Héctor I. Tapia
No fue una campaña. No hubo lonas, ni caravanas, ni discursos inflamados en la Plaza de Armas. El ascenso del Ayuntamiento de Centro no se cocinó en mítines, sino en hojas de cálculo: tablas, calificaciones y reportes técnicos que casi nadie presume en la calle, pero que pesan en el tablero. Del lugar 31 al 6 en transparencia fiscal (ARegional).
Del sitio 13 al 2 en el Índice de Competitividad Urbana del IMCO. Y la calificación financiera “A (mex)”, la más alta que Centro ha obtenido desde que Fitch evalúa al municipio (2005).
Mientras otros gobiernos acostumbraban a subír el volumen o a incendiarse en pleitos, la capital tabasqueña optó por levantar algo más frío, más sólido: un blindaje institucional sostenido por números.

En Villahermosa el calor aprieta y el asfalto hierve. Aquí la gente no se sienta a platicar de “subíndices” ni de “margen operativo”; habla del agua que llega o no llega, del predial que se paga a regañadientes, del bache que truena la suspensión.
Por eso el dato sorprende: detrás del ruido cotidiano, Centro armó una secuencia que no parece casual. Subió once escalones en competitividad —del 13 al 2 entre 2021 y 2024— y se metió al top nacional en transparencia fiscal. Y lo hizo con una lógica que, guste o no, tiene peso: más recaudación propia, menos gasto corriente, deuda contenida.
Aquí conviene decirlo sin rodeos: los rankings no tapan fugas ni arreglan calles por arte de magia. Pero mandan señales. Cuando una calificadora como Fitch dice que Centro tiene recursos de libre disposición (participaciones e ingresos propios) mayores que su deuda total, está diciendo algo simple y entendible: el municipio no está pateando el bote para que otro lo pague.
Cuando reporta que los impuestos municipales llegaron al 11.6% de los ingresos operativos en 2024 —la cifra más alta del periodo— está hablando de una administración que apretó la tuerca de la recaudación (incentivos, fiscalización, pago en línea) y que, al menos en papel, se está financiando con más músculo propio.
Y cuando destaca la reducción del gasto corriente (-2.7%), está marcando una idea incómoda en Tabasco: el orden también es una decisión política.
Nada de esto vuelve perfecto al gobierno municipal. Sería una tontería venderlo así. Los rankings no asfaltan calles ni reparan drenajes por sí solos. Pero cuando una ciudad escala once posiciones en competitividad en tres años, cuando pasa del lugar 31 al 6 en transparencia fiscal y obtiene la mejor calificación financiera en veinte años, algo se está moviendo debajo del pavimento.
La administración de Yolanda Osuna no ha basado su narrativa en el pleito; la ha basado en orden fiscal, disciplina presupuestal y digitalización administrativa. Y en política, los números —cuando se sostienen varios años— terminan siendo una forma de poder.
En una tierra donde el río puede crecer de un día para otro y desbordarlo todo, la estabilidad no es una palabra menor. Lo excepcional aquí no es el conflicto; lo excepcional es el orden. Y entonces la pregunta cae sola, sin adornos: ¿estamos frente al rediseño administrativo más consistente que ha tenido Villahermosa en dos décadas?

Transparencia como capital político
No es un trofeo de pared. Es un cambio de posición. El Ayuntamiento de Centro pasó del lugar 31 al 6 en transparencia fiscal, según ARegional. Sexto lugar nacional. Cuarto entre capitales. Sesenta municipios evaluados. No es propaganda: es metodología, revisión documental, cruce de datos.
Cuando inició la actual administración, Centro estaba en la mitad baja de la tabla. Hoy está en el grupo de arriba. Y eso no se consigue con discursos.
La propia Yolanda Osuna lo dijo sin rodeos durante la presentación del Plan Municipal de Desarrollo 2024–2027:
Hoy, con orgullo, puedo decirles que Centro se ubica en el sexto lugar nacional en transparencia fiscal entre los 60 municipios evaluados por la consultora ARegional, y el cuarto entre las capitales del país.”
La frase tiene carga política. No es solo un dato técnico. Es una declaración de posición. Está diciendo: dejamos de ser promedio.
Pero más interesante es lo que viene detrás del discurso público. Osuna no ha vendido estos reconocimientos como gloria personal. En agosto, cuando recibió el premio por gestión integral del agua, dijo algo que define su línea narrativa:
Cuando hay un logro de una administración municipal, pues es también para los habitantes… como cuando nos dan un reconocimiento por parte de las calificadoras o de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público cuando nos dice que municipio de Centro está en sexto lugar de los municipios en rendición de cuentas…”
Ahí está la clave. Está conectando premios con ciudadanía. No con ego. Con administración.
Y fue más directa:
Saben que su recurso y su impuesto que pagan, va no a pagar una deuda… sino va precisamente para todos estos servicios municipales.”
En Tabasco, donde la palabra deuda suele sonar como humedad que se filtra y nunca seca, esa afirmación pesa. Porque el reconocimiento en transparencia fiscal no está aislado. Se cruza con otros datos: bajo endeudamiento, reducción de gasto corriente, ingresos propios en máximo histórico.
El salto importa más que el lugar
Aquí no se trata de presumir un sexto lugar. Se trata de entender el trayecto. De media tabla a grupo puntero. En un estado donde muchas veces el discurso corre más rápido que la administración, Centro optó por el camino contrario: primero ordenar la casa, luego hablar.
¿Eso alcanza para convertir la transparencia en capital político? En política municipal, sí. Porque cuando una alcaldía logra colocarse en el top seis nacional, no solo mejora su expediente técnico; mejora su margen de maniobra. Mejora su reputación ante Hacienda, ante calificadoras, ante otras capitales.
En otras palabras: la transparencia fiscal dejó de ser un requisito burocrático y empezó a convertirse en herramienta de posicionamiento.
Y eso, en Villahermosa, no es poca cosa.
Competitividad y reposicionamiento urbano
No es una foto aislada. Es una secuencia. En 2021, Villahermosa ocupaba el lugar 13 en el Índice de Competitividad Urbana del IMCO. En 2022 subió al 8. En 2023 llegó al 6. Y en 2024 alcanzó el segundo lugar nacional en la categoría de ciudades de 500 mil a un millón de habitantes.
Once posiciones en tres años. Aquí no hay salto milagroso. Hay escalera. Y cuando una ciudad sube peldaño por peldaño, eso habla de método, no de suerte. La propia administración municipal lo resumió así cuando se dio a conocer el ranking:
Villahermosa ocupa el segundo lugar nacional en el Índice de Competitividad Urbana 2024… representa un ascenso de 11 escalones desde 2021”.
No es una frase para presumir en redes. Es una declaración con implicaciones. Porque el IMCO no evalúa simpatías políticas; mide variables duras: Innovación y Economía, Infraestructura, Mercado de Trabajo, Sociedad y Medio Ambiente, Derecho y Sistema Político y Gobiernos.
Y ahí está el punto incómodo: la competitividad no depende solo del municipio. Pero el municipio sí puede empujar.
Método antes que discurso
En Tabasco estamos acostumbrados a los anuncios grandes y los resultados pequeños. Aquí pasó lo contrario: anuncios discretos, resultados que se fueron acumulando.
La mejora en el ranking del IMCO coincide con otros movimientos: mayor transparencia fiscal, mejor calificación financiera, incremento en ingresos propios, reducción de gasto corriente. No son compartimentos aislados. Son piezas que se cruzan.
La competitividad urbana no se logra con un evento. Se logra con estabilidad administrativa. Con reglas claras. Con infraestructura que funcione. Con capacidad de recaudar sin asfixiar. Con orden.
Y eso explica por qué el ascenso no fue abrupto. No pasó del 13 al 2 en un año. Subió al 8. Luego al 6. Luego al 2. Esa consistencia habla de una administración que decidió apostar por indicadores medibles y no por improvisaciones.
Competir desde el Sureste
No es menor que Villahermosa esté compitiendo en el mismo rango poblacional que capitales más consolidadas. Históricamente, Tabasco no figuraba en la conversación nacional sobre competitividad urbana. Hoy aparece en el podio.
Eso no resuelve los problemas cotidianos. Pero sí cambia la percepción externa. Inversionistas, calificadoras, dependencias federales, miran rankings. Y los rankings generan confianza o la destruyen.
En una región donde muchas veces el discurso político se evapora como el vapor que sale del pavimento a mediodía, los números tienen otra temperatura. No gritan. Pero pesan.
La pregunta de fondo es inevitable: ¿es este reposicionamiento urbano una coyuntura favorable o el inicio de un nuevo estándar para la capital tabasqueña?
Si el orden financiero fue el andamio invisible, la competitividad urbana es la fachada que ya se ve desde fuera.
Ingeniería financiera invisible
Aquí no hay fuegos artificiales. Hay estados financieros. Mientras la discusión pública suele irse al pleito, en el Ayuntamiento de Centro se movió otra pieza: la estructura de sus finanzas.
La agencia Fitch Ratings ratificó en abril de 2025 la calificación “A (mex)” para el municipio. Es la más alta que ha obtenido desde que comenzó a evaluarse su desempeño financiero en 2005. Veinte años de historial. No es un aplauso político; es una validación técnica.
Y no se quedó en el número. Fitch fue clara: los recursos de libre disposición —participaciones e ingresos propios— son mayores que la deuda total. Dicho en lenguaje sencillo: lo que entra supera lo que se debe. En una tierra donde la palabra deuda suele arrastrar historias largas, eso cambia el tono.
Finanzas bajo control
En política municipal se habla mucho de obra y poco de números. Pero en el caso del Ayuntamiento de Centro, el movimiento más profundo no estuvo en la superficie, sino en la estructura financiera.
La agencia Fitch Ratings ratificó en abril de 2025 la calificación “A (mex)”, la más alta que ha tenido el municipio desde que comenzó a evaluarse en 2005. No es una medalla simbólica; es una revisión técnica de su capacidad de pago y estabilidad presupuestal.
Fitch no se quedó en la etiqueta. Señaló que los recursos de libre disposición —participaciones e ingresos propios— superan la deuda total del municipio. Traducido al lenguaje de cualquier familia en Villahermosa: lo que entra alcanza para cubrir lo que se debe. Eso no era la norma hace una década.
En 2024 el gasto corriente disminuyó 2.7%. No es un número espectacular, pero sí estructural: cuando el gasto fijo baja, el presupuesto gana aire. Al mismo tiempo, los ingresos propios representaron 11.6% de los ingresos operativos, el porcentaje más alto registrado en el periodo analizado por Fitch. Eso significa mayor capacidad de recaudación y menor dependencia relativa.
El crédito contratado en 2022 —con saldo de 218.6 millones de pesos al cierre de 2024— mantiene una estructura con calificación AA+ (mex). Esa estructura permitió mejores condiciones de financiamiento y menos presión en intereses. En otras palabras: el endeudamiento no se convirtió en bola de nieve.
Fitch resumió el diagnóstico en seis puntos: mejora del margen operativo, fortalecimiento de liquidez, bajo nivel de pasivos, aumento sostenido en recaudación, crecimiento de ingresos propios y contención del gasto corriente. No es una sola decisión; es una cadena de decisiones.
Peso de los ingresos propios 2024
11.6%
Nota: Nivel más alto del periodo analizado por Fitch.
Fuente: Fitch Ratings.
En un estado donde la política suele moverse como río crecido —rápida y turbia— la estabilidad financiera no hace ruido, pero cambia el fondo. No garantiza aplausos. Garantiza margen. Y ese margen, en política municipal, es poder silencioso.
Infraestructura clave urbana
En Tabasco el agua no es metáfora. Es asunto diario. Cuando falta, se siente. Cuando sobra, también. Por eso el Acueducto Usumacinta y la Planta Potabilizadora Carrizal II no son solo obras; son piezas políticas. El premio otorgado por la revista Alcaldes de México a la gestión integral del agua del Ayuntamiento de Centro no se explica por sí mismo. Se explica porque el agua potable es política urbana pura. Sin agua no hay legitimidad.
El reconocimiento no llegó por una maqueta bonita. Llegó por un proyecto que implicó coordinación con la federación y con la Dirección Local de la CONAGUA, simplificación de trámites y ejecución técnica. La propia Yolanda Osuna lo dijo cuando recibió el galardón:
Es un logro para los habitantes… cuando hay un reconocimiento por parte de las calificadoras o por rendición de cuentas, eso también es para los ciudadanos”.
Y añadió, al referirse al acueducto y a Carrizal II:
Es un proyecto de gran dimensión… significa agua y servicios para la ciudad.”
No es un discurso menor. Está conectando obra con ciudadanía y ciudadanía con finanzas. En un estado donde el agua ha sido históricamente problema —inundaciones, captación deficiente, plantas rebasadas— la infraestructura hídrica cambia la narrativa.
Agua como legitimidad
La obra visible es la cara del modelo. Las finanzas ordenadas son su estructura. Una sin la otra no sostiene legitimidad. En colonias donde el servicio era intermitente, el impacto es tangible. Y cuando la obra funciona, el premio deja de ser simbólico.
En Villahermosa, donde el río puede subir sin aviso, el control del agua es también control político.

Los reconocimientos no sustituyen la percepción ciudadana. Nadie vota por un subíndice. Nadie llena una cubeta con un ranking. Pero los premios construyen relato. Y el relato, en política, importa.
En medio de una escena estatal fragmentada —conflictos internos, tensiones partidistas, ruido constante— el Gobierno de Centro proyecta una imagen distinta: estabilidad técnica. Transparencia fiscal, competitividad urbana, finanzas sanas, infraestructura hídrica. Una secuencia coherente.
Eso no significa que no existan problemas. Significa que hay una narrativa de orden frente al desorden.

Reconocimientos acumulados
El punto es delicado. Cuando una administración acumula reconocimientos técnicos, gana margen político. Puede negociar mejor con la federación. Puede dialogar con calificadoras. Puede proyectarse a otras capitales. Incluso puede construir una plataforma hacia el futuro.
Pero la legitimidad no se decreta. Se sostiene. El agua tiene que seguir fluyendo. Las cuentas deben seguir cuadrando. La competitividad no puede estancarse.
La pregunta no es si Centro ha mejorado indicadores. Los datos dicen que sí. La pregunta es otra: ¿estamos ante el nacimiento de un modelo exportable a otras ciudades del sureste o frente a la construcción de una plataforma política donde los números funcionan como escudo?
No hay sentencia aquí. Solo una observación: en política municipal, el orden técnico puede convertirse en capital político. La historia dirá si fue blindaje momentáneo o modelo duradero.
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