Héctor I. Tapia
A las 4 de la mañana, en el poblado Jobal, en Emiliano Zapata, todavía era de noche. A esa hora salieron doña Rosario, de 56 años, y sus vecinos. Eran apenas unas gotas. Pero en Tabasco los ríos nacen así: de muchas gotas que se juntan lejos y bajan buscando el mismo cauce.
La corriente, en realidad, había empezado a crecer desde la víspera. Según el propio gobierno estatal, la noche del jueves 24, cuando la presidenta aterrizó procedente de Puebla, su convoy tardó diez minutos en avanzar unos metros frente a la comunidad de Dos Montes, entre pancartas, matracas y carpetas amarillas con solicitudes. El afecto y la petición llegaban en la misma mano. Así ha sido siempre la relación de Tabasco con el poder: se le aplaude y se le pide, casi en el mismo gesto.
Mientras los afluentes bajaban de los municipios, en la 30 Zona Militar arrancaba la otra mitad del día. Era la séptima visita de Claudia Sheinbaum a Tabasco, y la mañanera traía un invitado que no había pisado el estado como secretario: Omar García Harfuch.
Le preguntaron a la presidenta qué calificación le daba al gobernador Javier May. Respondió con humor: diez. Y explicó por qué: un gobierno austero que convierte el ahorro en obra y en programas sociales. Con una sola cifra quedaba contestada la versión, que llevaba semanas circulando, de un distanciamiento entre Palacio Nacional y el Palacio de Gobierno.
Harfuch puso los números de seguridad sobre la mesa. Reportó una reducción de 54 por ciento en el promedio diario de homicidios dolosos, 6 mil 527 detenidos desde octubre de 2024, 2 mil armas y 13 toneladas de droga aseguradas. Entre los nombres que se leyeron apareció Fermín «N», vinculado a La Barredora, señalado por el homicidio de nueve personas. En Tabasco, ese nombre pesa más que cualquier porcentaje. Son cifras oficiales, y la prueba de fondo estará en la calle: el propio secretario puso la extorsión como prioridad.
El cauce
A las 10:30, el velódromo de la Ciudad Deportiva ya no era una pista. Era un cauce. Tres carriles tomados por una corriente de mujeres y hombres, adultos mayores y miles de jóvenes. Bajaron los de Los Ríos, desde Zapata, Jonuta y Balancán; los de la Sierra, desde Jalapa, Teapa y Tacotalpa; los del Carrizal y la Chontalpa, desde Nacajuca, Jalpa, Cunduacán, Cárdenas, Comalcalco y Huimanguillo. Tabasco entero desembocaba en el Estadio Olímpico.
Los camiones se alineaban frente al velódromo y en las calles aledañas, con letreros de «Especial» o el nombre de la comunidad de origen. En la entrada, una lona de cinco metros de alto mostraba el rostro de la presidenta y le daba la bienvenida a nombre de la colonia popular Claudia Sheinbaum. La gente se detenía a tomarse la foto frente a ella.

El termómetro marcaba 32 grados. No era el número lo que golpeaba. Era el sol punzante sobre una humedad superior al 72 por ciento, esa combinación que en Tabasco no quema: sofoca. El río humano se plegaba sobre el único carril con sombra de árboles. Ahí la queja no era contra el evento, era contra el bochorno.
—Ya van como cuatro desmayados —alcanzó a decir una señora.
Doña Rosario había llegado a las 7. A esa hora todos venían frescos, con ganas de echar porras. Luego el sol se encendió y los ánimos empezaron a menguar.
—Salimos desde las 4 de la mañana —decía, sofocada, echándose aire con un pedazo de cartón.
En la entrada principal, dos batucadas de Macuspana se repartían el ritmo. De un lado tocaba Choco Samba, jovencitos de entre 15 y 17 años. Del otro, coordinándose con ellos, sonaba Pulsacao, de Alexis de la Cruz. Los tambores hacían menear discretamente las caderas de la corriente que entraba y salía del estadio.

Sauna bajo lona
Sobre la cancha se levantaron tres enormes toldos. Debajo, unas seis mil personas. La sombra no alcanzaba: aquello era un baño sauna. Cada quien se abanicaba con lo que traía, fueran sombreros, gorras, abanicos, cartones o libretas. Hasta las cartulinas de apoyo terminaron convertidas en ventiladores de mano. Entre ellos estaba don Ernestino, de 48 años, integrante de Sembrando Vida, que llegó desde el poblado Andrés Quintana Roo, en Teapa.
En el presídium, el gabinete federal ocupaba su lugar. Estaban el secretario de Educación, Mario Delgado Carrillo; la de Bienestar, Leticia Ramírez Amaya; el de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes, Jesús Antonio Esteva Medina; la de Turismo, Josefina Rodríguez Zamora; la de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, Edna Elena Vega Rangel; el secretario técnico del Gabinete, Mariano Muñoz del Olmo, y la directora de Alimentación para el Bienestar, María Luisa Albores González. Cuando nombraron al gobernador Javier May, la ovación fue larga.
Pero la escena estaba abajo. La primera fila, reservada durante décadas para el gabinete estatal, los alcaldes y los diputados, la ocuparon adultos mayores y personas con discapacidad. Los funcionarios quedaron cinco o seis filas atrás. En la liturgia del viejo mitin priista, la cercanía al templete medía el poder. Esta vez el protocolo se invirtió, y los que antes se sentaban adelante tuvieron que buscar su lugar más atrás.
Faltaban diez minutos para las 11 cuando llegó la presidenta, en una camioneta junto al gobernador. Al entrar bajó los cristales y saludó desde la ventanilla. Un hombre con megáfono tomó la conducción de la grada:
—¡Te queremos, Claudia, te queremos!
La multitud se sumó.
—¡Viva Claudia Sheinbaum!
—¡Vivaaaa!
Alrededor de la camioneta brotaron parasoles y cartulinas escritas a mano.
Diez, dos veces
Antes que ella habló el anfitrión. Javier May nombró uno a uno a los integrantes del gabinete, con la familiaridad de quien los trata a diario —«a Leti, gracias Leti»—, y luego fue a la frase que ordenaba el acto:
—Presidenta, la recibe un pueblo que reconoce su gran labor.
Habló de Tabasco como cuna del movimiento, tierra donde «se defendieron causas que han logrado convertirse en derechos», y amarró la continuidad con el nombre que aquí no necesita presentación:
—Nuestro cariño es honesto, porque sabemos que su liderazgo representa la continuidad del camino que abrió nuestro paisano, el licenciado Andrés Manuel López Obrador, hijo de esta tierra.
Mencionó los hospitales de Cárdenas y Teapa, las Viviendas para el Bienestar y la ampliación de la carretera Macuspana-Escárcega. El aplauso más tabasqueño llegó con el cacao: «Somos tierra de cacao y de chocolate, y queremos que esa riqueza se traduzca en bienestar para quienes la producen». En seguridad eligió la sobriedad: «Aún queda mucho por hacer, pero sabemos que estamos avanzando».
Al terminar, el estadio respondió con algo que no estaba en el guion:
—¡Gobernador! ¡Gobernador! ¡Gobernador!
Luego la grada llamó a la presidenta antes que el micrófono. Sheinbaum preguntó cómo estaban, no le bastó la respuesta y volvió a preguntar. Lo primero fue para el anfitrión. Repitió el diez de la mañanera, esta vez en serio y con razones:
—Siempre hay problemas, todo no se puede resolver en un día. Lo importante de los gobernantes es la honestidad, la cercanía, estar siempre cerca del pueblo, no abandonarlo nunca. Y Javier está cumpliendo con los compromisos con el pueblo de Tabasco.
Lo que en la mañanera fue broma, en el estadio fue declaración. Y entre una y otra, la grada había puesto su propia calificación.
Afuera también se escucha
Para entonces, las gradas laterales se habían vaciado. No tienen techo, y apenas empezaba el mensaje cuando el sol de las 11, sumado a la humedad, empujó a esa zona fuera del estadio, hacia la sombra que rodea el velódromo. Desde ahí la gente siguió el discurso por las bocinas y en YouTube, en la pantalla del celular. A las 11:55, entre ambos lados, quedaban cerca de 700 valientes aguantando el sol a plomo.

—A ver, hasta allá atrás, a ver si me están escuchando —pidió la presidenta.
La respuesta, en buena parte, llegaba desde afuera. Nadie se fue del evento. Se fueron a la sombra, que en Tabasco es otra forma de quedarse.
Tabasco era la visita número 28 de la gira. Sheinbaum recitó de corrido los 27 estados anteriores y luego pidió memoria: «Los pueblos que no tienen memoria no tienen brújula». El informe se volvió clase. Habló de Hidalgo, el cura de pueblo que empezó con doce y en unos días sumó miles; de Morelos y su Constitución, que pedía moderar la opulencia y la indigencia, y de Vicente Guerrero respondiéndole a su padre que le rogaba entregarse al virrey: «La patria es primero». Siguió con Juárez, con Porfirio Díaz y con la Revolución. Fueron tres transformaciones violentas, y una cuarta que, dijo, «es pacífica y siempre será pacífica». En medio soltó la frase para la casa:
—Tabasco es centro, eje de la transformación.
Después vino la letanía. Treinta y seis años de modelo neoliberal, seis presidentes, y ella los fue nombrando despacio, uno por uno, como quien reza un rosario al revés. Miguel de la Madrid: ¡fuera! Salinas de Gortari: ¡fuera! Zedillo, Fox, Calderón, Peña Nieto: ¡fuera!, ¡fuera!, ¡fuera!, ¡fuera! La oficiante enunciaba; la feligresía respondía.
No era relleno. Es el relato con el que el movimiento se prepara para 2027: la historia patria como una sola línea que corre de Hidalgo a la cuarta transformación, con los de antes del otro lado.
Las cuentas
Luego vinieron las cifras, «porque estamos rindiendo cuentas». En Tabasco, 234 mil 310 adultos mayores reciben pensión y 45 mil 366 personas con discapacidad tienen la suya. Hay 21 mil 714 jóvenes en Jóvenes Construyendo el Futuro, 55 mil 929 productores en Sembrando Vida, 93 mil 722 niñas y niños que reciben leche del Bienestar y 15 mil 674 pescadores con Bienpesca.
En total, 20 mil 610 millones de pesos al año, más de 8 mil pesos por habitante. Es dinero que sostiene a miles de hogares, y también es el mayor capital político rumbo a la próxima elección. Las dos cosas son ciertas al mismo tiempo. Sheinbaum lo llamó «el amor convertido en política».
El momento de mayor complicidad llegó con la Pensión Mujeres Bienestar. Preguntó quiénes cuidaban a los niños, quiénes estaban pendientes de la casa, quiénes cuidaban a los maridos, y las risas le dieron la razón. Después rompió el tabú que les enseñan a las mujeres desde niñas:
—Yo orgullosamente tengo 64 años. Soy mamá y soy abuela.
Y remató con la respuesta que le dio a un cómico que la llamó «ama de casa»:
—A mucha honra. Soy ama de casa, soy mamá, soy abuela, y por voluntad del pueblo de México, comandanta suprema de las Fuerzas Armadas.
Lo que trajo
Lo nuevo llegó al final. El Libramiento Sur de Villahermosa hacia Cárdenas, con puente y ampliación de carretera, arrancará el próximo año. La presidenta aclaró de quién fue la petición: «Nos lo pidió Javier, el gobernador». Este mismo año se construirán 463 consultorios de La Clínica es Nuestra en todos los municipios, con farmacia y atención gratuita, para empezar a funcionar en 2027.
A eso sumó 13 preparatorias nuevas, un campus de la Universidad Rosario Castellanos en Jonuta, el Hospital de Cárdenas, con 93 camas y a punto de inaugurarse tras años de abandono, un hospital del IMSS de 260 camas en Villahermosa, nuevos hospitales en Macuspana y Teapa, y cerca de 10 mil productores de cacao con precio justo gracias a Chocolate Bienestar. En infraestructura, unos 30 mil millones de pesos para Tabasco.
Son anuncios, no obras. El libramiento todavía no tiene monto ni fecha de entrega, y los consultorios tendrán que demostrar que, además de paredes, tienen médico y medicina todos los días. Ahí habrá que ponerles el ojo.
Cerró como había abierto May, con el paisano:
—Todo lo que requiera Tabasco, aquí vamos a estar, para estar siempre cerca de la tierra de un hombre que pasó a la historia como el mejor presidente de México.

Contracorriente
Sonó el himno nacional y, apenas terminó, empezó la huida. El río cambió de corriente: ahora avanzaba a paso rápido hacia afuera, lejos del sol. En la orilla, esperando que la dejaran pasar, estaba Lesbia Sánchez Pérez, de 61 años, en su silla de ruedas, con familia y amigas de la ranchería Abasolo, en Teapa. ¿Qué hacía ahí?
—Vengo a apoyar a la presidenta porque ella me apoya.


Ya dentro de la corriente caminaba Roberto, de Torno Largo, Jonuta, con una botella de tres litros de refresco de naranja. Le falta un ojo. Iba agradecido por su pensión de discapacidad, una de las 45 mil 366 que la presidenta había enumerado minutos antes. La cifra del discurso tenía nombre y caminaba de regreso a su camión.
Afuera, el caos. Dos grúas de la Policía Estatal de Caminos, atravesadas en el crucero del velódromo y Heroico Colegio Militar, desviaban el tráfico mientras el río se desbordaba buscando su transporte. Una señora le pidió al chofer que le mandara su ubicación y se dejó guiar por Google Maps.
—Dice que giremos a la derecha… ¿Cuál derecha? Si solo se ve gente.


Durante horas, Atasta, la Primero de Mayo y el Periférico quedaron colapsados. Si alguien necesitaba una prueba de por qué Villahermosa necesita un libramiento, la tuvo esa tarde, a vuelta de rueda.
Atrás se oían las últimas porras. La presidenta se iba literalmente volando: un helicóptero de la Marina la llevó al aeropuerto, donde la esperaba el avión a Acapulco.
Antes de irse recibió dos regalos: una canasta de productos hechos por emprendedores tabasqueños y un telar tejido por artesanas de Jonuta. May lo contó después en sus redes, con una despedida de cinco palabras: «Amor con amor se paga». En el estadio, ella había llamado a los programas sociales «el amor convertido en política». Entre las dos frases quedó dicho el trato: una parte da y la otra corresponde.
De Jonuta, a orillas del Usumacinta, había bajado también parte de la corriente que la escuchó desde la sombra. Ahora la presidenta se llevaba de ese mismo municipio un telar hecho a mano. Así se forma un río en Tabasco, y así se teje un telar: hilo por hilo, pueblo por pueblo.
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