En una vivienda de la colonia Gaviotas, en Villahermosa, el calor de diciembre no trajo alegría, sino el peso de una ausencia definitiva.
Un hombre de 42 años, agobiado por una deuda que el salario mínimo no alcanza a cubrir, decidió que su historia terminaba en el patio de su casa. No hubo estruendo, solo el silencio de una entidad que, tras el verdor de sus selvas, esconde el mapa de la salud mental más doloroso del Sureste mexicano.
Tabasco ha dejado de ser solo la tierra del petróleo para convertirse en un laboratorio de la desesperanza. Las cifras de la Fiscalía General del Estado (FGE) y de la Secretaría de Salud al cierre de 2025 no mienten: el estado es el foco rojo de la región en incidencia de suicidios.
Aunque el suicidio recorre todas las edades, la estadística revela una verdad incómoda: los adultos de entre 30 y 44 años son quienes están sucumbiendo con mayor frecuencia. De los 115 suicidios consumados estimados en la entidad al cierre del año, este sector representa una porción alarmante.
Los detonantes en Tabasco tienen un tufo a crisis estructural. Disputas domésticas, separaciones sentimentales y, sobre todo, crisis económicas profundas derivadas de la inestabilidad laboral. En colonias como Atasta o Tamulté, la falta de dinero es el verdugo más eficiente.
EL SURESTE: UN ESPEJO DE CONTRASTES
Al levantar la vista de la geografía estatal, el comparativo con el resto de la región es demoledor. Mientras Campeche registró menos de mil diagnósticos, Tabasco lidera la depresión en el Sureste con cifras que superan los 4,600 casos anuales.
JÓVENES Y EL VENENO DEL “CRISTAL”
La estadística también nos muestra la vulnerabilidad de los adolescentes. En 2025, se registraron decesos de menores de 15, 16 y 17 años. Pero en el grupo de los 20 años, aparece un invitado de piedra: el consumo de sustancias.
Los reportes periciales señalan que el uso de drogas sintéticas está provocando alteraciones de conducta fatales. Lo que en el norte es el cristal, en las calles de Villahermosa y Cárdenas es un veneno que potencia la ideación suicida.
Para las autoridades, el suicidio es multifactorial. Pero los más de 340 intentos de suicidio registrados en hospitales tabasqueños en 2025 son un grito de auxilio que el sistema apenas procesa.
Cerramos el año con picos de incidencia en mayo y diciembre, meses donde la soledad se vuelve insoportable. Tabasco enfrenta un desafío que no distingue municipios, aunque Centro concentre la mayoría de los expedientes. Es una urgencia de médicos, de terapeutas, pero sobre todo, de una sociedad que aprenda a detectar el silencio.
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