leer lo que le pasó. “¿Te excediste?”, le preguntó el entrevistador de Telereportaje. “Me di cuenta que abusé”, respondió él. Habló de comida, de bebida, de un ritmo de vida sin freno entre la Feria, los municipios y el béisbol.

No habló —porque nadie se lo preguntó, y probablemente porque él mismo no lo ve así— de las otras cosas que también se acumulan sin freno: la rabia de perder el Senado frente a un hombre que hoy gobierna el estado que él ya gobernó; el coraje de que su propio partido lo desconociera después de veinticinco años; la frustración de ser, a los cincuenta y ocho, un ex gobernador que reseña cerveza en una feria porque ya no le queda ninguna otra tribuna.

La cetoacidosis tiene una explicación médica exacta: triglicéridos, presión, azúcar. Pero los cuerpos no separan tan limpiamente el colesterol del rencor. Todo lo que un hombre traga —la comida, la bebida, y también el enojo que no dice— termina cobrándose en algún órgano.

Hay una lectura incómoda en esto, y toca hacerla: cuando Manuel Andrade escribe que “el enfermo no pasa del 31 de este mes”, no está simplemente mintiendo sobre la salud de otro hombre. Está proyectando sobre Javier May la experiencia que él mismo vivió en carne propia dos años antes —el coma, la parálisis, el miedo real a no llegar al mes siguiente—. Es, casi, un deseo formulado como profecía. La diferencia es que lo que a él le pasó fue una enfermedad documentada por médicos. Lo que le desea a May es un invento sin un solo dato detrás.

En esa misma entrevista, meses antes de que la crítica se convirtiera en insidia, ya aparecen las primeras señales del tono que Andrade adoptaría en 2026: llamó “piñata” al gobierno que hoy critica —“ahora les tocó ser piñata, que aguanten el garrote”— y afirmó que AMLO, aunque ya no gobierna, “lo maneja todo a través de sus hijos, de su gente”. Es, casi dos años antes del episodio de julio de 2026, el mismo argumento —un ex presidente que sigue moviendo los hilos a través de terceros— que después reapareció ampliado, con nombres propios, en la acusación del supuesto golpe de Estado contra Javier May.

Manuel Andrade se toma fotografías con asistentes durante la Feria Tabasco 2024
Durante la Feria Tabasco 2024, Andrade se convirtió en una de las atracciones no oficiales del evento.

Del selfie de feria al altavoz de la crítica

Antes de acusar a Javier May de estar enfermo, Manuel Andrade construyó, sin proponérselo del todo, una segunda carrera: la de personaje querido de las redes sociales tabasqueñas.

Ocurrió en la Feria Tabasco 2024, celebrada bajo el gobierno del propio May. Andrade se convirtió en una de las atracciones no oficiales del evento: la gente hacía fila para tomarse fotos con él, al grado de que circuló la broma de que “si no tienes tu foto con Andrade, no fuiste a la Feria”. Hubo medios que documentaron el fenómeno en tiempo real, e incluso le dedicaron textos retrospectivos que lo colocaban, sin ironía, junto a sus dos gubernaturas y su salida del PRI como uno de los hitos de su biografía pública.

Es la misma temporada en la que hacía reseñas de comida y llamaba a los tabasqueños a tomarse una cerveza con él en la Feria, el capital de simpatía que, meses después de las hospitalizaciones de junio, empezó a reinvertir en otro terreno: el de la crítica política sistemática.

Vale la pena notar el orden en que ocurrieron las cosas. Primero fue el enfermo el que necesitó ser querido —la Feria, las fotos, la cerveza compartida con desconocidos que lo trataban, por una tarde, como si todavía fuera alguien—. Después, ya recuperado, fue el resentido el que necesitó ser escuchado. No es casualidad que la crítica sistemática a May, a Morena, a Sheinbaum y al legado de AMLO haya escalado después del infarto, no antes. Un hombre que estuvo quince días sin poder hablar suele, al recuperar la voz, no medirla.

Sin cargo público, sin partido con estructura real detrás, Andrade encontró en X y Facebook la plataforma que ya no tenía en ninguna boleta. Sus publicaciones se volvieron una crítica constante al gobierno de Javier May, a Morena, a la presidenta Claudia Sheinbaum y al legado del ex presidente Andrés Manuel López Obrador.

En junio de 2026 acusó a May de dar “manga ancha” a un funcionario para que “siga solapando a sus compinches”, una acusación sin sustento, no una crítica de fondo. La relevancia que ganó por simpatía en la Feria se convirtió, con el tiempo, en relevancia sostenida por la crítica política. Y cuando la crítica dejó de bastar, se volvió insidia.

El rumor, la insidia, el llamado a la mesura

El primer mensaje llegó sin aviso, un fin de semana de finales de julio de 2026, en una de las dos cuentas de Facebook de Manuel Andrade: “El golpe de Estado en Tabasco está en marcha. Participan los López —Obrador, Beltrán, Hernández— y varios alcaldes, Senadores y Diputados”. Sin pruebas, sin más contexto, nombró directamente a Andrés Manuel López Obrador, a su hijo Andrés López Beltrán y al exsecretario de Gobernación Adán Augusto López Hernández como presuntos autores de una conspiración contra el gobierno de Tabasco.

Captura de pantalla de la publicación de Manuel Andrade sobre un supuesto golpe de Estado en Tabasco
Publicación de Manuel Andrade en Facebook, previa al mensaje sobre “los tamalitos”, nombrando a Andrés Manuel López Obrador, Andrés López Beltrán y Adán Augusto López Hernández como presuntos autores de un golpe de Estado en Tabasco.

La insidia por escrito

Dos publicaciones de Facebook construyeron la narrativa del golpe de Estado

Fin de semana previo al 27 de julio de 2026 · Facebook

“El golpe de Estado en Tabasco está en marcha. Participan los López (Obrador, Beltrán, Hernández) y varios alcaldes, Senadores y Diputados”

Días después, mismo fin de semana · Facebook

“Está fuertísimo el rumor que el enfermo no pasa del 31 de este mes. Ya hasta los tamalitos tienen listos y el relevo!!”

Fuente: cuentas de Facebook de Manuel Andrade Díaz.

El argumento con el que Fernando Vázquez respondió al aire se sostuvo en un contraste que él mismo exhibió esa mañana. En febrero de 2026, cuando May fue intervenido de la vesícula en el Hospital Ángeles, el propio Andrade había publicado en redes que le deseaba “buena y pronta recuperación”. Cinco meses después, el mismo hecho de salud se había convertido, en su narrativa, en el encubrimiento de una enfermedad terminal.

Dos versiones, un hecho

La misma cirugía de vesícula tuvo dos lecturas opuestas en redes

Momento Publicación de Andrade
Febrero de 2026, cirugía de vesícula de May “Deseo que no sea nada grave y tenga buena y pronta recuperación”
Julio de 2026, rumor sin sustento “El enfermo no pasa del 31 de este mes”

Fuente: cuentas de Facebook de Manuel Andrade Díaz, febrero y julio de 2026.

Vázquez, para desmontar la narrativa, citó al aire la agenda pública de May —audiencias, giras por municipios, la mesa diaria de seguridad— como evidencia de que el gobernador sostiene un ritmo de trabajo incompatible con la imagen de un hombre incapacitado. Son cifras que él mismo puso sobre la mesa como argumento, no verificaciones del propio reportaje, pero sirven para entender de dónde partió su reclamo.

Con todo y la dureza del señalamiento, Vázquez cuidó un matiz que vale la pena dejar asentado: “Yo no creo que Andrade esté dando a entender una amenaza, me resisto a creerlo”. Su reclamo no era de intimidación, sino de algo más profundo: “eso habla de la entraña, de lo que se tiene adentro”, dijo, antes de puntualizar que ni siquiera entre adversarios políticos acérrimos debería cruzarse ese umbral —recordó a Andrés Manuel López Obrador deseándole una pronta recuperación a Felipe Calderón cuando este se contagió de covid, pese a años de confrontación entre ambos—.

Cerró con una advertencia dirigida directamente a Andrade: que no saliera después a decir que no se refería a May, porque eso sería una cobardía, y que si en verdad no era a él a quien aludía, debía aclarar entonces a quién.

Hay, además, una línea que conecta este episodio con algo que Andrade ya había dicho casi dos años antes. En su entrevista de octubre de 2024 sobre su infarto cerebral, había afirmado que AMLO, aunque ya no gobernaba, “lo maneja todo a través de sus hijos, de su gente”. Es el mismo argumento —un ex presidente que sigue moviendo los hilos por terceros— que en julio de 2026 reapareció ampliado, ya con nombres propios: Obrador, Beltrán, Hernández. No es una idea nueva en su discurso. Es la misma que llevaba construyendo desde que salió del hospital.

Hay una lectura incómoda en esto, y toca hacerla: cuando Manuel Andrade escribe que “el enfermo no pasa del 31 de este mes”, no está simplemente especulando sobre la salud de otro hombre. Está proyectando sobre Javier May la experiencia que él mismo vivió en carne propia dos años antes —el coma, la parálisis, el miedo real a no llegar al mes siguiente—. Vázquez usó la palabra exacta para nombrar lo que hay detrás de eso: entraña. Lo que se tiene adentro. Y lo que Manuel Andrade tiene adentro, a juzgar por sus propias palabras de octubre de 2024 y por sus publicaciones de julio de 2026, no terminó de sanar cuando salió del hospital.

Hubo un tiempo, hace 24 años, en que Manuel Andrade era el mejor con la palabra: campeón nacional de oratoria, el elegido de Madrazo, gobernador a los 36 años con todo un partido detrás. Hoy, sin cargo, sin partido con estructura real, sin la investidura que alguna vez tuvo, sigue usando la palabra, pero ya no para ganar debates de oratoria, sino para publicar en Facebook que un gobernador en funciones no llega vivo a fin de mes.

Entre esas dos imágenes caben 24 años, tres derrotas electorales, un accidente en la carretera, un infarto cerebral que casi lo mata y una feria en la que, por unos meses, volvió a sentirse querido. Lo que no cabe entre esas dos imágenes es una explicación sencilla de cómo se llega de una a la otra.

Lo que sí cabe es una pregunta que el propio Andrade contestó sin darse cuenta, cuando dijo que se había dado cuenta de que había abusado: la del proyecto juvenil que un día prometió tanto, y que veinticuatro años después no encontró otra forma de seguir siendo relevante que esparcir, en redes, la misma entraña que —según su propia versión— casi lo mata a él primero.


El Tabasqueño. Periodismo Bien Hecho.

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