En Tabasco, donde la narrativa pública siempre apuntó al exceso de agua, el verdadero golpe venía por otra vía: el campo tabasqueño también se seca. Y esa sequía silenciosa estaba desbaratando cosechas, empujando a pequeños productores a endeudarse y dejando comunidades al borde del colapso alimentario.
Con menos del 15% del campo tecnificado, según estimaciones oficiales y académicas, la producción dependía del temporal como si el calendario agrícola fuera una ruleta. Ese rezago explica por qué el anuncio del Sistema de Riego Suplementario no es un gesto administrativo, sino una corrección histórica.
El programa, implementado por la Secretaría de Desarrollo Agropecuario y Pesca (SEDAP) como cumplimiento del Compromiso 17 del gobernador Javier May, abarca 542 hectáreas en los corredores críticos: Plan Balancán–Tenosique y Plan Chontalpa.
No es volumen masivo, pero sí estratégico: arroz, frijol, maíz y cacao, cultivos base del consumo local, estaban en riesgo real de pérdida por estiaje.
LA SEQUÍA YA NO PERDONA
La temporada de estiaje dejó de ser un fenómeno ocasional para convertirse en una fase instalada del clima tabasqueño. Municipios como Balancán, Tenosique, Huimanguillo y Cárdenas reportaron años recientes con pérdidas superiores al 40% en maíz y frijol, según informes regionales.
Productores como Benjamín Izquierdo, de la colonia El Comendero, lo resumen sin adornos: “Los cultivos habían menguado por la falta de agua”.
Ahí es donde el riego suplementario adquiere sentido.
Los sistemas instalados —alimentados por paneles solares, bombas de presión y ductos renovados— permiten activar el riego en pleno estiaje sin depender de diésel ni de redes eléctricas inestables. Es, en términos prácticos, la diferencia entre perder la cosecha o mantenerla viva.


147 PRODUCTORES Y UN IMPACTO SILENCIOSO
El programa beneficia a 147 productores, cifra pequeña en papel pero crucial en contexto: detrás de cada productor rural hay familias, jornaleros, acopiadores, transportistas y economías locales que dependen de ese ingreso. Si el maíz o el arroz se pierde, suben los precios y caen las economías comunitarias.
En Huimanguillo, el sistema instalado en la parcela de José Manuel Arias Mondragón ya está en condiciones de operar. El encargado estatal de riego, Rigoberto Ovilla, lo explicó durante el recorrido: “El sistema está listo para contrarrestar el estiaje. Estamos evitando pérdidas totales.”
TECNOLOGÍA CONTRA EL DESASTRE
El cierre político del anuncio tiene dos capas.
La primera: la tecnificación es una apuesta moderna, no una obra tradicional. El uso de energía solar reduce costos operativos y permite que el riego funcione incluso cuando la red eléctrica rural falla.
La segunda: el gobierno está corrigiendo un rezago que llevaba décadas acumulándose. May lo ha dicho en varias giras: “Las cosas salen cuando se orienta el presupuesto a donde hace falta.”
El programa está a días de concluir su implementación total, con acompañamiento técnico y supervisión directa de la titular de SEDAP, Luisa del Carmen Cámara Cabrales. La lectura fina es evidente:
Si esto se escala a miles de hectáreas, Tabasco entrará a una nueva etapa agrícola.
Si queda en 542, será un avance útil pero limitado.


EL CAMPO TABASQUEÑO, EN PUNTO DE QUIEBRE
La tecnificación llega en un momento decisivo.
Tabasco depende del temporal para gran parte de su producción básica. Y la sequía —cada vez más larga— amenaza con disparar los precios locales de maíz, frijol y arroz.
Más que un programa, este movimiento es un parteaguas técnico y político. Por primera vez en años, el estado no solo responde a una crisis: se anticipa a ella. En el campo, donde las decisiones se miden en ciclos y no en discursos, eso pesa.



