CDMX.— Ricardo Salinas Pliego volvió a mover primero. Un día antes de que el juez Paul G. Gardephe, en la Corte del Distrito Sur de Nueva York, definiera el siguiente paso en la demanda de los bonistas encabezados por The Bank of New York Mellon, TV Azteca anunció que solicitará concurso mercantil voluntario en México. No es un trámite: es una maniobra para comprar oxígeno aquí mientras allá se acorta la cuerda.
La empresa habló de “reorganización corporativa, operativa y financiera”. Su director general, Rafael Rodríguez Sánchez, lo definió como “una herramienta de última instancia” para “reordenar de manera estructurada y equitativa los pasivos… de acuerdo con su capacidad de pago”. En lenguaje llano: pedir protección judicial para sentarse a negociar cuando los acreedores ya no quieren pláticas, sino cheques.
El problema es que el escudo llega con números en penumbra. TV Azteca no publica estados financieros desde 2022. Ese último corte reconocía una deuda de 9,449 millones de pesos al 31 de diciembre de 2022 y advertía, sin maquillaje: “no existe garantía” de poder refinanciar los adeudos al vencimiento. Desde entonces, silencio contable; y cuando una emisora calla, el mercado grita.
Pero el silencio no detiene el reloj de los intereses. En Nueva York, los tenedores de deuda aseguran que TV Azteca les debe cerca de 580 millones de dólares entre capital e intereses —más de 10 mil millones de pesos— por bonos emitidos en 2017 y que dejaron de pagarse en 2020. Súmele 1,708 millones de pesos con Banco Azteca, garantizados con inmuebles y equipos, y otros 5,062 millones de pesos vinculados al SAT dentro del acuerdo fiscal de Grupo Salinas.
DEUDA BAJO PRESIÓN
Bonistas, SAT y banca concentran el mayor pasivo reconocido.
La factura acumulada
Lo que detonó el movimiento no fue un solo golpe, sino una cadena de golpes que se alimentan entre sí. En 2018, la televisora desembolsó 3,800 millones de pesos por renovación de licencias. Luego llegó la pandemia, la caída de la publicidad y la migración acelerada de audiencias hacia el streaming: el negocio de la señal abierta comenzó a parecer un edificio viejo al que le cambian la calle sin avisar.
En 2020, TV Azteca dejó de pagar los bonos por 400 millones de dólares emitidos en 2017. Hoy, con intereses y recargos, la cuenta se aproxima a 600 millones. El juez Gardephe ya lo dejó sentir: los demandantes quieren avanzar a un juicio sumario. Es decir, quieren sentencia, no más maratones procesales.
Al mismo tiempo, el SAT ejecuta su propio calendario. El 29 de enero de 2026, Grupo Salinas pagó 10,400 millones de pesos como primer abono de un acuerdo por 32 mil millones. Hacienda explicó que restan 18 pagos y que el plan corre a 18 meses, hacia mediados de 2027. No es un “ya quedó”; es un “vamos pagando”.
Aquí está el nudo: el concurso mercantil suspende embargos y ejecuciones individuales y ordena prioridades bajo juez. Los trabajadores van primero, luego los acreedores con garantía y después el resto. El mercado se hace una sola pregunta —y la pregunta pesa—: ¿esto preserva valor o estira plazos para pagar menos y más tarde?

Entre el rescate y la quiebra
El concurso mercantil no es sinónimo de muerte. Hay casos de reestructura exitosa como Aeroméxico con el Capítulo 11 en Estados Unidos, o Vitro, que enfrentó presiones severas y hoy lidera el vidrio en Norteamérica. Pero también hay expedientes que terminaron en cementerio: Mexicana de Aviación, Interjet, Oceanografía. Es terapia intensiva: algunos pacientes salen caminando; otros salen en camilla.
En TV Azteca, la incógnita es mayor porque la compañía dejó de transparentar su situación. En 2022 reportó efectivo y equivalentes por 1,800 millones de pesos, 32% menos que un año antes. Su principal activo eran las concesiones de radiodifusión, valuadas en 9,247 millones. Activos hay; el problema es la caja, y sin caja no hay negociación que aguante.
Luciano Pascoe, director de noticias y comunicación, reaccionó en X: “Los agoreros del caos… querrán vender esto como ‘crisis profunda’… Fake News. Aquí seguimos: operando, produciendo y preparándonos para muchos años más”. La empresa promete continuidad. Los acreedores, en cambio, están entrenados para leer otra cosa: flujos, vencimientos y tribunales.
LÍNEA DE TIEMPO
De bonos impagos a concurso mercantil en cinco años.
El tablero político-financiero
El movimiento también tiene lectura de poder. Salinas llega a este punto tras un litigio fiscal largo y visible, con reveses en la Suprema Corte. El acuerdo con el SAT implicó reconocer un adeudo histórico y sujetarse a pagos. Ahora, con el concurso mercantil, la televisora entra a un carril judicial que puede reordenar tiempos y condiciones. Eso, para un deudor presionado, es oro.
¿Quién gana? TV Azteca gana tiempo y cambia el terreno. ¿Quién pierde fuerza? Los bonistas que empujaban en Nueva York y ahora enfrentan el efecto dominó de una reorganización en México. ¿Qué sigue? Negociaciones ásperas, exigencias de transparencia y un ojo fiscal encima para que el calendario pactado no se vuelva humo.
El negocio de la televisión abierta ya no es el de 1993, cuando el Ajusco fue privatizado. La publicidad se fragmentó, las audiencias migraron y el streaming captura horas de vida. El concurso mercantil puede ser plataforma de cirugía mayor… o un paraguas para cruzar la tormenta sin soltar dinero en pleno aguacero.
En los próximos meses se sabrá si TV Azteca consigue un convenio con las mayorías que marca la ley. Si no, la quiebra dejará de ser amenaza y se convertirá en expediente. En finanzas, el tiempo es capital. Y hoy, más que ratings, lo que está en juego es liquidez.
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